El imponente edificio que corona la Avenida de Mayo no es sólo el epicentro de la actividad legislativa argentina; es, ante todo, un rompecabezas de historia europea y voluntad nacional. Al trasponer las puertas del Congreso Nacional, el visitante se encuentra en lo que los guías llaman "la frontera": ese punto exacto donde el Senado y la Cámara de Diputados se dividen, marcando el inicio de un recorrido por cuatro pisos de oficinas, pasillos cargados de olor a madera restaurada y salones que guardan más que leyes. La historia del edificio actual, el tercero que ha tenido la Nación desde la Independencia, está marcada por la tragedia. El diseño pertenece al italiano Víctor Meano, discípulo de Tamburini (creador del Teatro Colón), quien ganó la licitación a fines del siglo XIX. Sin embargo, Meano nunca vio su obra terminada. En 1904, al regresar a su casa de la calle Rodríguez Peña, encontró a su mujer con el mayordomo en una situación comprometedora; la sorpresa terminó con un disparo en el pecho del arquitecto.

Cuando la Argentina fabricaba armas civiles

“Nos quedamos sin arquitecto”, explica la guía Mailén durante el recorrido. Por ese motivo, aunque el Palacio se inauguró en 1906 bajo la presidencia de Figueroa Alcorta para que el Congreso pudiera sesionar, su construcción definitiva recién concluyó en 1947. Esta demora se debió, en gran parte, a que los materiales provenían de una Europa convulsionada por las guerras mundiales: mármoles de Alicante, vitrales alemanes y pisos calcáreos de la misma empresa que vistió al Titanic. “No se van a hundir”, bromea Mailén ante la mirada atenta de los visitantes, “a lo sumo nos ataja el subte”. El otro tema fue porque no había planos terminados de la edificación.
El Salón de los Pasos Perdidos y la rosca política
Uno de los puntos más emblemáticos de la visita es el Salón de los Pasos Perdidos, famoso por ser el epicentro de la prensa durante las sesiones y el lugar donde se velan a las personalidades ilustres. Entre los banners de los canales de noticias y la "rosca" política, cuelgan dos cuadros monumentales de Antonio Alice y Juan Manuel Blanes que narran la génesis argentina. Curiosamente, el cuadro de Blanes que retrata la apertura de sesiones de 1886 muestra al presidente Julio Argentino Roca con una venda en la cabeza. “Le pegaron con un adoquín al cruzar la calle”, relata la guía. El detalle no es menor: Blanes, fiel a su estilo de "aparecer" en sus obras -al mejor estilo Velázquez-, se autorretrató en el balcón del cuadro, sosteniendo un sombrero en la mano.


La ruta de las 10 milanesas más originales
Al ingresar al recinto de la Cámara de Diputados -la que representa al pueblo, a diferencia del Senado que representa a las provincias-, el peso de los 120 años del edificio se hace sentir. Las bancas originales de madera son intocables debido a las leyes de patrimonio, lo que genera un desafío logístico: la representatividad ha crecido de 160.000 a 180.000 habitantes por diputado para evitar tener que sumar asientos que el espacio físico no permite. En el centro del recinto, una mesa con forma de riñón espera las interpelaciones al Jefe de Gabinete, mientras que, debajo del estrado presidencial, los taquígrafos siguen cumpliendo una función vital. “Un video se puede editar, pero la taquigrafía es ilegal editarla; es el registro más fiel de lo que se dice aquí”, explica Mailen. A través del sistema de votación electrónica (donde el rojo es no, el verde es sí y el amarillo abstención), se decide el destino de las leyes bajo la atenta mirada de las galerías públicas y la prensa, ubicada estratégicamente en una cuarta galería invisible desde el llano.
Símbolos de soberanía
Antes de concluir, el tour se detiene frente a una bandera argentina muy particular: una de las siete que flamearon en las Islas Malvinas durante la Operación Cóndor de 1966. Llama la atención que no tiene el sol central. La explicación es protocolar y profunda: “Si llevamos el sol, estamos declarando la guerra. Sin el sol, expresamos que hay un conflicto pero que queremos resolverlo de manera pacífica”. La visita termina con una invitación a la participación ciudadana. Más allá de la arquitectura "parisina" y los lujos europeos, el Congreso busca abrirse a la comunidad no sólo con tours, sino con conciertos gratuitos de su propia orquesta los últimos lunes de cada mes. Porque, como bien señala la guía antes de despedirse: “Modificar la realidad es una responsabilidad de todos nosotros a través de la iniciativa popular”.

Las visitas guiadas son gratuitas, están abiertas al público en general y a los turistas. Se recorren ambas cámaras, los salones como el de las mujeres, con sillones rosa que se llama Eva Perón y contiene los sudarios del cadáver de la ex primera dama. Se hacen de lunes a viernes, y requieren reserva previa obligatoria a través de la página oficial. Se ingresa por Av. Rivadavia 1864 con DNI, y los horarios son 11, 13, 15 y 17. Vale la pena.
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