Martes 19 de enero de 2021
PESCA | 13-12-2020 14:00

Pesca de carpas: una especie que genera indiferencia, amor y odio

La carpa es una especie presente en nuestro país desde el siglo XIX, pero a partir de la década de 1980 amplió e incrementó considerablemente su numerosidad poblacional y distribución en aguas continentales de la Argentina. Razones de un curioso fenómeno del cual la carpa es el blanco. 

Las carpas son originarias del Este de Europa, Rusia y China, pero poseen amplia distribución mundial. La carpa común Cyprinus carpio objeto de esta nota, es el principal pez producido en piscicultura para consumo humano y brinda un aporte de proteína de considerable magnitud, que representa comida para millones de personas principalmente en países en desarrollo. Es popular, el conocimiento de su biología es ancestral hasta mitológico, fácilmente reconocible, protagonista (secundario) en varias películas y motivo de captura a través de pesca comercial y deportiva. Sin embargo, suma tantos adeptos como enemigos. El objetivo de esta nota es presentar algunos de los motivos por los cuales la carpa es tan querida como odiada. 

La carpa en la Argentina

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Las carpas se agrupan y forman inmensos cardúmenes; en este caso en un arroyo afluente de una laguna que aportaba agua de menor concentración de sales.

a carpa no compró boleto de barco para cruzar los mares e instalarse en Argentina. Primera consideración para levantar la mano y darnos cuenta que los únicos responsables de su presencia cosmopolita somos los seres humanos que por diferentes razones la dispersamos por casi todo el planeta. A nuestro país arribó según registro oficial en 1925 para sembrar los llamados lagos urbanos en Buenos Aires y alrededores, pero en el siglo anterior ya había sido importada e incluso dispersa con diferentes fines. Posteriormente hubo ingresos de ejemplares provenientes de Brasil con destino a diques del centro del país donde conforman hoy en día poblaciones numerosas con ejemplares que pueden superar los 10 kg. 

Otra aclaración, a comienzos del siglo pasado fueron introducidos diferentes salmónidos (truchas) con destino primario hacia la cordillera patagónica, que en la actualidad también están dispersas por casi todo el territorio nacional donde existan las condiciones de entorno requeridas. El paradigma ambiental vigente en ese momento desconocía los perjuicios y consecuencias ecológicas de las especies exóticas. Pero simplemente por razones culturales, las truchas poseen a diferencia de la carpa, más seguidores que detractores. 

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La carpa se presenta como especie blanco en franco crecimiento por parte de los pescadores con mosca.

Tanto con registros como de manera clandestina, la carpa comenzó a ser parte de la ictiofauna nacional, con la salvedad que su número y distribución era aún acotada a pocas cuencas. Si bien en la década del 60 fue catalogada como potencial invasor de los ambientes continentales pampeanos, en las décadas de los 80 y 90 logró expandirse hacia el norte, centro y sur del país, colonizando según colegas 170 ambientes.

Las inundaciones extraordinarias, canalizaciones, traslados de pescadores con peces vivos (junto con las mojarras usadas como carnada) o siembras adrede (en lagos urbanos) fueron algunas de las razones de esta situación. Su elevado peso y número habilitaron pesquerías comerciales en la cuenca del Río de La Plata como en lagunas de la región pampeana y su cultivo (cría) en provincias del noreste del país.

La situación ideal, sería que cada especie habite en su lugar de origen, pero por diversas razones vinculadas exclusivamente a las personas, existe una constante dispersión y translocación debido a cuestiones deportivas, sociales, económicas, culturales, productivas, a veces voluntarias, otras no, con impactos positivos o negativos acorde a las variables empleadas para determinarlos. En cuestiones ambientales, y más específicamente ecológicas, las consecuencias generalmente no son las deseadas. En este escenario, y sin buscar responsables o juzgar de manera atemporal desde otra mirada de conservación, la carpa está y vino para quedarse. Imposible plantear su erradicación. La especie fue sentenciada sin oportunidad de defensa, rotulada como pez invasor, dañino, señalado para algunos como “bolsas de cuero cubiertas de escamas y llenas de espinas” lo cual no condice por su elevada producción mundial.

