Había comentarios, crecían los rumores, el pique era real, el tamaño de los peces lo ameritaba. Teníamos que ir y hacia allá fuimos. Todos estos dichos correspondían a un mismo lugar, a un mismo pesquero: la desembocadura del río Negro con el río Uruguay, en cercanías de Soriano. La mejor manera de llegar hasta allí es partiendo desde Villa Paranacito y allí tenemos muchos conocidos, como nuestro guía amigo David del Valle, a quien confiamos todas las consultas y siempre nos canta la justa. Esta vez no fue la excepción, así que me comuniqué rápidamente con él para saber sobre la veracidad de los hechos y qué día tenía disponible para poder realizar nuestro relevamiento. La respuesta fue simple y concreta: “Fijate cuándo podés venir, porque la pesca está realmente muy buena y no hay que desaprovechar la oportunidad”.

En su trabajo como guía de pesca, David tenía muchos compromisos con los pescadores que contratan sus servicios y la idea no era molestar ni quitarle su jornada laboral, por lo cual hablé con otro amigo, Cachete, quien conoce a la perfección toda la zona y con quien podíamos compartir la salida junto a la nave insignia de Villa Paranacito, como lo es la lancha cabinada de casi 8 m de la familia Del Valle. Cachete enseguida dijo que sí y pusimos fecha a mitad de semana como para que no haya tanta presión de pesca sobre el río.
Encuentro y partida
Así que un martes por la mañana nos encontramos en La Estación del Pescador, ícono de la venta de carnadas y asesoramiento, justo antes de cruzar los puentes de Zárate Brazo Largo y, continuando con un solo vehículo, llegamos al camping Top Malo, donde ya nos esperaban David y Rodrigo del Valle, su hijo, para juntar las dos embarcaciones y navegar en paralelo hasta el río Negro sobre la costa uruguaya.
Mientras cargábamos la nave, esperábamos a nuestros amigos de Naturaltube, Maxi Ons y Pablo González, con quienes compartiríamos la jornada: un grupo en cada lancha. El día se presentó con bastante viento del cuadrante norte, cuestión que nos dificultaría la navegación, pero haciendo todo con mucho cuidado se pudo y sin ningún tipo de sobresaltos. Tengamos en cuenta que en esa zona el río Uruguay presenta la parte más ancha de todo su recorrido. La idea era pescar con señuelos y con carnada natural. Para los señuelos, cañas de baitcasting o spinning de 1,80 m a 2,10 m de largo, entre 17 lb y 20 lb (1 lb = 0,453 kg) de resistencia; reeles medianos cargados con 150 m de multifilamento de 40 lb y buen registro de freno. En cuanto a los señuelos, la cantidad y diversidad que tengamos para cubrir todas las expectativas: de flote, subsuperficie, tipo glidding, y en formatos banana, mojarras, etc. Para pescar con carnada viva o natural debemos llevar cañas de hasta 2,40 m de largo, acción de punta, reeles medianos cargados con 200 m de nylon 0,45 mm o hilo multifilamento de 50 lb, anzuelos 7/0 al 9/0 atados en leaders de acero de 60 lb y unos 50 cm de largo.

Llegaron nuestros amigos al camping Top Malo, cargamos todos los bártulos en las dos embarcaciones y, a marcha lenta, pusimos proa hacia el arroyo Martínez, por el cual saldríamos al ancho río Uruguay. A mitad de camino David nos comentó que, atarraya de por medio, intentaría sacar unos sabalitos para tener como carnada. Nosotros, con Cachete al mando de su embarcación impulsada por un 250 HP, nos fuimos derechito hacia donde sería nuestra primera parada, no sin antes anclar en un pozo de 5 m para intentar sacar unos bagres amarillos que también nos servirían como carnada.
Primeros lances
Tiramos el ancla, encarnamos con lombriz una línea tradicional de fondo y, créanme, apenas el plomo hizo fondo comenzaron los piques. Sacamos más de una docena de bagres amarillos en un ratito, los pusimos en el vivero con aireación y duraron vivos hasta el momento de usarlos.

Como dijimos al principio, el viento se hacía sentir y la navegación se puso dura hasta el primer lugar elegido: una canaleta de unos 8 m de profundidad en la zona del Árbol Solo. Encarnamos las dos cañas, poniendo sábalo en una y bagre amarillo en otra. La pesca sería al garete, por lo cual arrojamos los aparejos, uno para cada lado, y regulando la salida del multifilamento dejamos alejar nuestras líneas. Al cabo de unos minutos, tremenda corrida en mi caña. Dejé comer, clavada certera y después de unos segundos vimos saltar un tremendo dorado que a la postre dio 6,700 kg. Corridas para acá, para allá, saltos y un pescado que no quería rendirse fácilmente, pero esta vez pude dominarlo. Fotos y al agua nuevamente. Ya estábamos recontentos, pero la fiesta recién comenzaba. Después fue el turno de Cachete, que metió tres o cuatro dorados seguidos, todos de muy buen porte. Siempre estuvimos comunicados con la otra embarcación, donde pescaban con señuelos sobre la costa. Maxi, con poppers, hacía de las suyas; Pablo, con sliders, probaba sobre los lugares bajos con mucho éxito y la jornada pintaba más que reconfortante.
Nos comunicamos nuevamente vía VHF y nos encontramos en otra de las canaletas que sólo los conocedores saben dónde están. Ahí el capitán Del Valle usó toda su magia y junto a Rodrigo dio cátedra de cómo presentar la carnada en diferentes lecturas del río, en distintas estructuras. Los piques siguieron a full y la nota realmente ya estaba hecha, pero ¿quién nos sacaba de ahí?: nadie.
Salida del país
Con mi capitán decidimos entrar al río Negro, previamente haciendo el rol de salida desde la Argentina y entrada en Uruguay. Créanme que el agua era totalmente cristalina: se veía un metro por debajo de la superficie. Apagamos el motor principal y bajando el motor eléctrico fuimos recorriendo todas las correderas y los pozones que se formaban en sectores muy particulares. El pique no estaba tan activo como con la carnada natural, pero los portes de dorados que salieron fueron realmente muy buenos. No quiero exagerar, pero quizás alguno rondó los 8 o 9 kg. El viento había aflojado un montón, el río había bajado un poco, por lo cual debíamos tener cuidado en la salida hacia el Uruguay, porque allí hay un banco de arena muy, pero muy grande.

Nuestros compañeros habían vuelto hacia la costa para pescar con señuelos y les estaba yendo muy bien. Nos acercamos solamente para ver cómo pescaban y, apuntando a las salientes, a los palos semisumergidos y a la costa propiamente dicha, obtenían cada tres o cuatro casteos un ataque. Muy bueno.
Realmente, pescar semejante calidad de dorados a tan sólo 160 km de CABA no es cosa de todos los días. Es por eso que venimos alentando y proponiendo asiduamente la ciudad de Villa Paranacito como un destino que en esta temporada está dando mucho que hablar. Es como el trampolín: llegamos al pueblo, nos subimos a una embarcación y sólo nos resta disfrutar del paisaje, la pesca y la amabilidad de cada uno de sus habitantes.
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