Cuando hablamos del calibre .22 (5,60 mm), enseguida pensamos en un diámetro menor, de potencia limitada. Sin embargo, a veces nos olvidamos de que dentro de esta familia existe el hermano mayor, que nació como cartucho deportivo y fue denominado .22 Magnum.

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Al hacer un repaso de la historia, tenemos que remontarnos a los primeros cartuchos de ignición radial o anular (rimfire), desarrollados por Louis Flobert en 1845 y patentados luego en 1849, en Francia. Consistían en cartuchos con vaina metálica de cobre (sin pólvora), que utilizaban únicamente la mezcla iniciadora alojada en el interior de la vaina, en toda la circunferencia del culote. En esa época, esto constituyó un avance tecnológico significativo, ya que se integraban en una sola unidad la bala y la sustancia iniciadora (clorato de potasio o fulminato de mercurio) dentro de una vaina metálica.
Estos cartuchos fueron ideados principalmente para el tiro deportivo y recreativo, en ambientes interiores (salones privados, quermeses y ferias), por su bajo nivel de ruido, escasa potencia y alcance limitado, lo cual reducía notablemente los riesgos. También cabe destacar que se diseñaron cartuchos semimetálicos tipo Flobert para armas de ánima lisa de pequeño calibre (escopetas), compuestos por un culote metálico y un cuerpo de cartón duro, usados eventualmente para cazar pequeñas aves. Este sistema, relativamente hermético, ayudaba a proteger la sustancia iniciadora de la humedad y a asegurar una ignición con menos fallas.

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No olvidemos que, hasta entonces, las armas eran de avancarga: se cargaban por la boca con componentes separados, introduciendo primero la pólvora y luego la bala, ajustada con un trozo de tela engrasado denominado calepino. Para empujar y compactar la carga se utilizaba una baqueta, a fin de sellar los gases de explosión, conseguir una presión y velocidad adecuadas, y otorgar una precisión aceptable. Una vez realizado este paso, se acercaba fuego hacia un pequeño orificio situado en la recámara o hacia la cazoleta, encendiendo la pólvora negra, siempre y cuando la humedad no afectara la inflamación.
Volviendo a los cartuchos de ignición radial o anular, los tipo Flobert dieron origen al calibre .22 Short (o Corto), creado por Smith & Wesson en 1857 para su revólver N° 1. A diferencia del anterior, no solo tenía sustancia iniciadora en su interior, sino que contaba además con una pequeña cantidad de pólvora negra dentro de la vaina, lo que le otorgaba mayor potencia, velocidad inicial y alcance. Luego, en 1871, se creó el .22 Long y, en 1878, el Extra Long, con vainas más largas, pero aún de poca potencia (el primero) e ineficaz (el segundo). Por esos motivos se mejoraron y evolucionaron para, finalmente, dar lugar al popular y conocido .22 Long Rifle (o Largo Rifle), diseñado por la compañía Stevens Arms, en 1887.
En un principio, utilizaba una pólvora de transición combinada, denominada lessmok, intermedia entre la pólvora negra antigua y la hoy conocida como piroxilada o de base química; es decir, producía menos residuos y humo que su análoga primitiva, pero más que su par moderna de nitrocelulosa.
.22 Largo vs. .22 Magnum
Si bien ambos son de la familia .22, sus dimensiones y potencia son bastante diferentes. La vaina del .22 WMR (Winchester Magnum Rimfire) es mucho más larga y de mayor diámetro que la del .22 Long Rifle. También debemos considerar que la bala del .22 Magnum tiene diámetro uniforme y menor que el de la vaina, engarzándose dentro de ella; mientras que, en el caso del .22 Long Rifle, sólo parte de la bala (la base, de menor diámetro) engarza dentro de la vaina, y el resto superior posee medidas similares respecto de ésta.

Principalmente, el .22 Magnum, frente a su primo de menor potencia, posee un tipo de propulsor diferente y en mayor cantidad, lo cual le otorga mayores presiones de trabajo, velocidad inicial y potencia. Así surge la denominación Magnum, del latín “magnus”, que significa –literalmente y respecto de las armas– algo grande, de gran tamaño, que sobresale de lo común o es especial.
El calibre .22 WMR nace en 1959 de la mano de Winchester, con la finalidad principal de mejorar las prestaciones del popular .22 Long Rifle y optimizarlo para la caza de animales pequeños o de mediano tamaño. La velocidad del proyectil puede variar desde los 420 a los 680 m/s, dependiendo de si es utilizado en armas cortas o largas, respectivamente, y del peso de la bala. Esta velocidad en boca contribuye a una trayectoria más tensa y plana, sumada a una transferencia de energía cinética muy superior respecto del .22 Long Rifle al momento del impacto.
Aunque este calibre fue ideado inicialmente para la caza, comenzó también a utilizarse, de manera aislada, como calibre para defensa personal, popularizándose a partir de la producción –en 1987– de la primera pistola semiautomática comercial diseñada por la marca AMT (Arcadia Machine Tools), ubicada en Irwindale, California (EE. UU.), denominada Automag II. Estaba construida totalmente en acero inoxidable y funcionaba por acción directa de los gases sobre la corredera (cañón fijo y cierre móvil).

Este sistema, combinado con un cartucho de fuego anular de gran potencia, llevó a los ingenieros a adaptar una recámara con múltiples orificios para mejorar y facilitar la extracción de la vaina en ciclos continuos, aliviando así la presión de los gases de explosión. Algo similar sucede en las pistolas ametralladoras HK MP5, donde las recámaras poseen bajorrelieves longitudinales.
La Automag II se fabricó con cañón de 6 pulgadas (y otras medidas menores) y alza regulable, lo que la hizo extremadamente precisa hasta los 30 m. Luego de varios años de fabricación por AMT, el diseño y la producción posterior fueron adquiridos por High Standard, hasta su término en 2018.
A pesar de que el .22 WMR no llegó a ser muy popular para el uso en armas cortas, la firma estadounidense Kel-Tec le dio vida a una nueva pistola de gran capacidad de carga (30 cartuchos) en este calibre, denominada PMR-30, con armazón de polímero reforzado con fibra de vidrio.
A pesar del tiempo transcurrido, la AMT Automag II representa el ícono de una época dorada en la producción de nuevas pistolas y calibres durante la década de 1980, cuando el diseño, la calidad de materiales y la terminación eran una prioridad y no una excepción relegada.
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