Subir a la cumbre de una montaña siempre representa un desafío personal. Hacerlo por senderos naturales ya tiene algo especial; encararlo en bicicleta y con alforjas, todavía más. Meses atrás nos propusimos una travesía que incluyera coronar el cerro Champaquí. Sabíamos que sería dura por la complejidad del recorrido, pero también que valdría la pena por la conexión con sus paisajes cambiantes y con las personas que iríamos encontrando en el camino.
Cada viaje tiene su época ideal, y planificar un pedaleo intenso por encima de los 2.000 m en Córdoba obliga a pensar bien cuándo hacerlo. Elegimos el verano para aprovechar días largos, evitar el frío nocturno y movernos –en esas alturas– con temperaturas templadas durante las horas de luz. Claro que eso implicaba asumir el riesgo de alguna tormenta, capaz de volver todo bastante más difícil.
Día 1: Villa Yacanto – Tres Arboles
El punto de partida –y también de llegada– fue Villa Yacanto, a unos 1.150 msnm, un pueblo estratégico para encarar el camino elegido hacia el Champaquí. Salimos desde la plaza siguiendo el cartel que indica Cerro Los Linderos (0 en la tabla de waypoints), y enseguida nos sorprendió una bajada entre pinos que daba inicio a una entretenida ruta de ripio: muchas curvas, bosques sobre serranías y, al fondo, entre nubes, el cordón de las Sierras Grandes con sus cumbres de piedra.


Novedad: ciclismo más allá de tierra firme
La primera parada obligada fue en Jesús de los Linderos (1), para asomarnos a una vista panorámica del valle de Calamuchita. La segunda, más tentadora, fue para probar frambuesas silvestres que crecían al costado del camino: otra ventaja del verano. Aunque aparecen vertientes, conviene llevar agua en abundancia para no tener que reponer en arroyos con presencia de animales y sedimentos. En Córdoba existen 11 centrales hidroeléctricas interconectadas al sistema nacional, y cerca de este cordón serrano –que funciona como reserva hídrica– se encuentran embalses de importancia. Por eso, como parte del paisaje, líneas y torres de alta tensión nos acompañaron durante buena parte del ascenso.
Para aprovechar una de las pocas sombras disponibles, almorzamos liviano bajo los árboles del puesto abandonado Los Corrales (2). Desde allí la pendiente se acentúa y obliga a caminar más de la mitad del tramo restante. Tras 25 km y 9 horas de subida constante llegamos a Tres Árboles (3), donde la puestera Nacha ya estaba lista para servirnos unos fideos con estofado de cordero. Después de una ducha reparadora, nos fuimos a dormir temprano, con el sueño apenas interrumpido por el sonido de un chaparrón.
Día 2: Tres Arboles ,Champaquí y Marcos Domínguez
Llegó por fin el gran día y, por suerte, el clima amaneció despejado. La jornada se presentaba muy exigente, sobre todo porque habíamos decidido no cargar carpa, bolsa ni aislante. No había opción de pasar la noche en el cerro. La primera meta fue ascender 6 km hasta alcanzar La Bifurcación (4). Desde allí, el camino recorre 10 km por el filo, con panorámicas excepcionales sobre el valle de Traslasierra. El último tramo hacia la cumbre de Los Linderos está en mal estado, difícil incluso para vehículos 4x4. Allí suelen quedar estacionadas camionetas y motos, mientras nosotros seguimos con las bicis por un empinado acceso de lajas (5). Después ya se avanza a pie, guiados por las señales, a lo largo de un sendero pedregoso de 1,3 km hasta alcanzar los 2.790 m del “techo de Córdoba”.

