Integrado por expertos del ICRANet (Italia); INAF (Italia); GIRG (Colombia) y del I. Physikalisches Institut zu Köln (Alemania), un equipo internacional de astrofísicos que fue liderado por tres investigadores del Instituto de Astrofísica de La Plata (IALP, CONICET-UNLP del Conicet, acaba de escribir una página dorada para la ciencia mundial al afirmar en el centro de la Vía Láctea no existe un agujero negro supermasivo, sino una concentración extremadamente densa y compacta de materia oscura
El objeto central del estudio recientemente publicado en la prestigiosa revista Monthly Notices of the Royal Astronomical Society fue el agujero negro supermasivo denominado técnicamente como Sagittarius A*, una estructura colosal del espacio-tiempo que se encuentra ubicada a unos 26.000 años luz de nuestro Sistema Solar, más puntualmente en la región observable de la constelación que conocemos popularmente como Sagitario.
El hallazgo fue posible gracias al uso combinado de los telescopios más potentes del planeta y revolucionó por completo las teorías vigentes hasta el presente acerca de la evolución y del comportamiento de las galaxias, por lo que la comunidad científica mundial lo definió como un hito fundamental para la física del espacio.



Sagittarius A*: galaxia misteriosa
Según el estudio, las estimaciones físicas tradicionales le atribuyen a este cuerpo celeste una magnitud simplemente difícil de imaginar. Su masa total equivale a cuatro millones de veces el tamaño de nuestro propio Sol central, mientras que la tremenda concentración de materia configura una región del espacio de la cual nada puede escapar jamás.

“Nuestro modelo no solo explica las órbitas de las estrellas y la rotación de la galaxia, sino que también es consistente con la famosa imagen de la ‘sombra del agujero negro’. El denso núcleo de materia oscura puede imitar la sombra porque curva la luz creando una oscuridad central rodeada por un anillo brillante, de manera análoga a como lo haría un agujero negro central”, explicó Valentina Crespi, autora principal del trabajo.

“Esta es la primera vez que un modelo de materia oscura logra conectar estas escalas tan diferentes y las órbitas de varios objetos, incluyendo datos modernos de curvas de rotación y de estrellas centrales. No estamos simplemente reemplazando el agujero negro con un objeto oscuro. Estamos proponiendo que el objeto central supermasivo y el halo de materia oscura de la galaxia son dos manifestaciones de la misma sustancia continua”, agregó Carlos Argüelles, investigador del CONICET en el IALP y coautor argentino del estudio.
Por último, los científicos argentinos anunciaron que los datos recolectados les servirán para diseñar futuros experimentos de observación en longitudes de onda ocultas. De hecho, varios institutos del mundo entero ya solicitaron acceso a los modelos matemáticos desarrollados por el equipo argentino, por lo que todo indica que, en un futuro no muy lejano, el centro galáctico dejará de ser un enigma total para convertirse en un verdadero e importante laboratorio de pruebas.
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