Bagres de mar. Foto: Julio Pollero.

Bagres de mar. Foto: Julio Pollero.

Bagres de mar. Foto: Julio Pollero.

Bagres de mar. Foto: Julio Pollero.

Bagres de mar. Foto: Julio Pollero.

Bagres de mar. Foto: Julio Pollero.

Bagres de mar. Foto: Julio Pollero.

Bagres de mar. Foto: Julio Pollero.

AFIANZA SU PRESENCIA

Bagres de mar fuera de calendario

Ya no hay un mes fijo para capturar determinadas especies como sucedía años atrás. En esta oportunidad, los mimosos llegaron antes al Río de la Plata.

Por Julio Pollero

¿Viste cuando la pesca de una especie te quema los papeles? Bueno, eso viene pasando con la del bagre de mar en el estuario del Río de la Plata. Hace algunos años, el aficionado esperaba los meses de octubre y noviembre para practicar activamente la búsqueda de los mimosos o monchuelos (como también se los suele llamar), pero al día de hoy ya no existen fechas propias para capturarlos. Este año aparecieron algunos ejemplares por el mes de febrero multiplicándose hacia marzo y abril, algo impensado tiempo atrás. 

El bagre de mar ingresa al río para cumplir su ciclo reproductivo y el principal motivo es el desove. Remonta las aguas buscando zonas tranquilas con pozones y canales profundos, donde encuentran seguridad y alimento para sus crías. Una vez que los huevos son fertilizados, son los machos los que incuban en su boca a los alevines hasta que estén listos para nadar libremente. En cuanto a su pesca, se realiza siempre embarcado y de fondo, aunque hemos tenido noticias de que los han pescado, por ejemplo, desde el muelle del Club Guazú en la zona de Zárate (y es cierto porque una vez nosotros también lo hicimos). 

Equipos que funcionan

Para este tipo de pesca necesitamos cañas de 2,10 a 2,40 m de largo con acción de punta y capaces de arrojar hasta 400 g de plomo. No es un tiro a romper la caña, sino que debemos acompañar el lanzamiento para alejarlo de la lancha. Los reeles pueden ser frontales o rotativos con buena capacidad de hilo multifilamento del 0,20, o nylon monofilamento de 0,30 mm. La recomendación es utilizar multifilamento, a más fino menos resistencia a la correntada, lo que permitirá utilizar plomos más livianos (oscilan entre 100 y 400 g según la correntada), y conforman un elemento indispensable para lograr el éxito en este tipo de pesca. La línea es muy sencilla, puede ser fija con una brazolada de 1 m bien pegada al plomo. O corrediza, también con una brazolada entre 80 y 100 cm de largo.  Lo más importante de la línea y de la pesca es la plomada, y saber elegir la forma y el peso justo para que nuestro aparejo esté siempre apoyado en el fondo. 

Técnica adecuada 

Cuando se arroja el aparejo hay que sentir que la línea tocó fondo. Acto seguido, se le da un par de metros más de hilo y listo, a esperar el pique que se dará con sendos cabezazos del otro lado. Ojo, también existe otra forma de pescarlos, y es contra corriente: totalmente distinto y a veces bastante eficaz. En ese caso el equipo es el mismo que mencionamos, pero preferentemente cargando el reel con nylon de 0,25 a 0,30 mm y agregándole una salida de 0,65 o 0,70 mm sólo para aguantar el lanzamiento. La línea en este caso puede ser de dos brazoladas. Y el tiro se debe realizar hacia atrás o contracorriente, esperando que la plomada toque el fondo y cortando la salida de nylon. Aquí el pique lo notaremos con un aflojón de la línea, ya que nuestro pescado levantó el plomo y le ganó la fuerza de la correntada. Las carnadas más utilizadas son el calamar cortado en tiritas, la anchoa, la sardina y, a veces, el magrú. También podemos combinar un par de estas carnadas formando el famoso sanguchito. 