Las razones de su éxito

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La carpa se presenta como especie blanco en franco crecimiento por parte de los pescadores con mosca.

Las especies invasoras exitosas, poseen en común ser generalistas, una alta capacidad de adaptación a los nuevos ecosistemas, elevada fecundidad y precocidad, resistencia a enfermedades, amplio y plástico espectro trófico, escasos predadores naturales y rápido crecimiento, características que la carpa reúne amén de lograr elevada talla y peso. Cómo hábito alimenticio, puede buscar su dieta en la interfase agua - sedimento, agua – aire o a media agua consumiendo zooplancton cuando está presente en abundancia.

La ausencia de dientes en su boca (tiene en otras partes) no es un carácter que la afecte en absoluto. Se suma la tolerancia a factores abióticos, al estrés, resiste a valores extremos de temperatura y oxígeno disuelto. Con estos atributos, es indudable que constituye un pez “todo terreno” al cual sólo marcadas barreras físicas o químicas restringen su área de expansión actual en Argentina.

La realización de desplazamientos masivos también la favorece porque permite escapes y recolonización de sitios. Hasta fue capturada en la albufera de Mar Chiquita, cuerpo de agua de salinidad variable por su contacto permanente con el mar. Aun así, se han producido graves mortandades masivas de carpa como las registradas en los embalses de Río Tercero y Los Molinos en Córdoba en 2019; pero seguramente su área de distribución se expandirá aún más por acción antrópica. 

Impacto ecológico

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El impacto ecológico es difícil de cuantificar en magnitud. Esto es en parte porque los datos históricos existentes de diferentes ambientes son escasos o ya contaban con presencia de carpa. Por su conducta alimenticia aumenta la turbidez, que incide en la temperatura y el reciclado de nutrientes, lo cual afecta la calidad de agua. Los predadores visuales son perjudicados, las plantas sumergidas crecen menos por falta de luz y/o renovales, disminuyendo la comunidad de macrófitas, que es utilizada como alimento, refugio, zona de crianza de alevinos y juveniles de otros peces. Los cambios ecosistémicos posiblemente provocados son muy profundos, pero de elevado dinamismo, desconociéndose las consecuencias finales dada la extraordinaria diversidad de ambientes (la respuesta de una laguna es diferente a un embalse), situaciones o condiciones y especies convivientes.

Impacto en la comunidad pescadora: indiferencia, amor y odio

La carpa comenzó a ser capturada y abandonada en las orillas, a merced de moscas y animales carroñeros. La capacidad de observación del pescador ha incrementado las formas y estrategias de pesca, desde el uso de arpones (integración real de caza y pesca), hasta las líneas especializadas (plomos corredizos), formas y estilos de pesca más sofisticadas elaboradas en función de hábitos biológicos de la carpa; incluso es reciente y en aumento de adeptos la modalidad flycast. La pesca deportiva ha generado la organización de fiestas provinciales, concursos con atractivos premios y hasta el más simple pescador recreativo es convocado para lograr batir su propio récord de pesca o para satisfacer o complementar el consumo de proteína animal. En un marco más regional, se vende o captura para utilizarse como carnada de peces de agua dulce y marina.

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Existen grupos de pescadores que se han hecho fanáticos de su pesca, dado que es manifiesta su presencia, por observación directa o por movimientos, pero no siempre se logra atraer la atención del animal y obtener pique y capturas. Esta situación dificulta la pesca y la torna más desafiante, lo cual seduce al pescador, que muchas veces cuando consigue la presa, la disfruta con una foto, caricia, beso y la devolución al agua en el menor tiempo posible.

Cabe acotar que en otras latitudes (especialmente países europeos como Alemania, Francia, España, Italia, por ejemplo), existe una pesca con marca registrada de carpas de portes extremos que atrae a miles de aficionados que utilizan novedosos sensores lumínicos o sonoros (reemplazados en Argentina por la campanita). Está demás aclarar que la pesca deportiva de la carpa y otras especies genera movimiento económico en múltiples rubros concatenados a la actividad. 

