La pasión por la pesca es enorme, pero cuando se mezcla con imprudencia, desconocimiento o subestimación de las condiciones, el riesgo crece de manera exponencial. Foto: Daniel Console

La pasión por la pesca es enorme, pero cuando se mezcla con imprudencia, desconocimiento o subestimación de las condiciones, el riesgo crece de manera exponencial. Foto: Weekend

PREVENCIÓN

Tragedias personales evitables: el lado más duro de la pesca que obliga a reflexionar

Cada año se repiten noticias que nadie quiere dar: pescadores que pierden la vida en ríos, lagunas o el mar. La imprudencia, el clima y la falta de preparación aparecen como factores clave. Un llamado urgente a la reflexión para disfrutar sin correr riesgos.

Por Daniel Console

Periódicamente, y con una frecuencia que preocupa, los medios deben informar sobre el fallecimiento de pescadores en distintos ámbitos: ríos, lagunas y el mar. Detrás de cada caso hay una historia, una familia y una pregunta: ¿se podría haber evitado?

La pasión por la pesca es enorme, pero cuando se mezcla con imprudencia, desconocimiento o subestimación de las condiciones, el riesgo crece de manera exponencial.

El clima: el primer factor 

Uno de los errores más comunes es ignorar el pronóstico. Salir con vientos fuertes o condiciones adversas puede transformar una jornada recreativa en una situación crítica. Ráfagas que superan los 30 o 40 km/h, e incluso eventos extremos que alcanzan los 80 o 100 km/h, hacen que cualquier embarcación pierda estabilidad y control.

La premisa es simple pero muchas veces olvidada, si el clima no acompaña, no se sale. Siempre habrá otro día para pescar.

La embarcación

Debe cumplir con todos los requisitos formales que exige la ley, algo fundamental para evitar un mal momento o incluso una tragedia. La embarcación tiene que estar equipada con elementos de seguridad indispensables ante cualquier imprevisto: chalecos salvavidas, bomba de achique, silbato, linternas y medios de comunicación que permitan dar aviso a Prefectura o a otras embarcaciones cercanas.

El motor también juega un rol clave: debe contar con potencia suficiente para responder rápidamente y alejarse ante un cambio brusco de condiciones. A su vez, es recomendable disponer de un sistema auxiliar, como un motor eléctrico, que pueda marcar la diferencia en caso de falla mecánica o falta de combustible, situaciones que pueden agravarse al enfrentar viento o corrientes.

Por último, el bote debe ser acorde al ámbito en el que se navega. No es lo mismo una laguna, un río o el mar, y cada escenario exige embarcaciones con características específicas de estabilidad y resistencia. Muchas veces, los accidentes ocurren por utilizar equipos precarios o inadecuados frente a condiciones exigentes, especialmente ante vientos fuertes y corrientes traicioneras, habituales en aguas abiertas.

La pesca es una actividad recreativa, pensada para el disfrute. Sin embargo, cuando se ignoran las recomendaciones básicas, puede convertirse en una experiencia peligrosa. No tiene sentido exponer la vida por una salida más. La pesca siempre da revancha: si hoy no se puede, será mañana.

Este tipo de notas no buscan alarmar, sino generar conciencia. Así como se informa sobre lugares y técnicas, también es fundamental recordar cómo cuidarse. Por menos noticias trágicas y más jornadas felices en el agua.

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