De costa a pie seco, vadeando o desde embarcaciones, el pejerrey es la especie más atrayente en el país en los meses más fríos. Foto: Weekend
Una serie de tips para los aficionados que arrancan con esta apasionante especie. Foto: Weekend
De costa a pie seco, vadeando o desde embarcaciones, el pejerrey es la especie más atrayente en el país en los meses más fríos. Foto: Weekend
El pejerrey bonaerense, entre la pesca deportiva y el desafío de una acuicultura sustentable
Investigaciones en genética, reproducción y manejo ambiental reavivan el interés por el cultivo controlado del pejerrey bonaerense, un pez característico de la región pampeana que podría convertirse en una fuente sustentable de alimentos sin perder su valor deportivo y ecológico.
Por Jorge Virgilio
El pejerrey bonaerense vuelve a ocupar un lugar central en la agenda científica, esta vez por su potencial para el desarrollo de una acuicultura sustentable basada en especies nativas. Estudios recientes en biología, genética y reproducción permiten proyectar, por primera vez con bases sólidas, un cultivo controlado que combine valor alimentario, bajo impacto ambiental y viabilidad productiva.
Ícono indiscutido de la pesca deportiva en Argentina, Uruguay y Brasil, el pejerrey es valorado por su carne blanca y sabor delicado. Pero además presenta una característica biológica poco común: su sexo no depende únicamente de la genética, sino también de factores ambientales, especialmente la temperatura durante el desarrollo temprano. Esta singularidad lo convirtió en un modelo de estudio a nivel internacional y despertó intentos de cría que se remontan a principios del siglo XX, en Chascomús, aunque durante décadas las limitaciones técnicas impidieron su consolidación productiva. Recién desde la década de 1980, con el impulso de colaboraciones científicas internacionales, comenzó a construirse un conocimiento capaz de superar esos obstáculos.
Un punto clave fue la publicación de una revisión científica en la revista Reviews in Aquaculture, elaborada por especialistas de Argentina, Japón, España, México y Brasil. El trabajo integró décadas de investigaciones y destacó que el pejerrey bonaerense reúne condiciones favorables para una acuicultura de bajo impacto ambiental. “El pejerrey es un pez oportunista, con una gran capacidad de adaptación”, explicó Gustavo Somoza, uno de los referentes del estudio y exdirector del Instituto Tecnológico de Chascomús. Esa plasticidad explica tanto su éxito ecológico como los desafíos para su manejo productivo en ambientes controlados.
Durante los últimos 40 años, los investigadores avanzaron sobre problemas clave como la baja supervivencia larval, el crecimiento lento y el control de la reproducción. La cooperación con la Agencia de Cooperación Internacional de Japón (JICA) fue fundamental, al igual que el desarrollo de alimentos balanceados específicos, que mejoraron el crecimiento y la resistencia del pez.
Otro avance decisivo fue el manejo de la reproducción mediante el control de la temperatura y el fotoperíodo, lo que permite programar la producción de huevos y larvas con mejores tasas de supervivencia. Además, se comprobó que el pejerrey puede criarse tanto en agua dulce como salobre, reduciendo el estrés y la incidencia de enfermedades. En laboratorio también se lograron ejemplares estériles, así como poblaciones de un solo sexo, estrategias que evitan reproducciones no deseadas y optimizan el crecimiento. A esto se suma la secuenciación completa del genoma del pejerrey bonaerense, un hito que abre la puerta a mejoras genéticas dirigidas.
“El desafío sigue siendo el crecimiento relativamente lento de la especie”, señaló el investigador Juan Ignacio Fernandino. Para abordarlo, los equipos científicos comenzaron a explorar herramientas de edición genética como CRISPR, siempre bajo criterios de bienestar animal y cuidado ambiental. Pese a los avances, los especialistas coinciden en que aún no existe una producción comercial sustentable del pejerrey bonaerense. El camino requiere más investigación, capacitación de recursos humanos, transferencia tecnológica y políticas públicas que acompañen el proceso.
Desde una mirada ecológica, el consenso es claro: priorizar especies nativas en la acuicultura reduce riesgos ambientales y evita la introducción de especies exóticas. En ese contexto, el pejerrey bonaerense aparece como una alternativa estratégica. Si ese proceso se consolida, el histórico “flecha de plata” podría ampliar su rol: seguir siendo protagonista de la pesca deportiva y, al mismo tiempo, convertirse en un actor relevante de la acuicultura argentina, con impacto positivo en la seguridad alimentaria, la economía regional y la conservación del ambiente.
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