Cómo es el Neuquén menos conocido

Circuito turístico en el norte neuquino, una cara poco conocida de la provincia que ofrece historias y paisajes de impactante belleza.

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Algunos datos y mapas me convencieron para rumbear hacia el norte neuquino imaginando que había mucho por descubrir. Con algunos amigos iniciamos este periplo en Chos Malal, cuyo significado en mapuche es “corral amarillo”, producto del color de las piedras sedimentarias del lugar. La ciudad está situada bien cerca de la confluencia del río Neuquén con el Curi Leuvú. Frente a la plaza, el casco histórico alberga el Fuerte de la IV División con su llamativo torreón, fiel testimonio de la Campaña del Desierto, y detrás, excelentes vistas de los ríos y el valle. Se destacan también el Almacén de Ramos Generales Enrique Dewey, abierto en 1903; la parroquia María Auxiliadora de la misma época, y la flamante costanera bajo añosos árboles.

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Cruzamos los puentes sobre el Curi Leuvú y atravesamos serranías, valles, arroyos y bosques de pinares. Aparece la Cordillera del Viento, y en la lejanía, el volcán Domuyo (el más alto de la Patagonia) que domina las nubes con sus 4.702 metros de altitud. Grandes majadas de chivos corren al paso de los vehículos. Llegamos a Andacollo, pueblo de pasado minero y un presente ligado a la ganadería, la forestación y el turismo. La plaza San Martín está poblada de huinganes, árboles típicos de la zona; y se suma la atractiva capilla del Rosario, patrona de los mineros.

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Muy cerca de Andacollo se encuentra Huingan-Co, villa veraniega donde en otros tiempos hubo fiebre del oro, pero hoy el metal precioso de superficie ya no está y solo las pocas mineras con más capital pueden seguir bajo tierra. “El pueblo logró sobrevivir –comenta Isidro Belver, historiador– y se convirtió en un oasis lleno de forestaciones y frutales, ejemplares que fueron plantados en 1964 por Rogelio Figueroa, entonces presidente de la Comisión de Fomento, quien forestó las sierras y le valió luego al lugar el nombre de El Jardín del Neuquén”. Entre agrestes callecitas que suben y bajan, recorremos el vivero forestal; y visitamos el Museo del Arbol y la Madera (troncos petrificados y rodajas de cipreses de más de 1200 años) junto a la Fábrica de Dulces Artesanales. Culminamos en una corta trepada peatonal hacia el mirador San Pedro, desde donde se obtienen buenas vistas de la región.

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Miradores

El viaje continúa por caminos sinuosos y de cornisas, descendiendo hacia valles y cruces del río Neuquén. Llegamos a Las Ovejas, simpática población rural que se asienta entre la Cordillera de los Andes y la del Viento. Varios campos linderos apuestan al ganado ovino y caprino, principal recurso de vida. Desde el mirador de la Cruz, excelentes panorámicas, y bien cerca la capilla de San Sebastián que venera la imagen de 1940 traída en lomo de mula desde Chile.

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Por un desvío cercano, el río Nahueve corre paralelo a la ruta que lleva a las lagunas de Epulafquen, provistas de muy buena pesca de truchas (ver nota en página 30) y lindas playas rodeadas por el bosque andino patagónico con frondosa vegetación.
Retomando el camino principal y siempre rumbo al norte, llegamos al mirador de La Puntilla. A través de modernas pasarelas de madera se admira el profundo cañón del río Neuquén, desde donde además se aprecia la majestuosa Cordillera del Viento y el Domuyo que cada vez se ve más cerca.

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Puerta del Domuyo

La ruta pasa luego por Invernada Vieja, bordea el caudaloso río y llega al desvío que conduce hacia Manzano Amargo, diminuto poblado con áreas forestadas y la cercana cascada La Fragua, con sus aguas que caen desde paredones basálticos. De regreso a la ruta madre, pronto se accede al pequeño pueblo de Varvarco. Estamos a 1.250 m de altura y un cartel reza: “Puerta del Domuyo”. Desde aquí parten las caminatas y cabalgatas hacia el emblemático volcán.

Los Bolillos

El camino continúa zigzagueante y en ascenso, pasos angostos y miradores naturales. Aparece el acceso a Los Bolillos y hacia allá vamos para disfrutar de este impactante monumento natural. Gigantescas y caprichosas formaciones rocosas talladas por el viento y el agua, reposan en el valle del río Varvarco. Figuras de areniscas cementadas, amarillentas y coloradas, componen este increíble lugar.

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Al retomar, el camino continúa muy sinuoso en medio de un paisaje espectacular. La ruta alterna subidas y bajadas muy pronunciadas, sorteando profundos cajones y cursos de agua, hasta dar con el fabuloso cajón de Atreuco donde el arroyo corre en medio de una abrupta garganta entre altísimos paredones.

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Entramos en zonas de lava, rocas negras y cursos de agua que afloran en las entrañas volcánicas a 40 °C y con permanentes vapores. El camino sigue subiendo hasta dar con el arroyo Aguas Calientes que marca la entrada a la villa homónima, sólo compuesta por un complejo de cabañas. Termas agrestes, pequeñas cascadas y ollas naturales, ideal para el descanso, el relax y los baños reparadores. Combo perfecto para finalizar este circuito donde todo está para explorar, plagado de aventura y sintiendo que uno, sin ninguna duda, es el primero en llegar.

Nota completa publicada en revista Weekend 532, enero 2017.

ruggieri

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