Para muchos practicantes de la pesca, la carpa es igual que traer un tronco en el extremo de su línea, por lo cual no les interesa. Para los fervientes seguidores, es toda una estrategia de acercamiento, prueba de recetas de masa y otras carnadas (frutos, semillas), tentaciones, vigilancia, líneas, identificación de sitios de estadía o tránsito, y otros aspectos que los movilizan como personas entusiastas de su pesca. 

Otro grupo aprovecha su carne, bajo diferentes recetas como sangrado, blanqueo, cuereado, fileteado. Al contrario de los prejuicios (sabor a barro y muchas espinas), su carne es magra y apetecible si se reconocen sus preparaciones. Se han experimentado distintos aderezos y formas de adobar para degustar mejor y obtener variedad y calidad de platos, incluso se la ha preparado como hamburguesa, ahumados y pasta de pescado. Filet, empanadas o tartas serían algunas opciones para incrementar su presencia en la mesa de los argentinos. 

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Ciertos pescadores la han sentenciado y mantienen su juicio (o prejuicio), como enemiga del pejerrey, principal especie de la pesca deportiva de embalses y lagunas del país. Han convivido por décadas en diferentes ambientes con interacciones directas (predación de ovas) o indirectas (competencia por el alimento) o físicas (donde está el cardumen de carpas no hay otras especies). Las mencionadas alteraciones del agua podrán resultar neutras, positivas o negativas para el pejerrey, acorde a la variable medida. Hay tantos condicionantes en juego que depende sobre cual enfoquemos la mirada para discernir el impacto específico, comunitario o a nivel ecosistémico que produce.

Amor y odio, ¿dos caras de la misma relación?

La pesca deportiva, que parece ser uno de los mejores destinos de la carpa, se halla frente a la encrucijada de estar frente a una especie invasora, que perturba el ambiente (en forma aún no del todo mensurada), con buenos pesos de captura, diferentes técnicas y estrategias de pesca de las cuales sus practicantes se sienten orgullosos por ser creadas en forma personal y mejoradas por observación, prueba y error. Aquel pescador que va en búsqueda de proteína animal, es bienvenido que se lleve el producto de la pesca para su consumo personal.

Ahora bien, ¿qué debería hacer la persona que no necesita consumirla y lo hace como un acto recreativo? En primer lugar, no es responsable que la carpa esté en ese lugar; por otro lado, sacrificarla por el hecho de su condición de exótica no es una acción respetuosa de la vida. Entregarla, sin acuerdo previo, para su consumo a quien no la pide, independiente que la necesite o no, tampoco es aceptable desde los valores éticos. Se han escrito cientos de normativas con o sin fundamento ecológico, pero al momento de la captura y de decidir la devolución o sacrificio de la pieza, está solo el pescador deportivo y su conciencia. De ella dependerá su accionar y actuará acorde al sentir de ese único e irrepetible instante, más allá de vivencias previas. Y si su conducta se encuadra en la normativa vigente, su actitud no puede ser juzgada.

Toda política de desarrollo pesquero, aplicada sobre cualquier especie requiere de un enfoque integral del sistema que incluya cambios de conducta, participación y consulta en las decisiones, educación ambiental, presencia regular en los ambientes, difusión de las actividades realizadas, entre otros aspectos claves. La carpa no escapa a esta situación más allá de su condición exótica. Al afirmar que el conocimiento se halla en etapa de desarrollo y que es la base del gerenciamiento, indirectamente se hace referencia al estado de la ordenación de los recursos pesqueros continentales.

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Todos somos responsables, en diferente grado. Los escasos vínculos o comunicación entre grupos o actores sociales e instituciones estatales incluso a veces hasta con intereses en común, es uno de los aspectos a salvar si se desea transformar la carpa en un recurso. No todos tienen que ser amantes ni tampoco enemigos y opositores acérrimos a su presencia y captura. Pero cumplimos con uno de los objetivos de esta nota de ampliar información sobre diferentes aspectos de esta especie.

Informe realizado por el Grupo Pejerrey, integrado por Fabián Grosman, Pablo Sanzano (Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires), Miguel Mancini, Víctor Salinas (Universidad Nacional de Río Cuarto) y Omar Del Ponti (Universidad Nacional de La Pampa).

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Daniel Console

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