Con las MTB y las alforjas, desde ese punto el recorrido se volvió completamente impedaleable. Por eso habíamos tomado una precaución útil: sacar los pedales, para que no se trabaran entre rocas, arbustos y pasos estrechos, y también para evitar golpes en las piernas. Hicimos cumbre en el Champaquí (6), sacamos las fotos de rigor con vista de 360 g y seguimos la marcha, porque la luz del día empezaba a agotarse. De haber decidido pasar la noche para descansar y llegar con más margen al puesto Marcos Domínguez, existe un precario silo de chapa donde pueden entrar tres personas.
Siguiendo el track descargado, tomamos la senda hacia ese puesto, con 5 km de bajada predominante. Uno guiaba mirando el GPS y el otro buscaba las pircas que marcan la huella, porque perderse es fácil. En varios sectores fue indispensable el trabajo en equipo para transportar cada bici entre dos personas. Ese ir y venir terminaba por triplicar la distancia caminada.
En esta larga etapa acumulamos 14 horas de pedaleo y marcha a pie, incluyendo paradas fotográficas que aprovechamos para recuperarnos y compartir una picada cordobesa. No sufrimos percances que nos hicieran perder tiempo. Salimos al amanecer y llegamos al refugio (7) al anochecer, alumbrados por la luna y las linternas.
Día 3: Marcos Domínguez y Los Soles
Entre ovejas, caballos y gallinas, en una pampa de altura enmarcada por las Sierras Grandes, la mañana siguiente fue ideal para descansar, estirar el cuerpo y mezclarnos un rato con la vida campera. Mientras llovía en el valle y la ciudad de Córdoba soportaba 35 grados, arriba el clima era perfecto. Desde el puesto Marcos Domínguez retomamos la travesía por Pampa de Achala rumbo al Camino de las Altas Cumbres. Lo que sigue corresponde, en rigor, a un tramo realizado un año antes y que completa el circuito propuesto.

Recién a media tarde emprendimos el sendero de la Herradura, que atraviesa un terreno escarpado hasta los refugios ubicados en la base del Champaquí. Está bien marcado y tiene mayoría de bajadas. Sólo hay que cruzar dos alambrados y recorrer 4 km para llegar, casi sin dificultades, a la zona de refugios. Un respiro necesario antes de afrontar la jornada siguiente, que sí sería ardua. Estos refugios permiten viajar más liviano y alojarse con bastante comodidad. Además de comida y hospedaje, hoy ofrecen ducha caliente y electricidad permanente gracias a colectores solares o paneles, e incluso Internet satelital. Algunos tienen gran capacidad y suelen llenarse con grupos o durante los fines de semana. Otros son más íntimos, como Los Soles (8), donde elegimos pasar la noche.
Día 4: Los Soles, Tres Árboles y Villa Yacanto
Salimos vadeando el río Tabaquillos y luego pedaleamos 2 km por una huella que recorre el valle hasta la Escuela Albergue Florentino Ameghino (9). Después vinieron otros dos vados y, a los 3 km, el camino dobla hacia el este, trepa a una pequeña pampa y desciende con fuerte pendiente hasta toparse otra vez con el río. Ese cruce sería el más complicado de toda la jornada. Allí volvió a resultar útil la técnica de quitar los pedales para poder avanzar caminando con la bici durante seis subidas y bajadas sobre piedra suelta, en una sucesión que parecía no terminar nunca.

Fueron 8 horas y 12 km de sendero hasta regresar a Tres Árboles. Allí se puede pasar la noche o, si todavía quedan energías y algo de luz, encarar el gran descenso de 25 km hasta Yacanto. Conviene hacerlo con velocidad controlada, porque al comienzo el camino va en cornisa. En menos de 2 horas ya se puede estar de vuelta en el alojamiento, preguntándose cómo fue posible vivir semejante aventura. Lo cierto es que experiencias así dejan una felicidad difícil de explicar y confirman una verdad simple: lo que más cuesta suele disfrutarse el doble.
Fuimos los primeros
Al llegar al puesto Marcos Domínguez nos contaron que habíamos sido los primeros cicloturistas con alforjas en completar la travesía “cumbre del Champaquí al puesto MD por senda”. El antecedente en bicicleta había sido, según nos dijeron, el de dos muchachos que una década atrás realizaron el recorrido en MTB, pero con equipo de bikepacking. Tiene lógica: se trata de un trayecto no pedaleable, más propio del trekking, que en nuestro caso formó parte de un circuito mayor por la Pampa de Achala hasta el Parque Nacional Quebrada del Condorito.
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