Cómo funciona el ancla de recuperación off road. Una herramienta necesaria cuando no hay de donde sujetar el cable del malacate. Foto: Marcelo Ferro

Cómo funciona el ancla de recuperación off road. Una herramienta necesaria cuando no hay de donde sujetar el cable del malacate. Foto: Marcelo Ferro

Cómo funciona el ancla de recuperación off road. Una herramienta necesaria cuando no hay de donde sujetar el cable del malacate. Foto: Marcelo Ferro

Cómo funciona el ancla de recuperación off road. Una herramienta necesaria cuando no hay de donde sujetar el cable del malacate. Foto: Marcelo Ferro

TRAVESIAS 4X4

Ancla de recuperación off road: la herramienta silenciosa de rescate

Hay una escena que cualquier off-roader conoce –o va a conocer tarde o temprano–: el vehículo encajado, el malacate listo… y adelante, nada. Ni árbol, ni roca, ni otra camioneta. Ahí entran las anclas de recuperación: poco glamorosas pero muy efectivas.

Por Verónica Romaña

Mientras todo va bien, el malacate tiene algo de amuleto. Está ahí, montado al frente, prolijo, listo para sacar de cualquier lado. Hasta que llega el día en que hace falta usarlo en serio: arena blanda, barro con panza apoyada, un médano mal encarado... El vehículo queda clavado, se prepara la maniobra, se desenrolla cable… y aparece la pregunta que ordena la escena: ¿de dónde tiro? Porque el malacate no empuja milagros. Tira. Y para tirar, necesita un punto firme. Si no hay árbol, piedra grande o vehículo de apoyo, el problema ya no es la tracción: es el anclaje.

Incómoda pero salvadora

Ahí entra en juego una herramienta que no suele ocupar el centro de la conversación, pero que en el campo vale oro: el ancla de recuperación: un instrumento que permite crear un punto de tiro en el terreno cuando no existe un anclaje natural disponible. Puede ser un equipo específico (ancla de tierra comercial) o una solución de circunstancia bien ejecutada (como una rueda de auxilio enterrada en la arena, tipo deadman). Lo importante no es el nombre. Lo importante es la función: darle al malacate algo contra lo cual trabajar. No reemplaza planchas, pala, técnica ni bajar la presión de los neumáticos. Sí evita improvisaciones peligrosas cuando alrededor hay puro vacío.

Llevar un ancla a bordo no significa que se va a usar en cada salida. Significa algo más importante: que, si la situación se complica, no vamos a depender de que aparezca un punto de anclaje donde no lo hay. Es verdad: es aparatosa, pesada, molesta... Pero cuando hace falta se clava de verdad en tierra y arena porque el terreno le ofrece resistencia.

Cómo se coloca

Un ancla se clava en la tierra con el ángulo orientado hacia el sentido de tracción, se inicia una tensión progresiva con el malacate y, en lugar de salir disparada, el propio diseño del aparato hace que empiece a morder y enterrarse. La pala o reja corta el suelo, se acomoda y va generando oposición a medida que aumenta la carga. Por eso el primer tirón no debe ser violento: sirve para que el ancla se asiente y empiece a trabajar, guiada por la palanca que trae incorporada. Cuando se opera, debe hacerse con el capot levantado y sin personas en las cercanías (igual que cuando el malacate está en funcionamiento). También es conveniente utilizar una polea de reenvío para direccionar el cable y duplicar la fuerza del malacate.

En arena, el comportamiento exige más preparación porque el suelo es más blando y corre el riesgo de desplazarse con más facilidad. Si en lugar del ancla de metal se usa la técnica tipo deadman (por ejemplo con una rueda de auxilio), ahí ya hay que hacer una zanja, enterrar el elemento de anclaje en forma transversal al sentido de tiro, dejar una salida limpia para el cable y compactar el material para que el terreno trabaje como masa de resistencia. Si la línea sale mal, si queda ángulo raro o si la arena no acompaña, el sistema puede empezar a ceder.

La clave, en ambos casos, es la misma: el ancla no aguanta sola; aguanta el conjunto ancla + suelo + dirección de carga. Por eso la lectura del terreno es tan importante como el equipo. En una recuperación mal planteada, todo se resuelve con apuro: acelerar, tensar fuerte, volver a acelerar, probar de costado, tirar de donde más o menos parezca firme. Eso no es técnica. Es insistencia. 

Tareas previas a utilizar el ancla de recuperación

En una recuperación bien planteada el orden es otro. Primero se lee la encajada: si el vehículo está con la panza apoyada, si hay succión, si el terreno va a seguir cediendo.... Después hay que reducir la resistencia: cavar, despejar las ruedas, bajarles la presión, usar planchas de desatasco... Recién entonces se arma el sistema. En este contexto el ancla no es un accesorio: es una pieza en una maniobra y, como tal, funciona bien cuando se integra con criterio. No se trata de tirar más fuerte; se trata de tirar mejor.

Cuando no hay nada, el terreno pasa a ser parte del equipo. Ese es quizá el aprendizaje más interesante de las anclas: obligan a mirar el suelo de otra manera. En la arena, una rueda de auxilio enterrada puede convertirse en un punto de oposición muy efectivo si está bien colocada, con profundidad adecuada y una línea de tiro limpia. En el barro, un ancla comercial puede trabajar muy bien… o volverse impredecible si el terreno no ofrece suficiente sostén. En suelos pedregosos, la maniobra exige todavía más lectura para que los pedazos de roca no salgan volando. 

El error más común no es no tener ancla, es tenerla y no haber practicado. Y la primera vez no debería ser con la camioneta enterrada hasta los zócalos, a media luz y con cansancio acumulado. Como todo en off road, lo que parece simple se vuelve técnico cuando hay carga, ángulos y tensión real. Digamos que hay herramientas que se usan en casi toda salida: una pala, un compresor, una eslinga... El ancla no siempre entra
en esa categoría: puede viajar meses sin tocar el suelo y, sin embargo, conviene llevarla, porque su valor no está en la frecuencia de uso, sino en la calidad de la solución que aporta cuando el escenario se queda sin opciones. En términos de travesía, eso significa tiempo, seguridad y menos desgaste del equipo. En términos humanos: menos ansiedad y mejores decisiones.

La autora es directora de Mainumby4x4, organización de travesías off road. Web: Mainumby4x4.com Instagram: @mainumby4x4

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