Un escenario de un impacto visual verdaderamente asombroso e inesperado modificó la rutina turística en la provincia de Misiones: el majestuoso e imponente Parque Nacional Iguazú se vio obligado a alterar de forma urgente sus recorridos habituales. El motivo principal responde a la drástica y repentina crecida del caudal del río Iguazú en los últimos días.
Ante ese preocupante panorama las autoridades de Parques Nacionales determinaron el cierre preventivo y por tiempo indeterminado del circuito de la Garganta del Diablo, con el objetivo de resguardar la integridad física de los miles de visitantes que recorren el lugar.
Según explicaron los especialistas, el inesperado fenómeno meteorológico se originó como consecuencia de las fuertes lluvias torrenciales que afectaron gravemente a las cuencas altas en Brasil. Así, en tan solo 26 horas, el volumen de agua saltó de forma alarmante de 2.000 a 9.000 metros cúbicos por segundo.

Garganta del Diablo: cerrada hasta nuevo aviso
Esta furiosa aceleración del cauce fluvial obligó a activar de inmediato los planes de contingencia diseñados por los guardaparques locales. El personal técnico procedió de inmediato a rebatir las pasarelas móviles que conducen al balcón principal de las cascadas. Este sistema especial permite proteger la infraestructura metálica de la enorme presión ejercida por los troncos flotantes.

A pesar de la espectacularidad de la crecida, los responsables aclararon que el parque no está cerrado totalmente, por lo que los turistas que ya se encuentran en el destino pueden continuar disfrutando de otras alternativas muy atractivas, ya que los circuitos Superior e Inferior, junto con el Sendero Verde y el Tren de la Selva, siguen abiertos. La única restricción total y estricta rige para el área del salto principal y las excursiones náuticas. Del mismo modo, el margen de Brasil adoptó idéntica postura clausurando sus pasarelas hacia la gran Garganta.

Este tipo de crecidas fluviales evoca inmediatamente algunos antecedentes complejos que ya sufrió la región del litoral. Sin ir más lejos, durante el año pasado el río superó los 20.000 metros cúbicos provocando graves roturas, mientras que la última gran inundación histórica registrada con consecuencias severas en toda la provincia ocurrió en junio de 2014, cuando el pico del agua llegó a multiplicar por 30 el promedio normal de los saltos.
La esperada reapertura del paseo más emblemático dependerá exclusivamente del comportamiento climático de las próximas jornadas. Los pronósticos actuales indican que las precipitaciones comenzarán a ceder gradualmente en la zona de frontera. Una vez que el nivel del agua descienda, los ingenieros civiles realizarán una exhaustiva inspección técnica para verificar detalladamente que las estructuras no hayan sufrido ningún tipo de desplazamiento o daño severo. Por lo que, hasta tanto no se garantice la máxima seguridad, el ingreso al mirador continuará completamente restringido al público.
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