Pensar en Aruba es invocar de inmediato imágenes de arenas blancas, atardeceres encendidos sobre el mar Caribe y torres hoteleras de lujo. Sin embargo, la denominada Isla Feliz esconde rincones que logran corrernos del típico descanso playero para proponernos experiencias sensoriales completamente distintas. Dos de ellas -tan singulares como fascinantes- permiten descubrir el lado más verde, curioso y artesanal del territorio insular: el mariposario The Butterfly Farm y la bodega Alto Vista Winery, la única de la isla. Dos excursiones imperdibles para agendar, caminar sin apuro y llevarse una sorpresa inolvidable.

The Butterfly Farm: el "efecto mariposa" en medio del Caribe
Ubicado en una zona donde la brisa y la vegetación tropical se abren paso, el mariposario lleva cerca de 27 años funcionando como un santuario de la especie tanto para locales como para turistas. Cruzar la puerta de ingreso implica sumergirse en un gigantesco jardín húmedo, protegido por una malla especial que bloquea el 80 % de los rayos solares más intensos, logrando que el calor no agobie y que la visita se convierta en un paseo sumamente amigable. El recorrido -incluido en la entrada general, que de U$S 19 para adultos- incluye una detallada explicación guiada a cargo de expertos locales que dominan varios idiomas. Allí se desmenuza el ciclo de vida de estos insectos: desde el huevo inicial y la etapa de oruga (focalizada en comer, crecer y defecar), pasando por el capullo donde ocurre la fascinante metamorfosis -lo que en biología se conoce como apoptosis o autoprogramación celular-, hasta la adultez.

"La vida de la mariposa como adulto es súper corta, con un promedio de un mes de vida", explica Jonathan, el mejor guía del lugar, durante el recorrido, mientras cientos de ejemplares revolotean libremente alrededor de los visitantes. Lejos de ser una simple exhibición, el jardín regala momentos de conexión única: las mariposas pueden posarse tranquilamente sobre la ropa o las manos de los viajeros, un indicio de que, según la mística del lugar, la "buena onda" y la sintonía energética del visitante son percibidas por el insecto. Entre las especies más llamativas se destaca la mariposa búho, con ocelos que imitan los ojos de un ave rapaz para espantar predadores, y la mariposa malaquita, bautizada así por su parecido con las tonalidades de la piedra homónima.


La otra cara de Aruba: Parque Nacional Arikok
Un dato no menor para quienes decidan agendar la visita: el ticket de ingreso es válido por el resto de las vacaciones, permitiendo regresar cuantas veces se desee, y quedarse todo el tiempo que se pueda. Jonathan recomienda ir por la mañana, cuando los insectos se muestran hiperactivos, o por la tarde, momento en el que se vuelven más tranquilas, ideales para lograr las mejores fotografías o simplemente sentarse a meditar en silencio.
Verlas ir entre los visitantes es un regalo de la naturaleza, pero cuando se posan sobre una mano, en la cabeza o en la ropa, el momento se vuelve especial. Y hay que pedir un deseo antes de que se vaya. Aquí se puede observar bien el ciclo de la oruga y la metamorfosis a mariposa. Descubrir cuáles son hembras y que los machos son más coloridos porque tienen que conquistar para reproducirse. El precio para niños es de U$S 10 y mayores de 65 años, U$S 16. Vale la pena.
Alto Vista Winery: cuando el desierto se convierte en vino y ron
A pocos kilómetros de la histórica y solitaria Capilla de Alto Vista -monumento emblemático levantado en medio de tierras áridas y vientos constantes que domina la costa, ocupando un espacio que antes usaron los indígenas locales - funciona un proyecto audaz que desafía la lógica climática de la región: Alto Vista Winery, la única bodega y viñedo de la isla. El tour comienza con una caminata comandada por Newton, cruzando los senderos pedregosos que rodean la capilla, repasando la historia de la zona y adentrándose luego en las parcelas donde se cultivan cuatro variedades de uva: las blancas French Colombard y Chenin Blanc, y las tintas Tempranillo y Syrah.

Debido a la escasez de lluvias y a las altas temperaturas, el trabajo en el viñedo es estrictamente artesanal y demanda un esfuerzo titánico. Las vides se adaptan mediante pies de injerto norteamericanos y se nutren a través de un sistema de riego por goteo, con agua proveniente de napas subterráneas cubiertas por plantas acuáticas para que no se evapore. Pero la gran rareza tropical radica aquí en los tiempos de la tierra: al no existir estaciones marcadas ni invierno propiamente dicho, las plantas no entran en reposo y permiten realizar hasta tres cosechas al año, un ritmo vertigioso que el equipo de enología y someliers cuida celosamente para no agotar la calidad del fruto.

El recorrido por Alto Vista no se agota en las parras. El predio incluye también plantaciones de caña de azúcar, materia prima utilizada para elaborar ron en la primera destilería legal en la historia de Aruba. Los visitantes pueden probar la caña fresca cortada con machete antes de ingresar al corazón del proceso productivo. Allí, el jugo extraído mediante molienda, pasa por cubas de fermentación natural y posteriormente por un alambique de cobre donde se realiza la separación del alcohol en tres etapas (cabeza, corazón y rabo). El resultado es un ron blanco puro de 40 °.

La última parada del tour tiene lugar en la cava subterránea de la bodega, un espacio climatizado donde descansan los vinos jóvenes en tanques de acero inoxidable y el Tempranillo madura durante seis meses en barricas de roble francés. Guiados por la sommelier argentina Fernanda Giménez (foto abajo), los visitantes participan al terminar la visita de una completa sesión de maridaje. La degustación enfrenta los blancos frutados con notas de manzana y pera a quesos de cabra artesanales, demostrando que la combinación en el paladar multiplica los sabores y suaviza la estructura de los vinos. También se prueban los tintos y, los que desean, se pueden quedar mirando el atardecer desde el amplio deck que tienen en un primer piso, disfrutando de la brisa y de algunas tapas. La visita con cata tiene un valor de U$S 45 por persona.

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