Wednesday 14 de January de 2026
PESCA | Hoy 15:15

En el medio de la nada: pesca agreste con tarariras a pleno

Sin sombra, sin señal y sin comodidades, el Canal 1 ofrece una de esas experiencias que devuelven la esencia de la pesca. Una salida a puro sol, viento y pique.
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Podemos tener la chance de estar pescando en cómodas embarcaciones o pesqueros con múltiples servicios, pero una tarde al rayo del sol en un canal de la provincia de Buenos Aires siempre es necesaria para recargar las energías. Más aún en una temporada en la que estos cursos de agua se encuentran revitalizados por las lluvias de meses anteriores y muestran una recuperación íctica que realmente llama la atención.

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En esta ocasión decidimos recorrer uno de los tantos cursos artificiales que atraviesan la provincia colectando aguas: el Canal 1. Se forma con los arroyos El Perdido y Langueyú y termina desaguando en la Bahía Samborombón. El acceso es sencillo bajando por la Autovía 2, muy cerca de General Guido, y luego recorriendo el terraplén aguas arriba. Nosotros, sin embargo, optamos por visitar el tramo menos frecuentado, ingresando por el conocido —al menos para los lugareños— Puente de Navas.

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Tras dejar atrás la localidad de Langueyú y recorrer unos 60 kilómetros de caminos rurales bien mantenidos, levantando polvareda, nos encontramos con el imponente puente sobre el canal. Lo cruzamos y bajamos por el terraplén izquierdo, buscando las clásicas compuertas o alguna parada de agua que nos regalara un remanso y calmara la correntada, que, si bien estaba baja, corría con bastante fuerza.

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Adrián y Nahuel Córdoba, junto a Eduardo Chermelo, fueron los compañeros de esta salida. El objetivo principal eran las tarariras: los datos de días previos hablaban de muy buenas capturas, aunque también de matanzas injustificadas que preocupan. Mientras algunos arrancamos con boyas plop, otros apostaron desde el inicio a los señuelos, en una jornada que empezó a calentarse fuerte desde temprano.

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Nahuel fue el primero en tener acción, aunque con un bagre que al menos confirmó que el canal estaba vivo. Sería el único de su especie en el día. La primera parada no dio resultados, pero en la segunda llegó la primera tarucha. El mismo pescador se dio el gusto de clavar dos lindos ejemplares con señuelos blandos blancos. Adrián sumó otra con rana de goma y, en mi caso, después de insistir, logré activarlas con boya plop y carnada.

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Vale destacar la enorme cantidad de dientudos, mojarras y bagrecitos que pueblan el canal. Un rato de pesca de una mano, con caña de 2,50 m y balancín, nos regaló decenas de dobletes y dejó en claro que el alimento abunda, una señal clara del buen momento del curso. Parada tras parada, el patrón se repetía: un par de capturas y el pique se cortaba. Al mediodía, el calor fue protagonista y nos obligó a armar campamento para guarecernos del sol. Un toldo, una sombrilla y unos chorizos a la parrilla fueron el break ideal, aunque nunca dejamos de atender las cañas. Varias capturas sorprendieron por su peso y combatividad, pero también fue inevitable la bronca al ver cabezas y ejemplares descartados en la orilla. Cuesta entender que no se tome conciencia del valor de esta recuperación y de la necesidad de cuidar la especie.

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Después del mediodía apareció otro protagonista inesperado: las lisas. No estaban en nuestro radar, ya que la salida era taruchera, pero quedó claro que con el equipo y carnadas adecuadas pueden dar una pesca más que interesante. Con lombriz era imposible tentarlas por la voracidad de dientudos y mojarras; una panzita de lisa coloreada hubiera sido clave. También se vieron muchas carpas, algunas de excelente porte. La idea original era pescarlas con mosca, pero el viento fuerte que se levantó nos obligó a seguir enfocados en las tarariras.

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Con el sol cayendo y mientras levantábamos el campamento, una última recorrida por la orilla del canal nos regaló ese momento mágico del casi ocaso, cuando el pique suele activarse. No fue la excepción y sumamos buenas capturas para cerrar la jornada. La vuelta siempre se hace larga, y esta vez no solo por los kilómetros, sino por el cansancio acumulado de caminar y pescar a la vera del canal.

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El balance fue más que positivo. Un pesquero que cumplió y nos permitió disfrutar de una especie que nunca defrauda si están dadas las condiciones. Eso sí: quien piense acercarse al Canal 1 debe tener algo muy claro. Acá se está en el medio de la nada misma, sin señal de celular por muchos kilómetros, sin servicios y sin sombra. A alrededor de 70 km de Ayacucho, otro tanto nos separa por el terraplén de General Guido o Dolores. Hay que llevarse todo… y también traerse todo de vuelta.  Pesca agreste en estado puro.

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Jorge Virgilio

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