Dentro de un contexto de resurgimiento de numerosas lagunas en la provincia de Buenos Aires, impulsado por el aumento del nivel hídrico tras las últimas lluvias, el pejerrey comienza a decir presente de manera sostenida. Si bien en varios espejos los portes aún no sorprenden, los peces están, y la clave pasa por saber encontrarlos y pescarlos.
En ese escenario, la laguna La Boca, anteriormente conocida como San Lorenzo, aparece como una de las protagonistas. Ubicada a una distancia accesible de los grandes centros urbanos, se perfila como una opción concreta para esta temporada de otoño-invierno.

El clima manda
Uno de los factores determinantes en este ámbito es el viento. Es sabido que sin movimiento del agua, la oxigenación disminuye y el pejerrey se vuelve esquivo. En este espejo, se necesitan al menos 20 km/h de viento para activar el pique.

Pejerrey: 15 lagunas para un buen arranque
El relevamiento realizado por nuestro informante Gastón Milone lo deja en claro: una jornada sin viento puede resultar extremadamente difícil, mientras que el ingreso de aire y el descenso térmico cambian el panorama de manera radical.
Durante la última salida, en condiciones adversas, apenas lograron 30 pejerreyes entre dos pescadores, en un contexto donde otros botes directamente no registraron capturas. Incluso un guía, pescando en solitario, alcanzó solo seis piezas. Esto confirma una máxima que se repite en cada temporada: el pejerrey no se regala. Puede haber buena población, pero sin técnica, lectura del ambiente y elección adecuada de elementos, los resultados no aparecen.

Las claves de la jornada fueron pescar con brazoladas cortas, entre 10 y 20 cm. El pique estaba concentrado en esa franja, sin respuestas fuera de ese rango. Muy efectivos la mojarra y el filet de dientudo, siendo importante la elección precisa de boyas: un modelo blanco marcó la diferencia, con 20 capturas contra 10.
Dientudos: problema y solución
La presencia abundante de dientudos, típica en esta época con temperaturas aún elevadas, representa un doble desafío. Por un lado, interfieren en la pesca al adelantarse a las carnadas. Pero, al mismo tiempo, se transforman en un recurso clave: sus filetes resultan altamente efectivos para tentar a los pejerreyes más interesantes.

En La Boca, la modalidad es de pesca al garete. Anclarse suele traducirse en jornadas pobres o directamente en blanco. La clave está en trabajar la deriva, mantenerse activo y leer el agua en todo momento. Dentro de las capturas se destacaron ejemplares mayormente de medida (25 cm), con algunos de 35 cm y un destacado de 40 cm, confirmando que los buenos portes están presentes.
Todo indica que La Boca será una de las lagunas protagonistas del año. Su recuperación, sumada a su cercanía (dentro de los 200 km de los grandes centros urbanos), la posiciona como una alternativa ideal para el pescador pejerreyero, más en una temporada donde el rendimiento dependerá en gran medida del clima. Un destino para agendar que puede ofrecer jornadas muy interesantes.
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