La imagen es tan elocuente como preocupante. Miles de peces muertos, en su gran mayoría carpas, cubren amplios sectores del Río V en un tramo ubicado entre América y Fortín Olavarría, a unos 15 km de la laguna Cuero de Zorro, en el oeste de la provincia de Buenos Aires. La situación fue advertida por vecinos y pescadores ocasionales que transitan la zona y no tardó en generar alarma. Según se pudo constatar, la causa principal estaría vinculada a la poca o nula llegada de agua desde río arriba, lo que provocó un descenso extremo del caudal, estancamiento, aumento de la temperatura del agua y una drástica disminución del oxígeno disuelto, un cóctel letal para la fauna ictícola.

Un río clave
El Río V nace en la provincia de San Luis, con sus nacientes ubicadas en los manantiales del Cerro Retama y en las laderas del Cerro Tomolasta. Desde allí, escurre con sentido noroeste-sureste, atravesando obras de regulación, diques y embalses, y recorriendo el centro sanluiseño y el sur de Córdoba, pasando por ciudades como Villa Mercedes y zonas cercanas a Bernardo Larroudé. Posteriormente, el curso de agua ingresa a La Pampa, cruza la ruta nacional 188 y finalmente alcanza territorio bonaerense, donde cumple un rol fundamental al conectar áreas lagunares mediante cauces naturales y canalizaciones artificiales. En épocas de grandes lluvias, funciona como reservorio de excedentes hídricos, regulando crecidas y aportando vida a múltiples ecosistemas asociados.


Bajante extrema y consecuencias visibles
En el escenario actual, marcado por la sequía prolongada y la falta de aportes desde cuenca alta, el río muestra sectores prácticamente sin circulación, con pozones aislados donde los peces quedan atrapados. Las carpas, especie resistente pero altamente dependiente de niveles mínimos de oxígeno, son las principales víctimas visibles, aunque no se descarta que otras especies también se vean afectadas. El fuerte recalentamiento del agua, propio del verano, acelera el deterioro de la calidad ambiental y potencia el impacto de la bajante, generando episodios como el que hoy se observa en este sector del oeste bonaerense.
Si bien el Río V históricamente ha atravesado ciclos de abundancia y escasez, la magnitud de este acontecimiento vuelve a poner sobre la mesa la fragilidad de los sistemas hídricos. La dantesca mortandad de peces en el Río V no solo deja una postal desoladora, sino que actúa como una señal de alerta sobre el estado de los cursos de agua del centro del país. Mientras se aguarda una recomposición del caudal mediante lluvias o aportes desde cuenca alta, el impacto ambiental ya es tangible y difícil de ignorar.

Para eliminar un pez invasor secan un embalse
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