La mayoría de las capturas se ubicó entre los 15 y 35 cm, aunque también aparecieron ejemplares destacados que rozaron los 40 cm, aportando emoción extra a cada pasada. Foto: Horacio Pascuariello

La mayoría de las capturas se ubicó entre los 15 y 35 cm, aunque también aparecieron ejemplares destacados que rozaron los 40 cm, aportando emoción extra a cada pasada. Foto: Horacio Pascuariello

La mayoría de las capturas se ubicó entre los 15 y 35 cm, aunque también aparecieron ejemplares destacados que rozaron los 40 cm, aportando emoción extra a cada pasada. Foto: Horacio Pascuariello

La mayoría de las capturas se ubicó entre los 15 y 35 cm, aunque también aparecieron ejemplares destacados que rozaron los 40 cm, aportando emoción extra a cada pasada. Foto: Horacio Pascuariello

La mayoría de las capturas se ubicó entre los 15 y 35 cm, aunque también aparecieron ejemplares destacados que rozaron los 40 cm, aportando emoción extra a cada pasada. Foto: Horacio Pascuariello

La mayoría de las capturas se ubicó entre los 15 y 35 cm, aunque también aparecieron ejemplares destacados que rozaron los 40 cm, aportando emoción extra a cada pasada. Foto: Horacio Pascuariello

La mayoría de las capturas se ubicó entre los 15 y 35 cm, aunque también aparecieron ejemplares destacados que rozaron los 40 cm, aportando emoción extra a cada pasada. Foto: Horacio Pascuariello

BUEN PIQUE

Pesca en el Guazú: excelente momento para el pejerrey desde los muelles de Zárate

Una recorrida por el tradicional Club Guazú permitió comprobar el gran momento que atraviesa este sector del Paraná. Pejerreyes activos durante el día, variada de calidad al amanecer y hasta un dorado que sorprendió en plena jornada invernal. Por: Horacio Pascuariello.

Con el objetivo de comprobar el estado actual del pique, visitamos la zona de Zárate y más precisamente las instalaciones del Club Guazú, una institución con más de siete décadas de historia que ofrece todas las comodidades para disfrutar una o varias jornadas de pesca. Fundado en 1954, el club cuenta con dormís, servicios para los visitantes y un extenso muelle paralelo al río que permite recorrer distintos sectores en busca del pique con absoluta comodidad.

Pejerreyes activos 

Llegamos al mediodía del sábado y encontramos un río Paraná con un nivel algo inferior al habitual y una importante presencia de camalotes descendiendo corriente abajo. Sin embargo, las primeras líneas al agua permitieron comprobar rápidamente que el pejerrey estaba activo y dispuesto a comer. La modalidad más efectiva fue la clásica línea de tres boyas, complementada con un puntero lastrado para ganar distancia en el lanzamiento. Aunque se agregó un cuarto anzuelo para explorar diferentes profundidades, pronto quedó claro que los peces estaban patrullando relativamente cerca de la costa.

Las carnadas utilizadas fueron mojarra viva, mojarra salada y filet de sardina, una alternativa que cada vez suma más adeptos cuando escasea la carnada tradicional. Todas rindieron de buena manera, manteniendo la atención de los pejerreyes durante gran parte de la jornada.

Los colores que marcaron la diferencia

En cuanto a las boyas, prácticamente todos los tamaños y modelos lograron capturas. Sin embargo, los pescadores más experimentados del lugar coincidieron en destacar los tonos verde limón y blanco, que parecieron generar una leve ventaja en cantidad de piques. Los tamaños de los pejerreyes fueron muy variados. La mayoría de las capturas se ubicó entre los 15 y 35 cm, aunque también aparecieron ejemplares destacados que rozaron los 40 cm, aportando emoción extra a cada pasada.

Como suele ocurrir en los grandes ambientes del Paraná, siempre existe espacio para alguna sorpresa. En este caso, la nota distintiva la dio un hermoso dorado que tomó una de las líneas destinadas al pejerrey. Tras un fuerte cañazo, el pez realizó varios saltos espectaculares antes de liberarse y desaparecer rápidamente entre la correntada. Con la llegada de la noche la actividad del pejerrey disminuyó notablemente, por lo que la decisión fue descansar para regresar al muelle antes del amanecer.

A las seis de la mañana, bajo una intensa bruma y temperaturas muy bajas, comenzaron las pruebas con equipos de fondo. Se utilizaron dos carnadas: posta de sábalo y lombriz. La primera pasó prácticamente inadvertida, mientras que la segunda desencadenó una sucesión constante de capturas de bagres porteños y patíes de muy buenos tamaños. Lo curioso fue que el pique se detectaba con mayor facilidad dejando la caña apoyada que sosteniéndola en la mano, una ventaja que permitió combatir el frío acompañando la espera con varios mates calientes.

Con las primeras luces del sol la situación volvió a cambiar. Los pejerreyes retomaron la actividad y fue momento de regresar a los equipos de flote. La pesca se volvió entretenida y dinámica, con ejemplares que tomaban la carnada en movimiento y protagonizaban corridas veloces acompañadas de saltos característicos durante la clavada.

Luego de concretar una muy buena cosecha de capturas y disfrutar de varias horas de acción continua, llegó el momento de guardar los equipos y compartir unas pizzas antes del regreso.

Un clásico que sigue vigente

La experiencia permitió confirmar que el Guazú atraviesa un excelente momento para quienes buscan combinar distintas modalidades de pesca en una misma salida. Con pejerreyes activos durante el día, variada firme al amanecer y la posibilidad permanente de encontrarse con alguna especie sorpresa, este tradicional sector del Paraná bonaerense continúa siendo uno de los destinos más rendidores de la temporada.

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