Hay ríos que se dejan explicar con un mapa. El Queguay Grande, en cambio, se entiende mejor con el sonido: el agua apurada en una corredera, el golpe breve de una cascada chica, el silencio pesado de un lagunón profundo. Afluente del río Uruguay y enteramente sanducero (natural de Paysandú, Uruguay), el Queguay recorre cerca de 300 km y junta en su cuenca al Queguay Chico y a una constelación de arroyos que lo alimentan y lo cambian. Por eso, pescarlo es aceptar que no hay una sola escena: el río va mutando y, con él, cambian las respuestas.

En el curso alto manda el basalto superficial. La piedra forma escalones, canaletas, rápidos y pozones de aguas claras que se oxigenan solas, como si el río respirara por las grietas. Ese pulso es una pista: donde hay oxígeno y estructura, suele haber caza. En esos pasos rápidos aparece el tigre de esta historia, la tararira tornasol, con ataques que parecen exagerados hasta que nos pasan a los que lo recorremos. Y cuando el río se aplana y regala lagunones más profundos, la pesca cambia de tono: la tararira puede crecer y ponerse mañosa, y el dorado –cuando está– obliga a afinar, porque no perdona ni un anzuelo mal elegido ni una devolución a las apuradas.

Trampolín a los dorados del Uruguay
Señales del río
El curso medio es otra película: el Queguay se vuelve meandro, planicie de inundación, monte apretado y verde exuberante. Es la parte donde la lectura manda más que el lanzamiento. Las orillas con sombra, los árboles caídos, los recodos que frenan la corriente y las entradas de arroyitos son señales más útiles que cualquier receta fija. No es casual que en esta zona se haya desarrollado, desde 2014, el área protegida con recursos manejados “Montes del Queguay”, unas 40.000 ha integradas al Sistema Nacional de Áreas Protegidas. No es un sello turístico: es un recordatorio de que acá la pesca es deportiva o no es.

Ya en el curso bajo el suelo se vuelve más calizo y el río vuelve a marcar relieve con un punto inevitable: la Cascada del Queguay, próxima a la Ruta Nacional 3. Entre rápidos, saltitos y pozones, el sistema alterna ambientes y esa alternancia es la clave de una jornada rendidora. Si la tararira no acusa recibo en el agua rápida, el lagunón puede salvar el día. Si el pozo está planchado, la corredera puede despertar al pez. El Queguay premia a quien se mueve y castiga al que se enamora de una sola idea.

También hay una verdad práctica: muchos accesos al río son por campos privados. Para entrar se necesita permiso de los propietarios, salvo algunos pasos públicos bajo jurisdicciones municipales. Por eso, para el visitante, los guías locales de Guichón son más que un servicio: son logística, acceso y seguridad de recorrido, especialmente si el plan incluye sectores vinculados al área protegida, donde además se requiere registro ante la dirección del área.
De qué manera pescarlo
En cuanto a modalidades, el Queguay se presta a casi todo lo que tenga espíritu deportivo: fly, bait, spinning, trolling y pesca con carnada, con devolución como norma. Para la zona del área protegida se sugiere cuidar la forma además del resultado: señuelos con anzuelos simples y sin traba, para minimizar daños y asegurar que la pelea termine como debe, con el pez volviendo al agua en buenas condiciones.

El Queguay no se deja resumir en una foto ni en una captura de pique: es un río que obliga a estar presente, a moverse, a leer y a volver a intentar. Si vamos por la tararira tornasol, vamos a encontrar ataques que sacuden la muñeca y escenas que se quedan pegadas al recuerdo; si además le damos tiempo al monte y a las correderas, el río nos devuelve algo más raro todavía: la sensación de haber pescado en un lugar vivo, cuidado y auténtico. Y cuando cae la tarde y el agua baja el volumen, entendemos por qué acá la mejor devolución no es la del pez… es la de las ganas de volver.
Tarariras + el plan B dorado
En el Queguay la tararira responde bien a señuelos que trabajen arriba y a media agua cuando está activa en correderas y bordes de corriente. Los paseantes y hélices son ideales para provocar ataque en sectores oxigenados, entradas de pozón y orillas con vegetación; conviene alternar recuperaciones cortas con pausas, porque muchas veces el golpe llega en el silencio. Cuando el sol aprieta o el pez se plancha, funcionan mejor los jerkbaits y swimbaits de perfil medio, trabajando pegados a estructura y cambios de profundidad, sobre todo en lagunones.
Para el “plan B” dorado, la lógica es otra: señuelos más firmes, con nado estable en corriente y buena resistencia, especialmente minnow y crank de tamaño medio, apuntando a canales, salidas de corredera y veriles. En todos los casos, si pescamos dentro del área protegida, priorizar anzuelos simples y sin traba. El equipo que mejor se adapta es un combo bait o spinning medio, con línea acorde a estructura y un buen líder, porque entre palos, piedras y dientes, el Queguay no perdona distracciones.

A pocos kilómetros del Queguay, Salinas del Almirón Resort Termal funciona como ese “segundo capítulo” que muchas jornadas de pesca merecen: volver con el cuerpo cansado y la cabeza limpia, y encontrarse con agua caliente, silencio y servicio aceitado. El resort tiene una particularidad única en Uruguay: aguas termales saladas, con una composición mineral asociada al bienestar de la piel, las articulaciones y, sobre todo, a esa relajación profunda que no se consigue con una siesta apurada.
Además de pesca. un buen relax
El complejo invita a elegir ritmo. Se puede usar como base para salir a pescar temprano y regresar a media tarde o directamente quedarse y disfrutar del lugar sin moverse. Cuenta con cuatro piscinas: una exterior con toboganes (ideal si se viaja en familia), otra con sector cubierto y abierto para meterse incluso cuando el clima no acompaña, y un espacio sólo para adultos en el spa, pensado para bajar un cambio de verdad. A eso se suma el área de bienestar con sala de masajes y sauna, más espacios exteriores amplios para caminar, sentarse a mirar el entorno o simplemente “no hacer nada”, que a veces es el lujo más caro.

Ubicado a apenas 5 km de Guichón, permite combinar naturaleza con logística simple: se llega rápido al pueblo para lo que haga falta y se vuelve al entorno verde del hotel. Informan promociones todo el año y tarifas desde U$S 90 por persona en base doble con desayuno, almuerzo y cena incluidos (según el establecimiento), además de propuestas para grupos y estadías orientadas a descanso o actividades.

- Más información: salinasdelalmiron.com. Tel.: 4742 3620. WhatsApp: 095 20 10 10.
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