El verano es la estación ideal para disfrutar del río: navegar, hacer deportes acuáticos, descansar fondeados o simplemente dejar que el sol haga lo suyo. Pero justamente en esta época, cuando más tiempo pasamos al aire libre, es el momento en el que debemos tomar mayores precauciones. El sol es beneficioso, sí, pero su exceso puede transformarse en un problema serio.
Tener a bordo protector o pantalla solar es fundamental. Deben aplicarse antes de exponerse y reaplicarse durante la jornada, especialmente después de ingresar al agua. Muchos navegantes olvidan este detalle cuando el viento aparente refresca la piel: el alivio térmico existe, pero los rayos UV siguen impactando con la misma intensidad.

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Las embarcaciones equipadas con capota, bimini o toldilla cumplen un rol crucial. Aquí aparece el eterno dilema. Techos claros: absorben menos temperatura y mantienen fresco el interior, pero dejan pasar con mayor facilidad los rayos solares. Techos oscuros: absorben más calor, pero brindan mejor protección UV. La elección es personal, aunque en ambos casos conviene saber qué se gana y qué se pierde.
Los días nublados engañan: aunque el sol no se vea, los rayos atraviesan las nubes y alcanzan el agua y la piel. Lo mismo ocurre durante la práctica de deportes náuticos. Al caer al agua, el protector desaparece y la exposición vuelve a ser total. A esto se suma la reflexión en la superficie del río, un verdadero espejo que multiplica el alcance de los rayos.

Claves para navegar seguro con viento y espuma

Muchos navegantes descansan o duermen la siesta dentro de sus embarcaciones. Aquí la ventilación es clave. Las ventanas o lumbreras deben permanecer abiertas cuando el casco está caliente por el sol. Fondeado o amarrado, el ingreso de aire disminuye notablemente. Recordemos que, salvo excepciones de madera o metal, la mayoría de las embarcaciones deportivas están construidas en fibra de vidrio, materiales que en su proceso de fabricación utilizan resinas y monómeros que continúan liberando mínimas emanaciones con el aumento de temperatura. No es grave, pero sí requiere de buena circulación de aire.

El golpe de calor no sólo aparece por exposición directa al sol: también puede originarse en espacios confinados y mal ventilados. Ante cualquier síntoma -mareos, dolor de cabeza, decaimiento- lo primero es salir a un lugar fresco, ventilar e hidratarse. Con las quemaduras solares ocurre algo similar: siguen avanzando aún después de abandonar la exposición, por lo que la atención temprana es imprescindible.
La escasez de estaciones de servicio sobre el río obliga a estibar combustible a bordo. Esto requiere recaudos adicionales. Los bidones reglamentarios pueden ser ventilados o herméticos. Con diésel no hay mayores inconvenientes. Con nafta, el calor genera gases y presión interna. Si el bidón no posee venteo, puede deformarse o romperse. Conviene aflojar ligeramente la tapa o ventilar periódicamente, y siempre guardarlos en lugares frescos o protegidos del sol directo.

En síntesis, nunca deben faltar a bordo gorros, protector solar, abundante agua potable y sentido común. El verano invita al disfrute, pero hacerlo de manera segura es la única forma de que la navegación sea realmente placentera.
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