Río Pinto: un desafío muy grande

Corrimos uno de los circuitos más importantes del país, al que asistieron 4.865 bikers locales y de naciones limítrofes. Exigencia y adrenalina al límite. Nota con video.

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La zona de Cuchi Corral, a 10 km de la largada. FOTO: Rodrigo G. Cobas y A. R. [ Ver fotogalería ]

En mayo de 2010 cubrí el primer Desafío del Río Pinto en Córdoba para revista Weekend y quedé sorprendido por la cantidad de bikers, el ambiente y la camaradería en plena carrera. Por dentro me dije: “El día que corra mi primera competencia, será esta”.

Pasaron los años y las notas, en 2015 se cumplía otro aniversario y yo seguía dudando. Mi señora –una vez más – me dio el empujón: “Si venís entrenado y esta edición es especial, ¿por qué no la corrés?”. Con el ok de Weekend me enfoqué en el entrenamiento… Mi fuerte es la resistencia y un ritmo parejo, pero no la velocidad, así que me propuse girar mas rápido en sendas y caminos rurales. El otro faltante, las trepadas, que los del llano no tenemos. Traté de compensar con spinning, pero también trepando puentes ida y vuelta infinidad de veces… ¡Es lo que hay! Me acompañaría Rodrigo García Cobas, con la experiencia de cinco Pintos, quien me adelantó muchos tips para la competencia.

Ya el día anterior en la Expo, en La Cumbre, Córdoba, se respiraba la expectativa en el aire. El domingo 3 amaneció con 5°C y pedaleamos con Rodrigo hasta La Cumbre, donde encontramos 4.865 bicis rodando por todos lados. Por la diferencia de edad, él largo antes; yo tenía que esperar hasta las 9. El frío se hacia sentir, pero temblaba más por la ansiedad. Para matizar, charlaba con bikers de todo el país que estaban en la misma que yo. Por los parlantes comenzó la cuenta regresiva, empezaron a sonar las sirenas y con el corazón a 105 pulsaciones largamos, ¡gritando como enajenados!

La competencia 
En los primeros 2 km de asfalto traté de mantenerme en los bordes de la manada, ya que en mi categoría éramos 430. Bajamos al ripio despacio, pues todavía se daba una fila de bicis compacta. Casi en fila india, a los 7 km nos empezamos a disgregar y pude pedalear más tranquilo, ya que no me encuentro cómodo encerrado en los pelotones. El camino de ripio era ancho, con leves subidas y bajadas, por lo que fui a un ritmo parejo.

Cabe aclarar que conocía el recorrido. Lo hice en dos ocasiones para Weekend con las motos de prensa: una gran ventaja, porque recordaba las partes difíciles y también cómo economizar energía. Pude hacerme un lugar libre de ciclistas cuando comenzó la bajada y trazaba la trayectoria perfecta a unos 40 km/h.

La parte más complicada es la bajada de las Las Lajas, un empedrado con marcada inclinación que hay que tomar con respeto… y mucho. Los carteles indicaban “precaución”, pero nada más al encararla ya había una bici estrellada y los paramédicos corriendo. Desbloqueé la doble suspensión, tiré el cuerpo para atrás casi sacando
la cola del sillín, maté la bici casi a cero y me tiré, siempre acariciando la maneta del freno trasero.

Nota publicada en la edición 513 de Weekend, junio de 2015. Si querés adquirir el ejemplar, pedíselo a tu canillita o llamá al Tel.: (011) 5985-4224. Para suscribirte a la revista y recibirla sin cargo en tu domicilio, clickeá aquí.

02 de junio de 2015

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