El Strobel es un gran lago de la meseta patagónica, en el centro de la provincia de Santa Cruz. Su nombre suele vincularse al jesuita Matías Strobel, misionero de la región a mediados del Siglo XVIII. Acá el clima marca el ritmo: seco, ventoso y muy frío. Y el paisaje también: costas altas y rocosas, playas de canto rodado y vegetación mínima. Conocido internacionalmente como Jurassic Lake, está a unos 130 km de Gobernador Gregores y a 300 de El Calafate.

Truchas en paraísos neuquinos

De aguas cristalinas, el lago se alimenta del río Barrancoso -nacido en la zona conocida como Meseta de la Muerte- y abarca unas 11.000 ha, a 900 msnm. En este ambiente, las arcoíris encuentran condiciones de alimentación y desarrollo excepcionales, y por eso el Strobel figura entre los grandes destinos del mundo para buscar ejemplares trofeo. En cuanto a servicios, la Estancia Laguna Verde funciona como base operativa a metros del espejo homónimo. Infraestructura, personal entrenado y logística afinada: todo pensado para que el pescador llegue, se equipe, descanse... y salga a pescar.
Los preparativos
Este relevamiento lo realizaron Gastón Cimmino y Hernán Pérez Stoisa, quienes volaron desde Aeroparque a El Calafate, donde los recibieron y llevaron a un hotel para pasar la noche. Al día siguiente los buscaron temprano y arrancaron el viaje al lodge: unas 7 h de ruta hasta quedar apostados en la estepa.

Al gran río nada mejor que un buen engaño

Ya instalados, llegó el momento clave: preparar la pesca del día siguiente. Gastón, con experiencia en distintos ámbitos, aprovechó para probar equipos, líneas, técnicas y moscas que ya le habían rendido en otros escenarios. Porque esto conviene decirlo sin romanticismo: la pesca empieza mucho antes de la primera clavada. Empieza en la planificación. Por eso, todos nos reunimos días antes para definir cada detalle: equipos, moscas, accesorios y abrigo. En un lugar así, donde el viento no pregunta y la geografía no perdona, cualquier omisión se paga cara. Una vez en el pesquero, la única preocupación debería ser simple: pescar y disfrutar. Y vivir para contarlo en primera persona, como Gastón hará a continuación.
Lagunas cercanas al lodge
Con los guías coordinamos la primera salida de media tarde a pocos metros del lodge. Ahí empezamos a entender el tono del viaje: arcoíris grandes, combativas, con un promedio de 3 kg y varias que rozaron los 4,5 kg. Volvimos con el cuerpo pasado de horas de viaje y el entusiasmo intacto. Cena caliente, comentarios de pesca, ducha y descanso: la fórmula perfecta para arrancar en serio al día siguiente y recorrer distintos sectores del río Barrancoso, donde apareció lo que uno viene a buscar al Strobel: truchas de entre 5 y 9 kg tomando con voracidad. Muchas veces, además, a pez visto, con esa claridad que deja todo expuesto: el acercamiento, la deriva, la tensión previa... y la tomada. Cámaras y filmadoras trabajaron sin descanso, registrando escenas de pesca, paisajes y fauna. Guanacos, ñandúes y zorros cruzaban por el paisaje como si fueran parte del staff.

Y en una playa del lago, nos encontramos con huellas enormes y frescas: puma. Esas cosas ordenan la cabeza rápido: acá el visitante es uno. Las anécdotas se acumularon: corridas desbocadas en agua rápida, saltos, cortes en el aire, tippets castigados por piedra y por fuerza. A veces las truchas planeaban sobre las rocas y ahí se iba todo: mosca, ilusión y una lección más. Cansancio hubo -las caminatas sobre terreno rudo se sienten-, pero lo compensaban la pesca y el confort del lodge.
A la noche, la sobremesa era un festival de historias: del día, de los guías, de los “casi”, de los “te juro que era enorme”. Y antes de dormir, un ritual que no falla: unos minutos de contemplación bajo una noche cerrada, impresionante, repleta de estrellas.
Conociendo el Strobel
El Strobel es un lago endorreico cuyo único afluente es el río Barrancoso, que toma sus aguas a 1.758 msnm en el cerro Dos Cuernos. Caminando la costa, y mirando con atención, aparece un detalle llamativo: un sarro blanco, frágil al tacto y muy abrasivo, producto del descenso del nivel del lago a través de los años. El agua es cristalina y fría. La anatomía del lago se arma en una sucesión de bahías arenosas, istmos y puntas de piedra. El lecho, en muchos sectores, está tapizado por colchones de vinagrilla, refugio ideal para invertebrados como scuds, caracoles y pulgas de agua. Alimento diminuto, sí, pero de altísimo valor energético: ahí se explica buena parte del crecimiento de estos peces.

En el entorno tuve la suerte de detectar al macá tobiano, especie amenazada y gran zambullidor de lagunas y lagos. Su historia impresiona: construye el nido con vinagrilla, pone dos huevos y suele criar un solo pichón. A veces, en un viaje de pesca, lo que queda grabado no es solo una clavada: es una presencia.
Último día
Regresamos a buscar las grandes truchas en una bahía distinta. Y volvió a confirmarse algo fundamental: la mirada del guía vale oro. Nos ubicó en sectores reparados del viento -una constante en estas latitudes- y eso hizo más simples y precisos nuestros lanzamientos. El lugar era nuevo para todos. Esa mañana, Gastón clavó cuatro ejemplares y Hernán ya contaba siete devoluciones, con truchas soñadas para cualquiera que pesque con mosca: entre 3,5 kg y 8 kg. Trofeos, de esos que no se explican fácil en una foto. Del Strobel cuesta agregar algo sin caer en la repetición. Pero también es cierto: cada temporada parece más fascinante que la
anterior.

Sin duda, fue una experiencia gratísima, de esas que se quedan pegadas a la retina. El final -como siempre- llegó con el avión y la rutina. Pero volvimos con algo mejor que una estadística: el deseo nítido de regresar el año próximo y revivir 4 días y medio de pesca asombrosa.
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