El telescopio espacial James Webb detectó agua y polvo recién formados alrededor de IRS 3, una estrella gigante roja situada a solo 0,55 años luz de Sagitario A Foto: NASA

La observación representa un hito científico clave porque demuestra que ciertos compuestos químicos complejos pueden resistir condiciones sumamente hostiles Foto: NASA

Este hallazgo sin precedentes se produjo en el entorno de IRS 3, una estrella gigante envejecida que se encuentra sumamente próxima al corazón galáctico Foto: NASA

HALLAZGO ESPACIAL HISTORICO

El James Webb detecta agua por primera vez junto al agujero negro de la Vía Láctea

Mediante el uso del telescopio espacial de la NASA, astrónomos confirmaron la supervivencia de componentes esenciales a solo 0,55 años luz del motor central de la Vía Láctea

El telescopio espacial James Webb logró detectar moléculas de agua y polvo cósmico en las inmediaciones del centro de nuestra Vía Láctea. Este hallazgo sin precedentes se produjo en el entorno de IRS 3, una estrella gigante envejecida que se encuentra sumamente próxima al corazón galáctico.

La observación representa un hito científico clave porque demuestra que ciertos compuestos químicos complejos pueden resistir condiciones sumamente hostiles, por lo que especialistas de todo el mundo celebraron este descubrimiento que aporta datos por demás valiosos acerca de la evolución del universo. 

La estrella IRS 3 se sitúa a una distancia de tan solo 0,55 años luz de Sagitario A*, el agujero negro supermasivo central. Se trata de una distancia extremadamente corta en términos astronómicos, un área donde la gravedad ejerce una fuerza colosal. Hasta el momento, la comunidad científica dudaba de que cualquier elemento volátil pudiera permanecer intacto en una región tan compleja. El astro, que transita las últimas etapas de su larga existencia, expulsa constantemente grandes cantidades de material hacia el espacio exterior.

Ante el asombro generalizado, el potente instrumento de infrarrojo medio del telescopio captó las señales inequívocas de H2O. La clave para la supervivencia de estas partículas radica en una densa envoltura de polvo que actúa como un verdadero escudo protector. Esta barrera física logra mitigar el impacto directo de la radiación extrema emitida de forma constante por el agujero negro, mientras que en las capas externas de dicha estructura, las temperaturas caen drásticamente, abriendo paso a la estabilidad molecular.

 

Un gran escudo contra la radiación

Los datos obtenidos por el James Webb también revelaron que la masa de este cuerpo celeste equivale aproximadamente a seis veces la de nuestro Sol. Los astrónomos estiman que su antigüedad alcanza los 72 millones de años, lo que la sitúa en una fase evolutiva avanzada. A través de potentes vientos estelares, el astro moribundo continúa sembrando su entorno con oxígeno y silicatos recién formados. Este fenómeno imprevisto confirma que los núcleos de las galaxias son escenarios dinámicos donde la materia se recicla continuamente.

Según explicaron los cientìficos, este espectacular hallazgo resulta fundamental porque redefine los modelos teóricos sobre la hostilidad en los entornos que rodean a los agujeros negros. "La persistencia de agua y polvo en zonas tan extremas sugiere que estos componentes esenciales podrían alimentar futuras generaciones de sistemas solares. Cada nueva observación del James Webb expande los horizontes del conocimiento humano y desafía las leyes astronómicas preestablecidas", señalaron desde la NASA. 

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