Tanto las escolleras como los frentes de piedra son sectores ideales para la búsqueda del pez palo y la pescadilla. Foto: Diego Fernández.
Tanto las escolleras como los frentes de piedra son sectores ideales para la búsqueda del pez palo y la pescadilla. Foto: Diego Fernández.
Tanto las escolleras como los frentes de piedra son sectores ideales para la búsqueda del pez palo y la pescadilla. Foto: Diego Fernández.
Tanto las escolleras como los frentes de piedra son sectores ideales para la búsqueda del pez palo y la pescadilla. Foto: Diego Fernández.
Tanto las escolleras como los frentes de piedra son sectores ideales para la búsqueda del pez palo y la pescadilla. Foto: Diego Fernández.
Tanto las escolleras como los frentes de piedra son sectores ideales para la búsqueda del pez palo y la pescadilla. Foto: Diego Fernández.
Variada de invierno: la alternativa del mar frío
Aunque las bajas temperaturas son sinónimo de pejerrey, existen algunas opciones que se ofrecen para pescar ejemplares más potentes. El pez palo y la pescadilla dominan la costa bonaerense, especies que tienen un alto valor culinario.
Por Diego Fernández
Casi como un manual del usuario no escrito, pero sí implícito desde lo tácito, durante los meses más fríos del año los pescadores se preparan casi exclusivamente para tentar al pejerrey, una costumbre típica del frente costero en la provincia de Buenos Aires. Salen a la cancha los equipos livianos, variedades de boyas y elementos de flotación, nylons finos, en detrimento de las cañas y reeles pesados que pasan a guardarse tras la batalla que sostuvieron durante el verano contra (sólo por nombrar una especie típica) la corvina rubia.
Sin embargo, aquellos pescadores que se resisten y se rebelan a esta tendencia gozan de algunas opciones muy interesantes que ofrece el mar aún cuando su temperatura es baja. Es ese grupo de especies conocido como la “variada de invierno” integrado por brótolas, rayas, bagres, palometas y anchoas, pero que tiene durante este 2026 a sus dos actores principales dominando la escena y llevándose los aplausos de los espectadores: el pez palo y la pescadilla; y aunque son bastante diferentes entre sí, comparten la característica de ser grandes cazadores marítimos.
El pez palo: cazador oculto
Su hábitat natural es el fondo del mar, siempre a menos de 50 m, más cerca de la costa. Apenas escondido en la arena, se mantiene expectante a la espera de su próxima presa, que pueden ser peces pequeños como la anchoíta o incluso calamaretes –para muchos las dos carnadas más efectivas, incluso combinadas–. Su enorme boca y sus filosos dientes suelen ser letales y, ante el ataque, es habitual que se trate de un pique eléctrico, con cabeceos, sacudidas fuertes y una interesante pelea sobre todo cuando está llegando a la superficie.
Esta especie permite hacer una pesca dirigida y buscarlo puntualmente cuando las condiciones están dadas. Firme durante los meses más fríos del invierno, el fondo arenoso y el color del agua son vitales. Es mejor si está un poco turbia y se siente cómodo en ese revoltijo que además inquieta a su alimento. Y si bien una línea clásica de variada puede dar con ellos, un aparejo de dos o tres brazoladas de unos 70 cm, con la última sobrepasando el plomo, puede marcar sustancialmente la diferencia.
Incluso los más experimentados evitan utilizar plomadas de destrabe para no penar con los enredos y trabajan la caña y el nylon bien tensos para no fallar en la clavada, dado que el pez palo no da demasiada chance y su ataque es voraz y directo. Ya sea desde la playa, costanera, espigón o escollera, su captura es celebrada gracias a su gran valor culinario. Uno de los principales puntos de pesca de esta especie es la Escollera Norte de Mar del Plata, donde se dieron los mejores resultados las últimas semanas, aunque también salieron en varios frentes de piedra del norte marplatense.
Pescadilla: el plato exquisito
Debe considerarse, en rigor de verdad, que quizás no sea la más atractiva para pescarla. El pique es violento pero, una vez pinchada del anzuelo, no suele dar mucha pelea. A veces su tamaño no es el más buscado (ejemplares pequeños conocidos como pescadillolas) y eso la aleja de los primeros planos. Sin embargo, posee en sí misma ciertos atributos que invitan a dar con ella. Suele aparecer en amplios cardúmenes, lo que permite dobletes y tripletes, y que la convierten en una captura rendidora por lo abundante.
Pero la principal característica destaca por su enorme y alto valor gastronómico. Es un pescado blanco y magro, famoso por su carne suave y bajo aporte calórico, y por eso es tan codiciado para los platos de las mesas argentinas. Conocedor como pocos, el pescador deportivo aprovecha aquellos momentos más frescos cuando el mar está tranquilo, fundamentalmente limpio y claro, para buscarlo. Dada su extensa distribución geográfica (habita en el Atlántico Sudoccidental) es muy difícil no dar con ella.
Su dieta fundamental son los pequeños crustáceos (camarón blanco, camarón, langostino), peces pequeños como la anchoíta y plancton gelatinoso (medusas, ctenóforos), e incluso hay estudios científicos que demostraron canibalismo. Suele mantenerse a media agua, dado que la pescadilla también tiene hábitos de tipo predador, con una boca amplia y que destaca por sobre el resto de su cuerpo. Con estos datos, se desprende que la combinación de anchoíta con camarón o langostino es una carnada más que efectiva y suficiente para poder pescarlas.
La mejor técnica
La parada de agua y el comienzo de la bajante suelen ser dos buenos momentos para intentar con ella. Funciona muy bien un aparejo de dos o tres brazoladas de unos 80 cm cada 85, la última de ellas que trabaje sobre el plomo (no rastrera). La clave principal radica en el uso de una boya elevadora tipo aceituna, de unos 20 mm, que no es usada como indicador de pique, sino que trabaja hundida y le da desplazamiento a la línea. Y por eso es central tener paciencia y trabajar con el nylon del reel flojo para garantizar ese movimiento que seguramente llamará su atención.
La llegada del invierno a la costa bonaerense pone en práctica la pericia del pescador, sobre todo la de aquél que no disfruta del pejerrey ni de su actitud liviana. Y es por eso que ha encontrado en el pez palo y en la pescadilla dos aliados inestimables que garantizan no sólo captura y diversión, sino también alimento de lujo. Incluso cuando se mueven diferente y no gustan de las mismas condiciones, se han convertido en la mejor opción para el deleite de los cañófilos que enfrentan el frío sin problemas con tal de no perderse la oportunidad de estar un ratito, caña en mano, disfrutando del mar.
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