Miércoles 12 de agosto de 2020
TURISMO | 12-12-2019 13:44

Vivir bajo tierra: un recorrido por las cuevas de Granada

En la provincia española hay miles de cavernas conteniendo hoteles, restaurantes, tablaos gitanos y viviendas. Arte y lujos subterráneos en barrios trogloditas.
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“Dale una limosna, mujer, que no hay nada más triste que ser ciego en Granada”, reza un azulejo frente a la catedral de la capital granadina donde comienzo a caminar hacia las callejuelas del Albaicín medieval, que trepan el Sacromonte horadado como un queso: allí hay centenares de cuevas con tablaos flamencos de gitanos, casas y hoteles con vista a los palacios de La Alhambra. En lo que parece un barrio residencial troglodita, me acerco a la entrada de una casa y me recibe Mali, un mexicano bonachón invitándome a pasar a su cueva de alquiler, su última inversión. Es una casa-túnel con varias salas y cuartos donde “los viajeros duermen horas y horas disfrutando de un silencio perfecto sin eco y a prueba de todo, por más que afuera llueva o relampaguee. La pieza del fondo, por ejemplo, está 35 metros adentro de la montaña”. Mientras acaricia su Porsche rojo estacionado junto a la cueva, Mali explica que, lo que durante siglos han sido casas de marginados fuera de la muralla medieval -moros, gitanos y judíos- hoy ha cambiado en esta parte del Sacromonte: “los de dinero se dieron cuenta la delicia que es vivir aquí”.

Viajo una hora al pueblo de Guadix para sumergirme un poco más en la cultura troglodita: de sus 19.000 habitantes, unos 3000 viven en un millar de casas-cueva agrupadas en un barrio. Por un lado están los hoteles y restaurantes cavernarios, pero resulta fácil entrar a casas comunes, especialmente aquellas donde viven familias con hasta diez gitanos, quienes solicitan una propina. A veces no parecen cuevas: tienen un cuarto exterior como fachada, aunque las delatan las chimeneas encaladas de los respiraderos y lucernarios brotando de la montaña. En el siglo XVII fue el apogeo troglodita en la zona, cuando la mitad de la población vivía dentro de los cerros. Hoy pertenecen, en general, a familias más pobres o ancianos que no quieren cambiar su estilo de vida. Pero tienen piso de cemento, termotanque, luz y el baño siempre afuera. Hay casas enormes que ocupan un cerro entero: no hay límite para seguir extendiéndolas, a menos que haya vecinos. Son cálidas en invierno y frescas en verano, manteniendo una temperatura de 18º C sin humedad.

Los “covarrones” más antiguos de la provincia se remontan al siglo XI en tiempos del Califato de Córdoba -algunos son de origen natural y otros excavados a pico y pala hasta hoy- y están habitados de manera continua desde hace siglos. En los museos de las casas-cueva de Guadix y en el Sacromonte se comprueba que tenían corrales subterráneos (marraneras), depósitos de embutidos y sala de herramientas. Algunas estaban camufladas con algo de fortaleza y la ventilación era con pequeños ventanucos y una puerta de dos hojas que permite la apertura de su parte superior. La fachada puede estar encalada o reforzada en ladrillo u hormigón. Son casas con “techo” bajo y pasadizos laberínticos, a veces tienen balcones y patios interiores a cielo abierto allí donde la orografía lo permite. Las más lujosas -en el contexto lúdico de volver a las cavernas- tienen hasta baño sauna.

Más información: http://www.turgranada.es/dormir-en-casas-cueva/

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Julián Varsavsky

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