Miércoles 7 de diciembre de 2022
PESCA | 03-10-2017 09:06

Puerto Yeruá con carnada y artificiales

Puerto Yeruá, en Entre Ríos, es una buena alternativa para pescar lindos dorados y buscar algunos cachorros de surubí. Se puede probar con carnada natural y señuelos. Galería de imágenes.
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En otros momentos fue un lugar famoso por la pesca en cantidad de enormes surubíes. Pero también zona de grandes depredaciones, y por esta razón se prohibió su pesca en un sector en particular. Puerto Yeruá llama a los pescadores con una propuesta muy buena de dorados y variada en general, compartiendo lindos momentos acompañados por el cariño de un pueblo que se desvive por la atención del visitante. Puerto Yeruá es una localidad entrerriana ubicada a unos 450 km de la Ciudad de Buenos Aires y a tan solo 40 km de Concordia, otro pesquero de singulares prestaciones.

Yeruá es un municipio del distrito de Yuquerí, al noreste de la provincia de Entre Ríos. Se encuentra ubicado a orillas del río Uruguay y en su paso regala momentos de tranquilidad y vistas únicas de barrancas con mucho verde. Durante el recorrido de ingreso a Yeruá vamos a traspasar parte del pueblo, transitando anchas calles de tierra con su avenida principal de doble mano, donde vamos a encontrar la estatua del pescador que sostiene un surubí, cálido emblema de la localidad.

Veníamos charlando hace unos días con el guía Rafail Geier, un amigazo que nos invitó a esta pesca, muy conocedor del lugar, oriundo de Yeruá y con más ganas de pescar que de vivir, así se describe cada vez que lo consultamos. Nos venía contando que la pesca de dorados estaba muy divertida, y que dentro de la cantidad de portes menores solían picar algunos dorados que superaban los 6 kg. A estos datos había que agregarle la posibilidad de algunos cachorros de surubí y, en menor medida, algunas bogas de buen porte. Todas especies comunes para la época y el lugar.

Equipos utilizados

Junto a Lolo Goyeneche y Vito Miroglio tardamos segundos en ponernos de acuerdo para organizar la salida y muy pronto estábamos recorriendo los kilómetros de ruta para llegar al pesquero. La idea era probar con artificiales utilizando la modalidad baitcasting y/o spinning, y con carnada natural a la espera o a la deriva. Los equipos para pescar con artificiales fueron cañas de hasta 2,10 m de largo, tanto de bait como de spinning, con una potencia máxima de 17 libras (1 libra = 0,453592 kilo), reeles rotativos de bajo perfil con buen registro de freno cargados con hilo multifilamento de 40 lb y reeles frontales medianos con la misma carga. Agregando todo nuestro arsenal de señuelos y sumando en esta oportunidad la nueva colección de NG y Voraz, con algunas novedades que nos rindieron y sorprendieron gratamente. Otros elementos que debemos llevar siempre para este tipo de pesca: gorras con visera, anteojos polarizados, pinzas saca anzuelos y para cambiar anillas, anzuelos y multi de repuesto, finalizando con cable de acero y snaps (mosquetones) para armar leaders y evitar que algún dorado nos corte el sedal y se lleve nuestro señuelo, aparte de perder la pieza.

Llegamos muy temprano por la mañana y todo el ejército de guías de Puerto Yeruá Pesca nos esperaba para el desayuno. Allí pudimos charlar con Pitu, Emma, Martín y Juan Pablo Bocacha Godoy, todos excelentes guías que trabajan junto al Rafa Geier en este proyecto. Habiendo disfrutado de un exquisito desayuno nos fuimos todos juntos hacia el puerto para comenzar nuestra jornada. El día estaba un poco ventoso y fresco, así y todo le íbamos a poner lo mejor de nosotros para lograr las capturas que ilustrarían la nota. Los pesqueros están muy cerca del lugar donde embarcamos, por lo que aprontamos nuestros equipos rápidamente y elegimos los señuelos para comenzar las primeras bajadas. Mientras estábamos golpeando toda la costa uruguaya con señuelos de profundidad y media agua, uno de los guías nos decía vía teléfono que ya habían pescado uno de aproximadamente 6 kg. Tuvimos algunos piques de doradillos de hasta 3 kg y decidimos cambiar de lugar. Nos deplazamos hasta un islote de piedra que tenía unos choques de agua fabulosos para cruzarlos con nuestros señuelos. Largándonos aguas arriba comenzamos la bajada sin éxito, mientras otra de las lanchas tenía pique continuo con carnada natural. El guía modificó la pasada y pudimos lograr un par de capturas, aunque también hubo piques errados. Salimos para almorzar y volver con todo hacia la tarde. Asadazo en la costa, donde nos contamos lo sucedido, siempre agregando algunas mentiras, porque de otra manera no seríamos pescadores.

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Segunda jornada

Volvimos a los truckers y el río había crecido, mostrando otras siluetas en los pesqueros donde ya habíamos probado. Buscamos la pesca con señuelos de mayor profundidad, logrando exitosamente algunas otras capturas. Caía la tarde y el fresco se hacía sentir, por lo que decidimos volver ya que al

otro día tendríamos otra jornada completa de pesca. Bien temprano llegamos al embarcadero y el agua ya tapaba la bajada de lanchas, había cambiado muchísimo. Nos dirigimos hacia el islote de piedra, donde el día anterior habíamos bajado para pescar y tomar fotos, pero estaba completamente tapado de agua, mostrando varias y diferentes correderas que en la jornada previa no habíamos podido apreciar. Estuvo difícil durante un buen rato, y donde pensábamos que habría pique no pudimos concretar ninguno.

Nos cruzamos hacia costa de enfrente y la creciente había formado otros minipesqueros que invitaban a probar de distintas formas. Mis compañeros eligieron la carnada natural y no se equivocaron. Pasamos al garete por una punta de barranca y hubo piques simultáneos de buenos dorados. Fueron desanzuelados y rápidamente volvimos al lugar. Pero no fue igual: ya no logramos piques. Siguiendo la línea del garete llegamos a unos raigones con pedregales y nuevamente tuvimos ataques en señuelos de media agua. Pero con una particularidad: nuestros engaños debían golpear el pedregullo con la paleta, caso contrario no obteníamos piques. Todas las lanchas que trabajaban en el lugar tenían suertes diferentes, pero encontrando los piques en cada movimiento. Había que moverse y dar con lo indicado. De esta manera la jornada fue pasando y los piques se iban sumando. Llegada la tardecita dimos por finalizada la pesca muy conformes con lo que Puerto Yeruá tiene para ofrecer.

Nota completa publicada en revista Weekend 541, octubre 2017.

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Julio Pollero

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