La perseverancia tuvo premio. En uno de los últimos lances, un tiro preciso provocó la corrida soñada. El surubí tomó el señuelo y ofreció una pelea memorable. Foto: Daniel Console
La perseverancia tuvo premio. En uno de los últimos lances, un tiro preciso provocó la corrida soñada. El surubí tomó el señuelo y ofreció una pelea memorable. Foto: Daniel Console
La perseverancia tuvo premio. En uno de los últimos lances, un tiro preciso provocó la corrida soñada. El surubí tomó el señuelo y ofreció una pelea memorable. Foto: Daniel Console
La perseverancia tuvo premio. En uno de los últimos lances, un tiro preciso provocó la corrida soñada. El surubí tomó el señuelo y ofreció una pelea memorable. Foto: Daniel Console
Explosión de dorados, surubíes y bogas: una jornada inolvidable frente a Buenos Aires
El estuario rioplatense atraviesa uno de sus mejores momentos. Condiciones climáticas ideales, agua favorable y una notable presencia de especies generaron una jornada extraordinaria que combinó acción, variedad y grandes capturas.
Por Daniel Console
El Río de la Plata volvió a demostrar por qué es uno de los escenarios más apasionantes de la pesca deportiva argentina. Con condiciones climáticas estables, viento leve del sector noreste y niveles de agua favorables, el estuario ofreció una jornada de pesca excepcional, marcada por la diversidad de especies y piques constantes.
La salida comenzó bien temprano, apenas despuntaba el día, desde una guardería de Tigre. Juan Urbán, junto a su amigo José, encararon una aventura que superó ampliamente las expectativas. El primer destino fue la primera sección del Delta, donde la poca agua y el clima calmo crearon el escenario perfecto para buscar tarariras.
Utilizando equipos de bait cast y fly cast, lograron dar con varios ejemplares de muy buen porte a lo largo de la mañana, confirmando que la actividad estaba en pleno auge desde las primeras horas del día.
Rumbo al río abierto: bogas en plena actividad
Cerca del mediodía, con la motivación en alza, decidieron ir por más y salir a río abierto. Navegaron por el canal costero rumbo a la zona próxima al Club de Pescadores, a unos 700 metros de la costa. Entre el monumento a Colón y el club se extiende una franja de piedras sumergidas que alberga mejillón asiático, alimento clave para una de las especies más buscadas del estuario: la boga.
Anclados en una profundidad aproximada de tres metros, comenzaron los lances y los piques no tardaron en llegar. Salamín, pastas y masas con esencia de vainilla dulce y grasa de jamón crudo fueron algunas de las carnadas que dieron excelentes resultados. Harinas y cebos cárnicos también rindieron al máximo, confirmando la voracidad del momento.
Rumbo al río abierto
Cerca del mediodía, con la motivación en alza, decidieron ir por más y salir a río abierto. Navegaron por el canal costero rumbo a la zona próxima al Club de Pescadores, a unos 700 metros de la costa. Entre el monumento a Colón y el club se extiende una franja de piedras sumergidas que alberga mejillón asiático, alimento clave para una de las especies más buscadas del estuario: la boga.
Anclados en una profundidad aproximada de tres metros, comenzaron los lances y los piques no tardaron en llegar. Salamín, pastas y masas con esencia de vainilla dulce y grasa de jamón crudo fueron algunas de las carnadas que dieron excelentes resultados. Harinas y cebos cárnicos también rindieron al máximo, confirmando la voracidad del momento.
Dorados y patíes
Pasadas las 15, la actividad de bogas comenzó a mermar y aparecieron los bagres amarillos, que fueron conservados vivos pensando en las próximas capturas. Media hora más tarde, la decisión fue clara: encarar hacia las piedras del puerto, un clásico del Río de la Plata. Allí comenzaron los intentos al dorado, utilizando carnada y boyas cerca de las piedras. El primer pique no se hizo esperar y regaló un ejemplar que volvió electrizante la jornada. Poco después, una línea de fondo sorprendió con un gran patí, sumando otra especie al ya variado listado del día. Pero todavía faltaba la frutilla del postre.
El premio mayor
Con el sol bajando y las energías justas, la consigna fue golpear las piedras con señuelos, buscando una de las especies más anheladas del estuario: el surubí. Una primera corrida, potente y extensa, estuvo a punto de vaciar el carrete de multifilamento, pero el pez se soltó, dejando ese sabor amargo que todo pescador conoce.
La perseverancia tuvo premio. En uno de los últimos lances, un tiro preciso provocó la corrida soñada. El surubí tomó el señuelo y ofreció una pelea memorable. Al salir del agua, confirmó lo que ambos esperaban: una jornada completa, con calidad, cantidad y emoción. El Río de la Plata, como dicen quienes lo conocen bien, siempre paga. Y cuando lo hace, regala días que quedan grabados para siempre.
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