Con las bajas temperaturas reinantes, las tarariras se ubican en pozones, bien pegadas al fondo de barro, lo que obliga a cambiar las estrategias. Foto: Néstor Saavedra.
Con las bajas temperaturas reinantes, las tarariras se ubican en pozones, bien pegadas al fondo de barro, lo que obliga a cambiar las estrategias. Foto: Néstor Saavedra.
Con las bajas temperaturas reinantes, las tarariras se ubican en pozones, bien pegadas al fondo de barro, lo que obliga a cambiar las estrategias. Foto: Néstor Saavedra.
Con las bajas temperaturas reinantes, las tarariras se ubican en pozones, bien pegadas al fondo de barro, lo que obliga a cambiar las estrategias. Foto: Néstor Saavedra.
Tarariras con pulóver
¿Cómo pescarlas con señuelos en pleno invierno? Un desafío para alargar la temporada del bait o el spinning y romper el mito de que no comen.
Por Néstor Saavedra
Pesco tarariras desde hace más de 50 años. Durante décadas creíamos que sólo picaban, máxime con señuelos, en primavera avanzada y verano. En 2002, un gran amigo y creador de señuelos, Alberto Juan, descubrió que atacaban artificiales en pleno invierno en aguas de la cuenca del Plata. Estaba pescando dorados en San Pedro y la lancha atracó al mediodía para descansar. Como su nieto le pedía pescar un rato, le dio un equipo con una pesada cuchara giratoria. El nene tiró mal y el señuelo cayó debajo de la embarcación, en un metro de agua. Cuando recogió para volver a intentarlo, clavó una tararira. Sorprendido, Alberto le pidió el equipo y pescó otra y otra. No era que no comían con agua fría, sino que no las sabíamos pescar.
Con el frío también pican
Durante los siguientes cinco años capturé muchísimas con señuelos en días de dos o tres grados de temperatura ambiente. Incluso, desafiando aguas más frías, las pesqué en un desagote de la laguna Todos los Santos, en 25 de Mayo. Pero, el frío intenso, con el corolario de la nevada del 2007 en buena parte de la Pampa Húmeda, hizo que esa temporada y varias siguientes no dieran resultados.
Varios años después se reaclimataron y algunos amigos se animaron a pescarlas, ya sea en salidas dirigidas a las tarariras o para mechar una jornada de pesca de pejerreyes, es decir, con dos equipos y técnicas bien diferentes.
Agustín y Daniel de @Fandelataru, tal como lo indica el nombre de su Instagram, no podían dejar pasar la oportunidad y uno de los fríos días del invierno de 2026 rumbearon con el guía Franco Casaccia al Río de la Plata. Durante la mañana pescaron pejerreyes y, a la tarde, se metieron en la zona de canales y aguajes de la isla Oyarvide para buscar tarariras. Iniciaron este desafío de la forma más recomendable: con carnada natural, en este caso, postas de sabalitos obtenidos a la salida de Tigre con atarraya.
Cómo engañarlas
La carnada fresca tiene algunos atractivos superiores a la artificial, como el olor, el sabor, la consistencia y la nula velocidad, lo que permite que sea más fácil detectar la presencia de tarariras. Tras piques y capturas seguidas es momento de sacar los señuelos, porque ya se sabe que los peces están en esa zona.
Anclaron la lancha para facilitar los lanzamientos a unos pozones. La tararira es un pez diseñado para alimentarse de animales que caza al acecho: con su color y formato se camufla fácilmente en el fondo fangoso durante la época fría, a la espera de alguna presa que transforma en víctima gracias a su boca amplia armada de dientes. En esa posición, además, ahorra energía y, por ende, no precisa sobrealimentarse. El reto para el pescador, entonces, es utilizar engaños que pasen muy cerca del fondo (desechar señuelos de superficie y subsuperficie), lo más lentamente posible. Además, los artificiales de goma permiten que el pez los muerda y retenga entre los dientes unos segundos más que los señuelos duros. En consecuencia, los muchachos usaron lo ideal: soft plastics que, dependiendo del peso y la línea, pueden ser acompañados por cuchara giratoria, ondulante, un pequeño plomito a un metro del anzuelo o un anzuelo offset, emplomado o común.
La técnica implica, además, traccionar lo más lentamente posible la gomita. E, incluso en muchos casos, dejar un par de segundos antes de clavar para que el pez, como dijimos, muerda más fuerte el plástico blando. Es importante, entonces, acompañar el pique que, en promedio, no es tan bruto como el que brinda esta especie cuando su metabolismo la induce a cazar en aguas más cálidas.
Se pueden usar equipos de bait o spinning (a comodidad del pescador). Los muchachos utilizaron, en el primer caso, caña de 12/20 libras (1 lb = 0,453 kg; suelen prenderse algunos ejemplares grandes), con reel cargado con multilfilamento de 0,28 mm; para spinning, caña de 12/17 libras, con reel equipado con multifibra del 0,30. No debe faltar un cable de acero fino, acorde con la línea, de no más de 20 cm de largo, con snap fuerte para asegurar el señuelo. No existe un color ni un formato definido de goma, por lo que conviene llevar variedad. Dependiendo del tamaño del artificial se usarán anzuelos 3/0 a 5/0 ensartados de tal manera que la punta sea cubierta por la misma goma para evitar enganches. Si las tarariras están comiendo muy lentamente y cuesta clavarlas, se puede liberar un poco más la punta del anzuelo, siempre que el fondo no esté muy sucio. Otro dato: si las tarariras son muy chicas, emplear señuelos más pequeños sin patas ni otros apéndices, ya que resultan mucho más efectivos para clavar.
Tener en cuenta que, aunque están creciendo las horas solares, todavía los días son cortos y el frío se hace sentir a la tardecita, por lo que no conviene empezar a pescarlas muy tarde, ya que se dispone de poco tiempo. Como siempre, aunque parezcan mucho más aletargados, tomen todas las precauciones para manipular peces con dientes filosos: boga grip, pinza de puntas largas y todo lo que les sea útil, valen menos que una lastimadura profunda. Obviamente, siempre con devolución, obligatoria desde la conciencia de practicar un deporte y no ir a buscar la comida para la tribu. Además, abrigarse bien. Hoy día la tecnología nos permite gozar de prendas excelentes para conservar el calor corporal y ya no tenemos que ponernos diarios entre la piel y la camiseta de frisa. No hay excusas. Sobre todo si tienen que viajar por ríos abiertos en lancha: el frío se hace sentir mucho más.
Toda la cuenca del Plata brinda esta posibilidad de pesca: el amplio Delta del Paraná con decenas de arroyos, charcos y playas hondas se suma al colector principal. Es cuestión de proponérselo. El motor impulsor resulta la pasión por la pesca con señuelos. No hay lógica sino unas ganas fuertes de extender la clásica temporada.
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