Durante las últimas semanas, las lagunas de Junín comenzaron a ocupar un lugar central en la planificación hídrica de la región. La situación también aparece reflejada en los informes semanales de pesca y, particularmente, en las consultas realizadas a prestadores vinculados con el Mapa del Pique. En ese relevamiento, una preocupación se repite: los niveles que empiezan a descender de los espejos de agua. La situación alcanza especialmente a Mar Chiquita, Laguna de Gómez y El Carpincho, aunque el problema de los bajos niveles también se observa en otros ambientes de la cuenca del Salado, una situación que se debe ante la posibilidad de que lluvias intensas modifiquen rápidamente las condiciones de la cuenca.
Según informó el propio Gobierno de Junín en las últimas horas, el Municipio viene desarrollando desde julio diferentes acciones vinculadas con la prevención frente a la posibilidad de un período de precipitaciones superiores a los valores habituales. El operativo contempla limpieza, desobstrucción y canalización, además del mantenimiento de infraestructura y trabajos en diferentes puntos considerados críticos. A esto se suma el monitoreo de los niveles de las lagunas y la preparación de bombas, maquinaria y equipos para intervenir ante eventuales excesos hídricos. Asimismo, se realizan tareas en barrios, localidades y caminos rurales del Partido de Junín, con el objetivo de mejorar la capacidad de respuesta frente a posibles anegamientos.
La estrategia busca anticiparse a un escenario complejo: si los suelos permanecen saturados y se producen precipitaciones importantes, la capacidad natural de absorción disminuye y aumenta el volumen de agua que debe ser conducido por el sistema.

Mar Chiquita, una pieza clave del sistema
Dentro de este esquema, la laguna Mar Chiquita ocupa un lugar estratégico. El espejo de agua funciona como uno de los principales puntos de almacenamiento y regulación del sistema hídrico vinculado con las lagunas de Junín. Por eso, el manejo de sus niveles y de las compuertas se convirtió en uno de los aspectos centrales de la planificación. En las últimas semanas, organismos vinculados con la gestión hidráulica realizaron relevamientos y ajustaron la regulación de las compuertas en función de las mediciones y de las perspectivas meteorológicas. El objetivo es encontrar un punto de equilibrio: generar capacidad para recibir nuevos aportes de agua sin provocar descensos que comprometan innecesariamente la dinámica del sistema.
Precisamente, la discusión sobre cuánto debe bajar Mar Chiquita y cómo administrar sus compuertas también generó diferentes planteos dentro de la comunidad local. Algunos sectores consideran necesario aumentar preventivamente la capacidad de almacenamiento disponible frente a un eventual período de lluvias abundantes.
El sistema de lagunas, bajo observación
La vigilancia no se concentra únicamente en Mar Chiquita. También se mantiene bajo seguimiento la conexión entre Mar Chiquita, laguna de Gómez y El Carpincho, dado que cualquier modificación importante en uno de los ambientes puede repercutir sobre el resto del sistema. En este contexto, el monitoreo de niveles, aportes y escurrimientos se vuelve fundamental.
Además, existe un antecedente que explica parte de la preocupación actual. Junín conoce los efectos que pueden provocar los ciclos de lluvias extraordinarias, pero también viene de atravesar períodos de sequía muy severa que afectaron fuertemente a sus lagunas. Ese contraste obliga ahora a planificar para un escenario diferente: pasar de administrar la escasez a prepararse para eventuales excedentes hídricos.

El Niño vuelve a encender las alarmas
El último informe del Climate Prediction Center de NOAA, actualizado en septiembre, señala que El Niño continúa fortaleciéndose y mantiene una probabilidad superior al 90% de alcanzar una intensidad muy fuerte durante el otoño e invierno del hemisferio norte 2026-2027. Además, para el trimestre octubre-noviembre-diciembre de 2026, la actualización más reciente estima un 75% de probabilidad de que se registre un evento de intensidad histórica, definido por NOAA como uno que supere la fuerza de los episodios registrados desde 1950 bajo el criterio utilizado por el organismo.
No obstante, NOAA aclara que una mayor intensidad de El Niño incrementa las probabilidades de determinados impactos, pero no garantiza que estos ocurran en todos los lugares. Por eso, el fenómeno no puede interpretarse como una predicción directa de inundaciones para Junín. Lo que sí genera es un escenario que justifica reforzar la vigilancia y la preparación ante posibles períodos de precipitaciones importantes.
Una región que mira al cielo y también al nivel de las lagunas
Para Junín, la cuestión adquiere una dimensión particular porque la capacidad de almacenamiento disponible puede convertirse en un factor determinante si se producen lluvias intensas. En ese sentido, el descenso de los niveles registrado durante los últimos meses no solamente constituye una preocupación para quienes desarrollan actividades turísticas, recreativas o pesqueras alrededor de las lagunas. Al mismo tiempo, puede ser analizado desde una perspectiva hidráulica como parte de la capacidad disponible para recibir nuevos aportes. El desafío, por lo tanto, consiste en administrar cuidadosamente los niveles de los espejos de agua, mantener operativos los canales y desagües y contar con recursos preparados para responder rápidamente.
Mientras tanto, quienes siguen de cerca la evolución de la pesca observan con atención lo que sucede con Mar Chiquita, Gómez y El Carpincho. La recuperación de los niveles será importante para la actividad, pero también lo será que el proceso se produzca dentro de un escenario hidráulico controlado.
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