A pocos kilómetros del bullicio urbano, la historia productiva de la provincia de Buenos Aires encuentra un cauce totalmente renovado. Lo que durante décadas fue un pujante complejo fabril ladrillero -con túneles de cocción continua y chimeneas encendidas las 24 horas- hoy mutó en un vibrante oasis enoturístico bautizado Nueva Corinema. Está ubicado en Altamira, en el partido de Mercedes y cerquita de la célebre Tomás Jofré.

La aventura familiar arrancó formalmente en 2023, impulsada por una pasión por el vino que Ariel Achilli lleva en la sangre. “Mi abuelo hacía vino desde que llegó de Italia para consumo propio; yo siempre lo miraba de chico y, aunque no me dejaba meterme a elaborarlo, lo mamé desde los ancestros”, relata el gestor del emprendimiento. Esa herencia personal se complementó con su trayectoria comercial como distribuidor de etiquetas de autor y bodegas boutique en la región desde 2011, sumado al empuje definitivo que significaron las charlas sobre proyectos vitivinícolas bonaerenses realizadas en Cañuelas.
Arqueología industrial: hornos de fuego y piedras de feldespato
Lejos de demoler el pasado fabril iniciado a mediados del siglo pasado, el proyecto debió integrarlo pues a ex fábrica de ladrillos y tejas Corinema fue declarada de interés patrimonial municipal y su valor cultural es incalculable. Al recorrer el predio se descubren los imponentes túneles donde se cocinaban ladrillos huecos y bovedillas (ladrillos sapo). “Esta estructura era propiamente el horno; el combustible inicial en las décadas del '40 y '50 fueron pellets de descarte de girasol y luego pasó a fueloil. Todo esto ardía hasta alcanzar los 900 °C”, detalla Ariel frente a las cañerías originales que aún conservan rastros del proceso. Hoy esos espacios fueron aprovechados de manera muy artística para colocar mesas y sillas para comer al reparo del ambiente fresco.


Ese pasado industrial, sin embargo, presentó un desafío agronómico mayúsculo al momento de planificar el viñedo de media hectárea: el terreno funcionaba como depósito de materia prima y estaba repleto de piedras de feldespato, un mineral utilizado en la industria cerámica que compactaba severamente el suelo. La solución requirió ingeniería artesanal: con la ayuda de un maquinista experto, se realizaron calicatas y cortes hilera por hilera a 1,20 m de profundidad con retroexcavadora para otorgarle permeabilidad y drenaje a las raíces, dejando intactas las calles intermedias. El resultado fue asombroso: gracias a la mineralogía del suelo y un riego por goteo dosificado, las plantas alcanzaron una vigorosidad extrema desde su plantación en septiembre de 2023.
Cepa insignia, microvinificaciones y cepas criollas
Para armar el viñedo, el equipo consultó al vivero Mercier y apostó por un portfolio experimental de 1.500 plantas pensado para evaluar qué variedades se adaptan mejor al terruño bonaerense: Los elegidos: “Descarté el Tannat por ser muy astringente y poco amigable para el consumidor general, y allí me recomendaron el Marselan, una cepa que no conocía hasta ese momento”, explica Ariel. Junto al Marselan, el viñedo sumó Sauvignon Blanc, Cabernet Franc, Pinot Grigio, Merlot y una hilera de Malbec.

En colaboración con el INTA Rama Caída en San Rafael, el proyecto incorporó recientemente estacas de cepas criollas generadas en los años '80 (como Patricia, Argentina, Cerna, Karina y Silcora), enriqueciendo la diversidad genética del predio. Las primeras cosechas se destinaron a microvinificaciones ultra limitadas de unas 800 botellas anuales que se elaboran en una pequeña bodega familiar en Mercedes y se reservan estrictamente para descorchar en las experiencias íntimas que se realizan en la sala de catas ubicada en un piso superior, con capacidad para 20 personas.
Un espacio multifacético: festivales, arte y gastronomía itinerante
Lejos de funcionar como un restaurante tradicional abierto de forma continuada, Nueva Corinema estructura su propuesta a través de un calendario dinámico cultural de eventos que convoca tanto a vecinos de Mercedes como a un público fiel proveniente de Capital Federal, Pilar, San Nicolás y la zona oeste. El predio ofrece experiencias duales y festivales temáticos (el Ruinas) al atardecer que combinan música en vivo -como recitales de arpa en medio del campo-, ferias de vinos con bodegas invitadas y muestras de arte en vivo donde escultores locales transforman chatarra y hierros de la antigua fábrica en obras emplazadas de manera permanente en el lugar.

La propuesta culinaria acompaña este espíritu itinerante con platos caseros y de autor pensados para compartir al aire libre. Entre las estrellas del menú se destacan la abundante cazuela de ternera a la crema con papines y romero, los sándwiches veggie con vegetales de producción local, las picadas regionales y las emblemáticas empanadas de bondiola a la cerveza negra.
Con un formato que prioriza la tranquilidad, el respeto por el entorno rural y la convivencia armoniosa con la comunidad, Nueva Corinema demuestra que la historia y el vino pueden fundarse sobre bases sólidas, transformando las ruinas del pasado en un polo de disfrute único en la provincia de Buenos Aires. La agenda indica que el 3 de octubre habrá una cata guiada de los vinos de Bodega Jorge Rubio y el 11 se hará una nueva edición de Fenice, la feria de vinos y fuegos con de 18 a 2, con una entrada cuyo valor es de $ 40.000. Fenice, la Feria de Vinos en Llamas con cuatro horas de degustación libre de la oferta de más de 20 bodegas y vinos de autor, más gastronomía de fuego, arte en vivo, coctelería y DJ set. Una experiencia que comienza al atardecer, entre viñedos, naturaleza y la arquitectura con historia de la antigua fábrica de ladrillos.
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