Mientras la contaminación provoca la desaparición de numerosas especies en diferentes cursos de agua del sudeste asiático, hay un particular pez que no solamente consigue sobrevivir, sino también multiplicarse y conquistar nuevos ambientes. Se lo conoce popularmente como sapu-sapu y su extraordinaria resistencia se convirtió en un verdadero problema en varios países. Para los argentinos su aspecto no resulta tan extraño. Bajo el nombre sapu-sapu se agrupan varias especies de bagres acorazados de la familia Loricariidae, principalmente de géneros como Pterygoplichthys e Hypostomus, peces originarios de Sudamérica y emparentados con los que popularmente conocemos como “viejas del agua”.

El término sapu-sapu puede traducirse como “pez escoba” o “barrendero”, una denominación relacionada con la forma en que estos animales utilizan su particular boca en forma de ventosa para raspar diferentes superficies en busca de alimento. Precisamente, esa característica hizo que durante mucho tiempo fueran muy populares entre los aficionados a los acuarios, ya que consumen algas y materia orgánica. Sin embargo, la liberación de ejemplares fuera de su área natural terminó favoreciendo su establecimiento en países como Filipinas, Indonesia, Tailandia y Bangladesh.
Un pez capaz de sobrevivir donde otros desaparecen
Una de las claves que explican su expansión es su sorprendente capacidad para soportar ambientes extremos, indica el portal Geo.

En algunos ríos urbanos asiáticos conviven aguas residuales, residuos plásticos, vertidos industriales y grandes cantidades de materia orgánica en descomposición. Como consecuencia, los niveles de oxígeno pueden caer hasta valores incompatibles con la supervivencia de muchas especies de peces. El sapu-sapu, en cambio, cuenta con importantes ventajas. Algunas de estas especies pueden aprovechar el aire atmosférico al subir regularmente hasta la superficie, compensando de esa manera las bajas concentraciones de oxígeno presentes en el agua. Además, se han observado ejemplares viviendo en canales cargados de barro, bacterias y contaminantes orgánicos, ambientes donde otras especies encuentran enormes dificultades para sobrevivir.

Su resistencia tampoco termina allí. Estos peces pueden tolerar concentraciones elevadas de amoníaco y variaciones importantes en las condiciones ambientales. Al mismo tiempo, poseen una dieta oportunista que incluye algas y diferentes restos orgánicos. En consecuencia, un ambiente degradado que representa una enorme dificultad para otros peces puede transformarse en una oportunidad para el sapu-sapu.

Miles de huevos y una verdadera armadura
A semejante capacidad de adaptación se suma otro elemento fundamental: su reproducción.
Una hembra puede producir varios miles de huevos durante el año, que suelen quedar protegidos en madrigueras excavadas sobre las riberas. Esta estrategia favorece la supervivencia de las nuevas generaciones y acelera la colonización. Por otra parte, el propio cuerpo del animal representa una ventaja frente a sus posibles depredadores. Está recubierto por duras placas óseas y posee aletas espinosas, características que dificultan tanto su captura como su consumo por parte de otros animales. Así, una vez que consigue instalarse y reproducirse en un ambiente, controlar su población puede convertirse en una tarea extremadamente complicada.
La extraordinaria resistencia del sapu-sapu podría parecer simplemente una curiosidad biológica. Sin embargo, su proliferación puede ocasionar importantes alteraciones en los ecosistemas donde fue introducido. Uno de los problemas aparece en las márgenes de los cursos de agua. Para reproducirse, estos peces excavan madrigueras en las riberas, una actividad que puede contribuir a debilitarlas y favorecer procesos de erosión. Asimismo, existe preocupación por la competencia con las especies autóctonas. Además de consumir algas y restos orgánicos, pueden aprovechar recursos alimenticios utilizados por otros peces y afectar diferentes componentes de los ecosistemas acuáticos.
Las consecuencias también llegan directamente a quienes viven de la pesca. En Filipinas, por ejemplo, pescadores han denunciado daños en las redes provocados por las rígidas espinas de estos peces, además de una mayor presencia del sapu-sapu frente a otras especies con mayor interés comercial. A esto se agrega otro inconveniente: su valor comercial resulta reducido, especialmente cuando los ejemplares provienen de cursos severamente contaminados.
Retiraron toneladas de sapu-sapu en Indonesia
La magnitud del problema llevó a implementar campañas destinadas a disminuir su población. Una de ellas tuvo lugar recientemente en Yakarta, Indonesia, donde participaron residentes, trabajadores vinculados al saneamiento, funcionarios relacionados con la pesca y personal militar. Según la información difundida por AFP y recogida por el medio francés GEO, en apenas dos semanas fueron retiradas alrededor de 5,3 toneladas de estos peces de cursos de agua ubicados al sur de la capital indonesia. Los ejemplares fueron capturados mediante redes. Mientras las especies nativas encontradas durante los procedimientos fueron liberadas, los sapu-sapu fueron eliminados para evitar que continuaran reproduciéndose y expandiéndose.
Un pez adquirido para un acuario puede parecer inofensivo. Sin embargo, si posteriormente es liberado en un río, arroyo, canal o laguna donde encuentra condiciones adecuadas, puede reproducirse y establecer una población capaz de competir con la fauna nativa. Fiel ejemplo, el sapu-sapu.



























Comentarios