ATENEA es lo que en las misiones especiales se conoce como una secondary payload o carga útil secundaria, es decir, un pequeño satélite o dispositivo de menor tamaño que viaja al espacio en una nave cuyo lanzamiento está financiado por otra entidad Foto: CONICET
Además de los equipos de la CONAE y del IAR, los grupos argentinos involucrados en el desarrollo de ATENEA pertenecen a las facultades de ingeniería de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) y de la Universidad de Buenos Aires (UBA), la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM), la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) y la empresa Veng, S.A. Foto: CONICET
Atenea fue seleccionado entre unas 60 propuestas de las agencias espaciales de diversos países Foto: CONICET
Atenea está diseñado como una demostración tecnológica, con el objetivo de probar cargas útiles y sistemas espaciales innovadores Foto: CONICET
Así es el satélite argentino que forma parte de Artemis II
Se trata de Atenea, un CubeSat que tiene un formato y tamaño con el aspecto de una caja y que fue diseñado y fabricado íntegramente por científicos de nuestro país.
Artemis II -la primera misión espacial tripulada alrededor de la Luna desde 1972-, suscitó un enorme interés mundial, ya que junto a la misión central que fue liderada por la NASA, 4 satélites desarrollados en otros países acompañaron la partida de la nave principal, Oríon, con el propósito de cumplir objetivos complementarios.
Entre estos instrumentos, se encuentra Atenea que fue diseñado y construido íntegramente en la Argentina por la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) y diferentes instituciones del sistema de ciencia y técnica argentino, entre las que se encuentra el Instituto Argentino de Radioastronomía (IAR, CONICET-CIC-UNLP), dirigido por el investigador superior del CONICET Gustavo Esteban Romero.
Atenea: made in Argentina
Atenea es lo que en las misiones especiales se conoce como una secondary payload o carga útil secundaria, es decir, un pequeño satélite o dispositivo de menor tamaño que viaja al espacio en una nave cuyo lanzamiento está financiado por otra entidad. El proyecto tuvo como punto de partida la invitación de la NASA a la Argentina para presentar una propuesta que compitiera por un espacio entre los cuatro disponibles. ATENEA fue seleccionada entre unas 60 propuestas de las agencias espaciales de diversos países. Los otros países que contribuyeron con cargas secundarias fueron Alemania, Arabia Saudita y Corea del Sur.
Este novedoso satélite argentino está diseñado como una demostración tecnológica, con el objetivo de probar cargas útiles y sistemas espaciales innovadores. De esta manera, se busca fortalecer las capacidades nacionales en diseño, integración y operación de satélites, además de servir como plataforma de formación para jóvenes ingenieros y estudiantes.
Según explicaron sus creadores, los objetivos específicos del proyecto son varias, entre ellos diseñar procesos y organizar equipos multidisciplinarios para la ejecución rápida y de bajo costo de misiones satelitales; validar los procesos de ensamblaje, integración y ensayos para plataformas CubeSat; medir las dosis de radiación desde la órbita terrestre baja hasta el espacio profundo para mejorar los diseños basados en componentes comerciales; testear Fotomultiplicadores de Silicio (SiPM), para mediciones de fotones en el espectro visible; relevar datos de GPS para optimizar maniobras en órbitas de transferencia geostacionaria y cislunares; validar de enlaces de comunicación para futuras exploraciones del espacio profundo y fomentar los esfuerzos de colaboración entre la CONAE y la NASA dentro del programa Artemis.
El satélite argentino es un CubeSat, lo que significa que tiene un formato y tamaño estandarizado. Está formado por 12 cubos de 10x10x10 cm. En total es un instrumento de unos 20x20x30 cm, con el aspecto de una caja. Estos cubos albergan la electrónica y los sistemas que le permiten al instrumento funcionar. “El instrumento es un demostrador tecnológico que probó un sistema de comunicaciones para espacio profundo, muy lejos de la tierra, del tipo GPS pero más potente, y que midió radiación cósmica a esas distancias, lo que permitirá mejorar la electrónica de los futuros sistemas para que no se degraden rápidamente”, explicó Romero.
“Mientras duró la misión el equipo del IAR detectó el satélite en forma casi inmediata gracias a su estación terrena, y bajó los datos recabados por los instrumentos. En caso de que hubiese habido problemas de comunicaciones, el IAR hubiera utilizado sus modelos del instrumento para tratar de aportar una solución, cosa que no fue necesaria porque todo marchó de acuerdo a lo esperado. Ya bajados los datos y terminada la misión, ahora se procederá a su análisis”, concluyó el investigador argentino.
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