Monday 24 de August de 2026
PESCA | Hoy 09:58

Crían peces donde no hay ríos: la sorprendente experiencia que crece en el interior del Chaco

En localidades alejadas de los grandes cursos de agua, un grupo de productores apuesta por la piscicultura en represas, estanques y hasta piscinas. Pacúes, carpas, dorados y surubíes forman parte de una idea que busca crecer y que ya proyecta generar miles de ejemplares para los próximos años.
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Suena llamativo hablar de producción de peces en lugares donde no existen grandes ríos cercanos. Sin embargo, desde Quitilipi, pasando por La Tigra, Villa Ángela, San Bernardo, Coronel Du Graty, Corzuela y Las Breñas, entre otras localidades del interior del Chaco, un grupo de productores viene apostando por la cría de peces.

Uno de los referentes de esta iniciativa es Fredy Billa, productor agropecuario de Quitilipi, quien en diálogo con Agroperfiles Radio contó cómo comenzó junto con un grupo de amigos a incursionar en la actividad y asumió buena parte de la logística necesaria para buscar los ejemplares, trasladarlos y distribuirlos entre los productores. Según relató, el proyecto fue retomado hace aproximadamente cuatro años, después de una experiencia anterior que había quedado interrumpida como consecuencia de la sequía. “Hace tres, cuatro años, arrancamos nuevamente a traer pacú de la zona de Formosa, de Clorinda, y un poco de carpa”, explicó.

De la Pelopincho a la represa

Una de las particularidades de la experiencia fue que los primeros pasos también se dieron utilizando piscinas familiares. A medida que aumentaba la cantidad de peces, comenzaron a necesitar estructuras cada vez mayores. “Primero le saqué la más chica a mi hija. Después ya no alcanzó, sacamos la mediana. Terminamos sacándole la grande”, recordó Billa.

Posteriormente, con la incorporación de dorados y surubíes, fue necesario ampliar nuevamente las instalaciones. Así apareció una piscina de unos 30.000 litros, utilizada para mantener parte de los ejemplares. Sin embargo, el invierno chaqueño planteó otro desafío. Las bajas temperaturas y los cambios bruscos entre jornadas cálidas y frías afectaron a los peces mantenidos en piscinas, por lo que decidieron trasladarlos hacia una represa. “Optamos por largar todos a la represa”, explicó el productor. Allí continúan con oxigenación y alimentación, atravesando el período de menor actividad sin registrar, según señaló, mortandades.

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La primavera genera grandes expectativas

El comienzo de la primavera aparece ahora como el próximo gran objetivo. Billa estima que durante la primera quincena de septiembre comenzarán los traslados de peces correspondientes a pedidos realizados por productores de Las Breñas y Corzuela, entre otras localidades. “Ya hay más de 5.000 pedidos y recién empieza esto, así que este año va a ser, si Dios quiere, un boom”, aseguró. Detrás de la iniciativa existe un grupo que fue creciendo con el paso del tiempo y que actualmente reúne a casi 80 productores y aficionados, algunos de ellos con una extensa experiencia en piscicultura.

La propuesta no se limita solamente a criar peces para consumo. También apunta a utilizar determinadas especies para mejorar el equilibrio de represas y reservorios de agua, además de compartir experiencias y conocimientos entre los integrantes.

Pacúes, surubíes y dorados en las mismas represas

Uno de los aspectos interesantes de la experiencia es la convivencia entre diferentes especies. Según Billa, pacúes y surubíes pueden compartir un ambiente, aunque resulta fundamental manejar correctamente las cantidades y, principalmente, los tamaños. En algunos establecimientos se diversifica la producción con surubíes, pacúes, bogas y carpas, mientras que otros sectores pueden destinarse a dorados junto con especies que forman parte de su alimentación. Precisamente, una de las estrategias que están probando consiste en incorporar peces predadores, como el dorado y el surubí, para controlar naturalmente otras especies que proliferan dentro de las represas.

La alimentación, sin embargo, resulta determinante. Según explicó el productor, mantener correctamente alimentados a los peces carnívoros reduce las posibilidades de que depreden sobre otros ejemplares con los que comparten el ambiente. “Todo es cuestión de convivencia”, resumió.

El grupo trabaja con un Centro de Distribución Piscícola, desde donde abastece a productores que poseen represas, estanques, tanques australianos y otros reservorios. La actividad consiste principalmente en trasladar alevinos y juveniles para posteriormente sembrarlos en esos ambientes. Además, algunas especies son utilizadas como una herramienta natural para mantener la calidad del agua. Por ejemplo, frente a una importante presencia de algas, una alternativa consiste en incorporar pacúes y carpas herbívoras, buscando disminuir la necesidad de utilizar determinados productos para controlar la vegetación. De esta manera, los peces no solamente representan una futura producción, sino que también pueden cumplir una función dentro del ecosistema de los reservorios utilizados en los establecimientos rurales.

No todas las especies presentan las mismas necesidades. Billa remarcó que el tamaño de los peces determina el espacio que necesitan para desarrollarse. Las piscinas pueden utilizarse durante las primeras etapas, especialmente con ejemplares de entre 200 y 300 g. Sin embargo, cuando los peces aumentan de tamaño deben trasladarse hacia ambientes de mayores dimensiones. En particular, el pacú y el surubí requieren espacio suficiente para crecer, una característica que los diferencia de otras especies utilizadas en piscicultura, como la tilapia.

Por eso, aquellos ejemplares que superan la capacidad de manejo de las piscinas son trasladados hacia las represas. Actualmente, aclaró Billa, la actividad está orientada principalmente a la venta de peces para siembra y no a la comercialización de carne.

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Criar peces aun sin tener un río cerca

La experiencia demuestra, según sus impulsores, que no hace falta contar con un río cercano para desarrollar piscicultura. En buena parte del interior chaqueño existen lagunas, perforaciones, pozos y represas que pueden utilizarse para este tipo de producción. “Es raro que en el Chaco se críe o se pueda producir pescado no teniendo ríos alrededor. Pero tenemos lagunas, tenemos muchas perforaciones, pozos. Se puede”, sostuvo Billa. De acuerdo con su experiencia, con alrededor de un metro de profundidad ya es posible comenzar una producción, siempre adaptando la cantidad de ejemplares a las dimensiones y características de cada reservorio.

Para los integrantes del grupo, la piscicultura aparece también como una posibilidad de diversificación dentro de los establecimientos agropecuarios. Una represa ya existente puede albergar una determinada cantidad de peces y, después del correspondiente período de crecimiento, brindar una producción destinada incluso al autoconsumo familiar.

Naturalmente, existen riesgos. Además de las condiciones ambientales, deben contemplarse posibles robos o la presencia de animales predadores, como los yacarés. Sin embargo, Billa considera que con seguimiento y controles periódicos la producción puede manejarse correctamente.

La experiencia que comenzó casi como una curiosidad, incluso utilizando piscinas familiares, empieza así a tomar otra dimensión. En una región del Chaco donde los grandes ríos quedan lejos, represas, estanques y reservorios rurales están demostrando que también pueden convertirse en espacios para criar pacúes, carpas, surubíes y dorados.

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Jorge Virgilio

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