jueves 9 de abril de 2020
02-12-2015 05:26 | TURISMO

Bariloche: fuera de circuito

Recorrimos opciones distintas a las clásicas visitas de la renombrada ciudad rionegrina. Ver galería de imágenes

Emilio observa por la ventana. Al otro lado las cumbres despliegan todavía el brillo de sus puntas blancas, donde la bruma helada coquetea con el cielo diáfano como una advertencia. Es principios de noviembre, pero la nieve tapona aún el último de los 10 kilómetros que desde el cerro Catedral se requiere para llegar aquí a pie. Ese marco casi fílmico de picos y glaciares, de laderas y bosque interior, le otorga un misterio silencioso y cautivante al valle donde está su refugio. Hace años Emilio vive aquí, escala, pesca y caza, y ha hecho de esta naturaleza su hogar. Pese a su aspecto distante, a su barba montaraz, ha aprendido a ser el principal anfitrión de los caminantes que llegan

al Frey los 365 días del año.

“¿Atún?”, pregunta Santiago Romera. “Sí, recién abrí una lata”, contesto. “Con razón este Emilio resiste nevadas, grupos revoltosos, noches de temporal… pero claudica si huele el atún”, dice acerca del gato el refugiero y pistero socorrista de San Martín de los Andes. El también, como Emilio, ha hecho de estas piedras y maderas levantadas en plena montaña, su otra casa. “¿Me creés si te digo que no conoce a las gatas?”, cuenta. El gato nos mira, toma los últimos lomitos del pescado y se va a estirar el espinazo al poste que da a la aguja Frey, donde practican Ian y Fede, los otros refugieros. “Nunca conoció una gata…”, pienso. Duro precio el del paraíso.

A contramano

El Frey es genial. Pese a estar ubicado a 1.700 msnm, cuenta con todo lo necesario para recibir visitantes, y una tarifa de $ 430 para quien desee pernoctar, con cena y desayuno incluido. Hay comidas varias y bebidas, agüita para el mate siempre lista y asesoramiento de los refugieros para desandar los alrededores, porque llegar es un lindo desafío, pero quedarse y recorrer, lo es aún más. Hay que ir con guía si se va a andar mucho, aunque el entorno cercano es maravilloso. En el refugio hay libros y revistas con marcas para caminar hasta miradores y torres rocosas, o llegar a la inmediata laguna Toncek, un remanso de aguas verdes. Ahí nomás, como si fuera poco, también esta la desafiante aguja Frey, la razón de ser de los escaladores. Sus paredes marrones y su aspecto delgado intimidan. Desde el refugio se puede volver por el Catedral, o animarse a la Picada Eslovena, un descenso de 14 kilómetros hasta Villa Los Cohiues, junto al lago Gutiérrez. Una opción a contramano que permite vivir el cambio de topografías de manera brutal, desde las cumbres nevadas a otro bosque de árboles inmensos, y de caudalosos arroyos a la estepa cercana al lago. Siempre en silencio, traqueteando por escalones de tierra, piedra y raíces por momentos abruptos.

Ya cerca del lago aparece la playa Muñoz, luego la cascada Los Duendes y hacia el final un autocamping. Todo bajo la magia de las retamas, el paso previo al maravilloso colectivo 50 que regresa a la ciudad. Suficiente caminata por hoy.

Nota publicada en la edición 518 de Weekend, noviembre de 2015. Si querés adquirir el ejemplar, pedíselo a tu canillita o llamá al Tel.: (011) 5985-4224. Para suscribirte a la revista y recibirla sin cargo en tu domicilio, clickeá aquí.

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Pablo Donadío

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