Una expedición científica en las profundidades del océano Atlántico consiguió imágenes extraordinarias de un pez que parece salido de una película de ciencia ficción: tiene la cabeza transparente y los ojos tubulares, dos características que le permiten adaptarse a un ambiente donde la luz solar apenas llega. El ejemplar, identificado como Winteria telescopa, fue filmado a 710 m de profundidad, en una zona poco explorada del océano. El registro se obtuvo mediante el vehículo submarino operado a distancia SuBastian, durante una misión del Schmidt Ocean Institute.

Aunque esta especie ya era conocida por la ciencia, gran parte de la información disponible provenía de ejemplares capturados con redes. Por eso, observarla en movimiento y en su hábitat natural representa una oportunidad excepcional para conocer mejor su comportamiento y sus adaptaciones.
Un pez de ojos tubulares y cabeza transparente
La Winteria telescopa pertenece a la familia de los opistopróctidos, un grupo de peces de aguas profundas conocidos también como peces de ojos de barril. Su aspecto se destaca por una anatomía adaptada a las condiciones extremas de iluminación que caracterizan a estos ambientes. A diferencia de la mayoría de los peces, cuyos ojos se encuentran a los costados de la cabeza, esta especie posee ojos tubulares orientados en paralelo, una disposición que favorece la captación de la escasa luz disponible. De esta manera, puede detectar señales luminosas y destellos producidos por otros organismos. Además, en algunos integrantes de este grupo, una estructura transparente protege los ojos y permite observar parte de sus componentes internos. Estas características resultan fundamentales para sobrevivir en las profundidades, donde la luz natural disminuye drásticamente y encontrar alimento puede convertirse en un desafío.
El hallazgo se produjo en la zona de fractura de Doldrums, un sistema geológico situado al norte del ecuador, a unos 1.300 kilómetros de la costa noreste de Brasil. Sin embargo, el pez no era el objetivo principal de la campaña. Durante 35 días, el equipo científico investigó la actividad geológica de la región y el movimiento de fluidos calientes bajo el lecho oceánico. Como resultado de los trabajos, los investigadores identificaron dos nuevos campos de fuentes hidrotermales, estructuras por las que circulan fluidos calentados en el interior de la corteza terrestre.

Uno de esos campos presenta 23 estructuras de emisión, con fluidos que alcanzaban los 280 grados Celsius. Estos ambientes son de gran interés científico porque pueden albergar comunidades de organismos adaptadas a condiciones muy diferentes de las que existen en la superficie.

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También encontraron calamares gigantes de aguas profundas
La expedición aportó otros registros destacados. Entre ellos, los investigadores observaron dos ejemplares del género Magnapinna, conocidos como calamares de aletas grandes. Estos animales llaman la atención por sus extremidades extremadamente largas, que pueden alcanzar los ocho metros. Su anatomía y sus hábitos continúan siendo objeto de estudio, debido a la dificultad de observarlos en su ambiente natural. Por otra parte, para conocer mejor las características del terreno, el equipo utilizó el vehículo autónomo The Childlike Empress, con el que cartografió casi 147 kilómetros cuadrados del fondo marino en alta resolución.
Las especies de aguas profundas suelen ser difíciles de investigar. En muchos casos, los científicos dependen de ejemplares capturados mediante redes, un procedimiento que puede dañar los tejidos delicados y alterar algunas de sus características. En cambio, las imágenes obtenidas directamente en el hábitat permiten observar la anatomía, los movimientos y la relación del animal con su entorno sin depender exclusivamente de ejemplares extraídos del agua.
El registro de la Winteria telescopa constituye, por lo tanto, uno de los resultados más llamativos de la expedición. Aunque el pez ya había sido descrito científicamente, verlo en movimiento ofrece información adicional sobre una especie poco observada. Desde un pez de cabeza transparente hasta fuentes hidrotermales con fluidos a cientos de grados, la expedición demuestra cuánto queda por descubrir en las profundidades del océano.



























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