Lo que ocurrió el pasado domingo en laguna de Gómez, en el partido de Junín, encendió nuevamente las alarmas entre pescadores deportivos, guías y vecinos que siguen de cerca la recuperación de uno de los espejos de agua más emblemáticos de la provincia de Buenos Aires. Según relataron testigos que recorrieron el espejo durante la jornada, se observó una verdadera depredación de pejerreyes, protagonizada por numerosos pescadores que utilizaron distintos elementos para extraer grandes cantidades de ejemplares, muchos de ellos por debajo de la medida mínima reglamentaria.

La situación generó una profunda preocupación debido a que, durante toda la jornada, no se registraron controles por parte de organismos encargados de fiscalizar la actividad. De acuerdo con los testimonios recogidos, no hubo presencia policial, patrulla rural ni inspectores municipales que pudieran intervenir ante las irregularidades observadas.
Rubén Bracco, conocedor de la realidad de la laguna, señaló que este tipo de episodios no son excepcionales. Por el contrario, aseguró que suelen repetirse durante los fines de semana con mayor intensidad y que incluso en días hábiles se registran prácticas similares por parte de personas de la zona.

La preocupación es aún mayor si se tiene en cuenta que Gómez atravesó varios años con escasa actividad pesquera y recién en las últimas temporadas comenzó a mostrar signos concretos de recuperación. Las buenas capturas de pejerreyes de medida permitieron el regreso de pescadores deportivos y también la reactivación laboral de numerosos guías que hoy trabajan tanto en el mencionado ámbito como en la cercana laguna Mar Chiquita. Sin embargo, quienes frecuentan estos ambientes advierten que el futuro del recurso depende directamente del cumplimiento de las normas vigentes. La reglamentación establece una medida mínima de 25 cm para el pejerrey y un cupo determinado por pescador, herramientas fundamentales para garantizar la sustentabilidad del recurso.

Los especialistas coinciden en que, con los actuales niveles de agua y el buen estado biológico de la laguna, existe potencial para sostener una excelente temporada de pesca durante gran parte del año. Pero también advierten que, si continúan las prácticas depredatorias y la falta de controles, el escenario podría cambiar rápidamente. La sensación predominante entre los pescadores deportivos es de impotencia. Muchos consideran que resulta inadmisible que, después de años de espera para recuperar la calidad pesquera del ambiente, no existan acciones concretas para protegerlo. Entre ese escenario de depredación, vale mencionar un ejemplo. Según contaban lugareños, se ha visto personas que vendían el balde de pejerreyes con 60 ejemplares que no llegaban a los 20 cm a $ 20,000. Esto lleva, sin duda, a la necesidad de que autoridades provinciales y municipales refuercen los operativos de fiscalización y presencia en el lugar, especialmente durante los fines de semana, cuando se concentra la mayor cantidad de visitantes.
La esperanza es que la difusión de estos hechos sirva para generar conciencia y promover medidas urgentes que permitan preservar uno de los principales destinos de pesca deportiva del noroeste bonaerense. De lo contrario, temen que la laguna vuelva a perder el valioso recurso que tanto esfuerzo demandó recuperar.
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