Monday 2 de November de 2026
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Sorpresa científica: hallan en peces un parásito que hasta ahora solo se conocía en ranas

Investigadores del CONICET y la Universidad Nacional de La Plata identificaron una nueva especie de parásito en dos peces de lluvia. El descubrimiento se produjo en ejemplares recolectados en las reservas naturales bonaerenses de Punta Lara y Punta Indio y representa el primer registro mundial del género Cystodiscus en peces.
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Un descubrimiento científico inesperado en los humedales bonaerenses amplió el conocimiento sobre los parásitos que habitan los ecosistemas acuáticos. Investigadores del Centro de Estudios Parasitológicos y de Vectores (CEPAVE), vinculado al CONICET y la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), identificaron una nueva especie de parásito en dos peces de lluvia que habitan ambientes temporarios de la provincia de Buenos Aires.

El hallazgo llamó particularmente la atención porque el género al que pertenece este organismo, denominado Cystodiscus, era conocido por parasitar principalmente a las ranas. Sin embargo, los científicos lo encontraron en un lugar inesperado: la vesícula biliar de dos especies de pequeños peces conocidos como killis. La nueva especie fue bautizada Cystodiscus paghlogh y su identificación representa el primer registro de este género de parásitos microscópicos en peces teleósteos en todo el mundo. De esta manera, el descubrimiento abre nuevas preguntas sobre las relaciones entre diferentes organismos y los mecanismos de transmisión de parásitos en los humedales.

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Los peces de lluvia y un ciclo de vida extraordinario

Los protagonistas de esta investigación son los llamados peces de lluvia o killis, pequeños ejemplares que miden entre 3 y 7 cm y pertenecen al orden de los Cyprinodontiformes. Se caracterizan por sus atractivos colores, una particularidad que también los convirtió en especies apreciadas por los aficionados a la acuariofilia de distintos lugares del mundo. Sin embargo, su característica más llamativa está relacionada con su reproducción. Se trata de peces estacionales que viven en charcos temporarios y cuyo ciclo de vida depende directamente de las precipitaciones.

Generalmente, sobreviven apenas unos meses, mientras se mantiene el agua acumulada en estos ambientes. Cuando el nivel comienza a descender, machos y hembras se dirigen hacia el fondo de los charcos, donde depositan sus huevos entre los sedimentos y restos orgánicos. Posteriormente, cuando el terreno se seca por completo, los ejemplares adultos mueren. No obstante, los huevos permanecen bajo tierra y pueden desarrollarse nuevamente cuando regresan las condiciones ambientales adecuadas y los charcos vuelven a llenarse de agua. En el CEPAVE comenzaron a estudiar estos peces hace aproximadamente diez años. Durante ese período, los investigadores descubrieron una diversidad de parásitos mucho mayor de la que esperaban encontrar en organismos con ciclos de vida tan cortos.

"Fue toda una sorpresa hallar que podían tener tantos parásitos teniendo un ciclo de vida tan corto y en ambientes temporales", explicó Jorge Barneche, técnico asistente del laboratorio e integrante del proyecto.

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Un parásito de ranas que apareció en la vesícula de los peces

La mayor sorpresa llegó durante los análisis realizados sobre ejemplares de dos especies de killis: Argolebias nigripinnis y Titanolebias elongatus, presentes en territorio bonaerense. Los investigadores Martín Montes y Jorge Barneche identificaron un organismo desconocido hasta entonces en peces, ubicado en la vesícula biliar de ambos hospedadores.

Martín Montes, doctor en Ciencias Naturales y especialista en parásitos, advirtió rápidamente que estaban frente a algo diferente. Al describir el aspecto del organismo, explicó que parecía "como si fuera un ñoqui", debido a la forma particular de su cuerpo, con pliegues y una apariencia parcialmente transparente. La observación permitió reconocer que se trataba de un representante del género Cystodiscus, hasta entonces asociado principalmente con anfibios.

A partir de ese descubrimiento, el equipo decidió denominar a la nueva especie Cystodiscus paghlogh. El nombre elegido tiene un origen particular: proviene del klingon, el idioma ficticio de la popular serie de ciencia ficción Star Trek, y significa "en ninguna ocasión". La elección hace referencia a que nunca antes se había registrado este parásito en peces.

¿Cómo llegó desde las ranas hasta los peces?

Una de las principales preguntas que surgieron después del hallazgo tiene que ver con la forma en que este organismo llegó a hospedarse en los killis. Una de las hipótesis de los investigadores apunta a que la transmisión pudo producirse por la convivencia entre diferentes especies dentro de los charcos temporarios. En esos ambientes, además de los peces, también hay renacuajos y otros organismos que comparten el mismo espacio. Por lo tanto, los científicos consideran posible que se haya producido un salto de hospedador desde las ranas hacia los peces.

El parásito pertenece al grupo de los mixosporidios, organismos cuyo ciclo de vida puede involucrar diferentes hospedadores. Según explicó Barneche, se sabe que en su desarrollo interviene una lombriz de agua, donde se produce la reproducción sexual. Por ahora, los investigadores continúan estudiando las distintas etapas de su ciclo biológico para comprender cómo se relaciona con los peces y otros habitantes de los humedales.

Aunque habitualmente la palabra parásito tiene una connotación negativa, su presencia en los ecosistemas naturales también puede aportar información muy valiosa. En determinadas circunstancias, los parásitos funcionan como indicadores de la salud ambiental, ya que su desarrollo depende de la existencia de otros organismos y de condiciones ecológicas específicas. En este caso, los killis analizados provienen de ambientes de las reservas naturales de Punta Lara y Punta Indio, dos espacios bonaerenses donde los humedales temporarios cumplen un papel fundamental.

Para que estos organismos puedan completar sus ciclos biológicos, necesitan ecosistemas que conserven sus características naturales, incluyendo períodos de inundación y de sequía. Además, muchos de los parásitos que afectan a los peces requieren la participación de otros animales durante distintas etapas de su desarrollo. Entre ellos aparecen caracoles, anfibios, culebras y aves. Por eso, Barneche destacó la importancia de conservar estos ambientes: no solamente para proteger a los peces, sino también para garantizar la supervivencia de toda la fauna que depende de ellos.

El descubrimiento de Cystodiscus paghlogh demuestra, una vez más, que los humedales bonaerenses todavía guardan numerosas sorpresas para la ciencia. Un pequeño pez de apenas unos centímetros permitió ampliar el conocimiento sobre los parásitos, sus hospedadores y la compleja red de relaciones que sostiene la biodiversidad de estos ecosistemas.

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Jorge Virgilio

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