Thursday 16 de April de 2026
PESCA | Hoy 09:58

PARA EL FIN DE SEMANA Goya afina anzuelos para el Mundial

Todo a punto para una semana donde el Paraná manda y más de 1.200 embarcaciones salen a buscar el ejemplar más grande, con esa mezcla rara de adrenalina y amistad que sólo se vive acá.
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Una vez más comenzamos una nota anunciando el Mundial de Pesca 2026 y, como no podía ser de otra manera, la ciudad correntina de Goya se prepara, como los últimos 48 años, para brindar un marco espectacular en lo que se refiere a una semana sencillamente espléndida, no sólo en la pesca deportiva, sino en todo lo que acarrea semejante evento multitudinario al que vienen familias enteras, argentinas y extranjeras, a disfrutar de este acontecimiento mundialmente único: la Fiesta Nacional del Surubí.

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Quizás es el concurso de pesca embarcado más grande del mundo, donde participan más de 1.200 lanchas que van en busca del trofeo y de vivir una experiencia inigualable. Es que Goya los recibe cálidamente, brindándose al máximo para que los pescadores sólo pensemos en volver. También debemos nombrar enfáticamente a Co.Mu.Pe, la Comisión Municipal de Pesca, que es la entidad organizadora de la fiesta, cuyo presidente, Raúl González Vilas, lidera toda la organización, dando parte de su vida para que todo salga a la perfección. Bucky, como lo conocemos todos los amigos, no sólo cumple este papel jerárquico, sino que es un excelente pescador y, en base a eso, entre otras cosas construye la fórmula mejor pensada para todo lo referente tanto en agua como en tierra.

Una vez más, con la fecha del concurso muy próxima, nos acercamos hasta Goya para realizar un relevamiento previo de las canchas del Mundial, que son aproximadamente 14 en una gran extensión del río Paraná. En esta ocasión, la primera oportunidad salió de sorpresa y es por eso que viajé solo en un micro de línea, y fui recibido por Javier y Agustín Enrique, propietarios de la Operación Campamento La Amistad, un lugar único, soñado, sobre una isla del riacho Soto, con todas las comodidades que busca el aficionado. También aproveché la estadía allí para hablar con otros tantos amigos pescadores y subirme a sus lanchas, mediante fotos que fui pidiendo. Mi tiempo era muy corto y tenía miedo de no poder relevar como corresponde.

Llegada al campamento

Una vez arribado a la terminal de micros, nos fuimos hacia la guardería y, navegando unos 45 minutos, llegamos a La Amistad, a metros de la laguna La Colacha, emblema de la pesca goyana. Bajamos las cosas, saludamos a toda la gente que trabaja en el lugar y, sólo con los equipos y algo para tomar, nos fuimos de pesca. Para la captura de surubíes se recomiendan cañas de 2,10 a 2,40 m de largo; y reeles frontales o rotativos con buena capacidad de carga y buen registro de freno, los que podemos cargar con hilo multifilamento de 40 lb (1 lb = 0,453 kg) o nylon monofilamento de 0,40 mm.

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Las líneas son muy sencillas de confeccionar. Podemos armar la verilera, que consiste en tener un plomo al final del aparejo y una brazolada por encima de él, de 1 a 1,20 m de largo, con anzuelos del 8/0 al 10/0. Esto podría determinarlo el tamaño de la carnada. El otro aparejo muy utilizado es el corredizo: pasaremos por la madre un plomito, preferentemente redondo, de unos 10 g a 100 g de peso, haciendo tope en el esmerillón donde ataremos la brazolada. Un detalle: la brazolada podemos hacerla de nylon 0,60 mm o 0,70 mm, o con cable de acero de 60 lb de resistencia, por si muerde algún dorado o palometa. Carnadas hay muchas, pero en esta fiesta sólo usamos morenas medianas, botellonas o mamachas.

Teníamos todo armado y, anclando estratégicamente en un veril de unos 7 m de profundidad, dejamos correr nuestras líneas, haciéndolas picar en el fondo. Tuvimos un tiempito sin la pesca que buscábamos; sólo palometas que comían nuestra carnada fácilmente. Hasta que Agustín dijo: “Esto es suru; dejo correr, dejo comer”, y cañazo certero para, después de unos minutos, tener un hermoso cachorro dentro del copo. Unas fotitos y al agua inmediatamente.

Más y más cachorros

Mientras esto sucedía, fue su papá, Javier, un guía prestigioso de Goya con muchas historias sobre el lomo, quien dijo: “No guarden la cámara, que tengo otro prendido”. Así fue: giramos la cabeza y, levantándolo por la cola, tuvimos que volver a sacar fotos. Levantamos el ancla y nos movimos unos kilómetros en dirección al arroyo El Alemán. Cerca de su desembocadura tiramos el ancla delante de un remanso. Todos encarnados nuevamente, y ahí fui yo quien pidió cámara fotográfica, logrando otro hermoso cachorro de surubí.

Ya se hacía de noche; los mosquitos se volvían medio insoportables, pero las ganas estaban intactas de seguir probando lugares. Aguas arriba nos movimos hasta un sector donde había algunos árboles semisumergidos, con un veril pronunciado. Acá obtuvimos algunos piques más, pero en la pelea los cachorros ganaban las ramas y quedaban enganchados… bueno, hablo por mí, porque fui quien lo sufrió.

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Pique había y bastante; la pesca estaba buena y los surubíes eran de todos los tamaños. Decidimos volver a la isla para comer algo y refrescarnos tranquilamente para luego salir en una nocturna, al menos para saber cómo seguía la pesca. Me bajé de la lancha en dirección al quincho, pero Javier y Agustín se quedaron para intentar sobre el arroyo Soto. Aclaramos que no es cancha del torneo, pero es muy buen pesquero.

Al cabo de unos instantes escucho un grito que preguntaba por qué me había bajado, mientras veo que clavaban con furia lo que parecía un gran ejemplar, y sí lo era. Tremendo surubí que picó frente al campamento y yo mirando toda la jugada. Rápidamente volvieron a La Amistad y disfrutamos de una hermosa picada de fiambres en el muelle de la isla. Con noche cerrada salimos otra vez al río Paraná y, buscando una zona profunda donde sólo ellos veían, nos acomodamos para intentar el último rato. Tuvimos muchos piques de surubíes que rondarían los 50 cm de largo y algunos que superaron los 8 kg de peso: muy buena pesca.

Más pesca, pero a distancia

Ya tenía que volver porque debía regresar a Buenos Aires, por lo cual, y mediante el teléfono, seguí pescando unos días más junto a los clientes de Javier y Agustín. Los molesté bastante para que me mandaran las fotos en tiempo y forma, pero antes me contaban que habían tenido la suerte de pescar algún surubí atigrado, que pelean un poco más que los rollizos, y buena variada de piel que siempre se da realizando esta pesca.

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Sinceramente, volví muy contento, pero no fue el final, ya que regresaremos por una segunda oportunidad para vivir la Fiesta Nacional del Surubí y, como siempre, se verá reflejada en una nueva edición de la revista y en Weekend Web, para mostrarles a todos nuestros lectores y participantes del evento cómo resultó la pesca.

Ah, me olvidaba: espero que el señor Bucky Vilas, presidente de Co.Mu.Pe, me dé la revancha, ya que pescó varios ejemplares más que yo. Era partido y revancha, amigo.

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Julio Pollero

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