Para quienes buscan disfrutar de la capital carioca lejos del histórico bullicio de Copacabana, la zona de Barra da Tijuca se ha consolidado como un destino moderno, con playas más extensas y una infraestructura hotelera de primer nivel. En este entorno, el hotel Windsor Barra aparece como una opción integral que logra equilibrar la sofisticación de un cinco estrellas con las tradiciones más vibrantes de Brasil.

Uno de los puntos más altos de la experiencia en este alojamiento compuesto por tres torres y un centro de convenciones se vive durante el calendario de Carnaval. El establecimiento es sede de la reconocida "Feijoada Carnavalera", una propuesta que cada sábado de festejos convoca a cientos de personas. Allí, el comensal puede degustar los sabores más típicos del país mientras disfruta de espectáculos de primer nivel, como el que brindó recientemente el artista Diogo Nogueira. Es una oportunidad para vivir el espíritu de los blocos con la comodidad y los servicios de un hotel de alta gama.

Con solo cuatro años en su configuración actual, y 40 del edificio inicial, el complejo se destaca por la amplitud de sus espacios, especialmente diseñados para albergar grandes flujos de visitantes sin perder la calidad en la atención. En cuanto a la gastronomía diaria, la red cuenta con un chef corporativo y equipos especializados en cada restaurante, quienes priorizan la compra a proveedores locales. Esta política asegura que los productos que llegan a la mesa sean frescos y de temporada, fomentando al mismo tiempo la economía de la zona.

Compromiso social y sustentabilidad
Un detalle que suele sorprender gratamente a los huéspedes es el trasfondo solidario del hotel. El Windsor Barra está próximo a recibir una certificación ambiental gracias a sus prácticas de sustentabilidad y economía circular. Por ejemplo, los blancos (sábanas y toallas) que cumplen su ciclo en las habitaciones son donados a diversas entidades sociales y escuelas que trabajan con niños. Además, llevan adelante un curioso y efectivo sistema para los objetos olvidados: aquellos elementos que no son reclamados por sus dueños luego de seis meses, forman parte de un bazar interno para los empleados. El dinero recaudado se destina íntegramente a instituciones benéficas de larga trayectoria, transformando un descuido en un beneficio concreto para la comunidad.

Los cuartos de la torre más antigua, la que está frente a la playa, son muy amplios, con grandes placares y baño, dos escritorios, uno junto a la venta y el otro a continuación del frigobar. Mullidas batas, pantuflas y hasta tabla de planchar. Suficiente para dormir con sus seis almohadas de diferente densidad y prepararse para la jornada. El sitio del desayuno, como buen hotel brasileño, es enorme y está lleno de argentinos. Allí hay variedad de cosas dulces y saladas para comer, que rotaron cada día, incluso con una estación de platos preparados en el momento como omelette.

En líneas generales es todo muy amplio, cómodo, con muchos sillones en el lobby para esperar o para favorecer el encuentro entre los miembros de diferentes grupos. El centro de convenciones también lo es y tiene el plus de que un puente sobre la calle conecta los dos edificios más nuevos. Siempre vi mucha gente, lo que quiere decir que las tarifas que parten de 921 reales (unos $ 245.702 o U$S 175) la doble por noche con desayuno son aceptables. Por supuesto que en Booking o Trivago se consiguen mejores precios.

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