La zona sur del Río de la Plata ya había sido relevada por otro compañero de redacción, por lo que decidimos buscar el bagre de mar en algunos ríos principales de zona Norte, como el Paraná Bravo, el Sauce y el Paraná Guazú a la altura de Zárate. La idea era clara y, como hago habitualmente, me puse en contacto con el guía David del Valle, que merodea siempre toda esa zona. La conversación fue simple y concreta: “Venite porque esta lleno y se suben por los piolines”. Si a eso le sacamos la cuota de fanatismo para no decir mentira de pescador, la ecuación también nos daba un buen resultado,  así que sólo tuve que llamar a Ricardo Duacastella, más conocido como Cachete, y a Luis Yañez, alias Chichi. Ellos son como yo, escuchan el teléfono y ya dicen sí, así que sólo pusimos fecha y todo arreglado. 

Podríamos haber navegado desde las guarderías de zona Norte o salir desde los puentes de Zárate, pero elegimos nuevamente los servicios de David, quien sale desde Villa Paranacito con su lancha cabinada que nos cubriría del frio intenso de la jornada. David es un gran conocedor de todos los ámbitos que íbamos a recorrer, por eso elegimos su sabiduría y su vida isleña. Todos nos encontramos en una estación de servicio sobre avenida Panamericana y, luego de un desayuno reparador, fuimos directo al camping Top Malo, lugar desde donde partiríamos hacia nuestro primer destino, el Paraná Bravo. 

Primeros lances

Navegando tranquilamente por los brazos interiores en cercanías del río Uruguay y contando miles de anécdotas de pesca, tras unos 45 minutos llegamos al primer punto bien pegado a la costa, donde el guía tenía marcado un pozón al que llegamos gracias a las coordenadas del GPS. Una vez anclados en el lugar, terminamos de armar los equipos, cortamos las carnadas y uno de los pescadores con tonito sobrador dijo: “Concurso: Chichi y yo contra David y Julito”. Al final de la nota les cuento. 

Líneas al agua, dos a babor y dos a estribor, acomodamos los aparejos asegurando que se quedaran en el fondo y, cuando íbamos a dejar las cañas en el posacaña, ya acusamos pique. No pudimos acomodarnos que, con una clavada certera, ya teníamos el primer bagre de mar cabeceando en la otra punta de la línea. Un ejemplar de unos 6 kg que, a contracorriente, hizo valer su pelea. Así se fueron dando varios piques, con la suerte de que casi todos fueron concretados y –sinceramente– los portes nos llamaron la atención: ningún pescado fue inferior a los 3 kg de peso, llegando algunos incluso a los 7 u 8. Tremenda calidad en la pesca. 

Tras haber relevado ese pesquero levantamos ancla utilizando el método de la soga y el bidón, y navegamos unos pocos kilómetros hasta el río Sauce. Mismo procedimiento, ancla al agua, fondeo y a preparar la carnada que en este caso sería una tirita de calamar y un trozo de sardina (a veces pusimos uno de pejerrey y también picaban). Con mi compañero David veníamos haciendo las cosas muy bien y nuestros contrincantes hacían lo posible para que no pesquemos, aunque ellos no se quedaban atrás y lograban uno tras otro. 

Pasaron un par de barcos que nos levantaron el fondeo con la marejada, así que tuvimos que movernos buscando nuevamente el pozón. Otra vez líneas al agua y, quién sabe por qué cosas de la pesca, se nos cortó el pique, por lo que el guía decidió volver a nuestro primer lugar de fondeo. Como nos quedaba poco tiempo de pesca, nos cocinamos un par de pescaditos frescos a la plancha mientras mirábamos de reojo nuestras cañas. 

Con un relevamiento bien completo y la pesca más que realizada, decidimos pegar la vuelta hacia el camping. Guardamos todo prolijamente y a marcha confiable regresamos contando pescados, chistes y más anécdotas. ¡Ah! No me olvidé: pregúntenles a Cachete y a Chichi cómo termino la competencia. 

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