Martes 2 de junio de 2020
TURISMO | 08-10-2019 13:21

Sueños isleños en el Delta

Noches de relax cerca del agua; bungalows, dúplex y casonas antiguas para sumergirse en las entrañas de Tigre. También gastronomía variada y actividades.
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El Delta es un submundo donde, gracias al agua, la civilización entra a cuenta gotas: hay diez veces más verde que urbe. En este archipiélago selvático el río protege: para atravesarlo se requiere logística náutica. Esto convierte a los 15.000 habitantes isleños en una especie de tribu moderna con su propia cosmovisión y modo de vida. Cada uno de ellos irradia el halo romántico de un capitán: son todos navegantes, personas profundamente ligadas al vaivén de las aguas. Y para sumergirse en esa cultura no basta un simple paseo en lancha: hay que quedarse a dormir y palpar sus entrañas salvajes, sentir el silencio sonoro de la noche y la respiración de ese gran cuerpo viviente que es el Delta
Quedarse implica luego, salir a caminar o remar por los vecindarios acuáticos de esta Venecia rioplatense y bárbara, donde hay ambulancias y almacenes flotantes –mayoristas y minoristas–, heladerías con motor fuera de borda y hasta hubo una iglesia anclada. Los isleños tienen su argot ligado a la circunstancia fluvial que los constituye: “se viene la marea” es una frase que, para nosotros forasteros, es señal de alarma. Pero el tigrense la tiene naturalizada. Significa que sopla la sudestada y las aguas subirán en horas, inundándolo todo desde abajo de la tierra esponjosa. En ese caso, al abrir la puerta de la cabaña –sin que haya llovido– uno descubre agua a sus pies y el paisaje remite a esos bungalows marinos de Polinesia. A continuación, doce opciones para ir a dormir al Delta, un plan sencillo de fuga para vivenciar esa calma verde a destiempo del mundo, a las puertas de la asfixiante gran ciudad.  

Isla Caribetá

El amplio complejo de estas cabañas mide nueve hectáreas en las que hay cuatro cabañas y dos departamentos que alojan de dos a seis personas. Por su frente pasa el arroyo Caraguatá, por los costados otros dos y por el centro uno más que es casi un hilo de agua. Por eso hay aquí puentecitos creando cierto aire a jardín japonés. Se tardan 30 minutos hasta el lugar, en una zona bastante despoblada. La piscina es a la antigua: tan larga como para poder nadar. Además, hay un gran jacuzzi y otra piscina climatizada. Las cabañas huelen a pino y están equipadas con DirecTV, reproductor de DVD, parrilla, cocina con horno y vajilla. Están muy separadas entre sí y elevadas 2,5 metros sobre el suelo, rodeadas totalmente por vegetación. Los departamentos están sobre la costa, casi encima del agua. Además de dormir allí, ir a pasar el día es un muy buen plan. Desperdigados en el terreno hay seis gazebos donde sentarse a comer con privacidad (incluso a la luz de la luna). Todas las construcciones están elevadas del suelo y unidas entre sí para poder desplazarse en días de sudestada. Los visitantes pueden traerse su comida, aunque existe un restaurante bastante económico. Los domingos hay asado y el menú del día suele incluir cazuela de mariscos y filet de merluza a la romana. Entre los árboles cuelgan hamacas paraguayas y la fauna se hace presente seguido: martines pescadores que cazan a la vista de todos, colibríes que anidan a dos metros de altura, chiricotes de copete azul, nutrias y garzas blancas y moras. Para los inquietos hay cancha de vóley, alquier de kayak y juegos infantiles. Una noche de alojamiento en habitación doble con desayuno –dos días y una noche– cuesta $ 3.500. www.islacaribeta.com.ar

El Sitio Dorado

A 45 minutos de la estación fluvial, este complejo tiene nueve cabañas de madera –triples y séxtuples– elevadas sobre pilotes a 1,5 metros de altura. Queda en la Segunda Sección del Delta, algo alejado y allí está la gracia: hay un mínimo tráfico de lanchas y sosiego absoluto. Al frente pasa el río. Y por detrás y a los costados, un arroyo subraya la idea de estar protegido por las aguas. Si hay sudestada, se potencia la belleza porque el paisaje se duplica invertido en el espejo líquido a ras de tierra: los empleados traen el desayuno en kayak. Hay tres perros viejos que cuidan casi por deporte, tortugas de agua y un pantano en el centro de la isla con garzas, gallaretas y una pareja de nutrias con tres crías. La idea es que los huéspedes salgan a caminar y explorar. La pileta también la pueden disfrutar quienes vienen a pasar el día, al igual que las mesas de ping pong y pool, y las parrillas con mesas: uno puede traer su propia comida. Las cabañas con DirecTV tienen vajilla completa, horno y sartén. Una densa selva rodea las 2,5 hectáreas de El Sitio Dorado. Pero su interior está parquizado. La planicie central parece un campo de golf y alrededor crecen centenares de hortensias amarillas, azaleas, rosas, glicinas y santa ritas. Las arboledas se componen de robles de pantano donde se posan aguiluchos y caranchos, ceibos, liquidámbares, sauces llorones en la costa y sólidas casuarinas. Hay quienes vienen solo a comer en el restaurante los suculentos asados dominicales, pizzas y pastas caseras. Muchos huéspedes se traen la caña para probar suerte en tres muelles donde salen algunos bagres, carpas, doradillos, patíes y viejas de agua. Una noche de alojamiento en cabaña para dos personas con desayuno cuesta $ 6.000. www.elsitiodorado.com.ar

Mi Rancho

El complejo tiene rasgos singulares muy valorados. El primero es la cercanía: queda a 15 minutos de la estación fluvial sobre el río Sarmiento. El segundo plus son el horno de barro y la parrilla: cada quien cocina su asado. Los dueños de casa son Gabriel Aquino –cineasta– y Ana Benghiat, quienes viven aquí y atienden a los huéspedes. Casi siempre terminan invitados al asado (ellos retribuyen con vino). Por un lado, hay cuatro cabañas de dos pisos (cama matrimonial arriba e individuales abajo) y tres casas separadas y amuralladas de verde para alquilar (tienen parrilla propia). Hay un tercer cuerpo de habitaciones –las más modernas– a las que se llega caminando por un entablonado: tienen vista al río, techo y piso de madera y un deck privado. El complejo mide 2.000 m2  incluyendo un parque y una playita. Detrás está el pequeño barrio isleño Las Hortensias, donde la gente vive con sus gatos, perros y gallinas. Y luego hay un monte virgen con bosque para caminar. El desayuno Gabriel lo deja con una bandeja en cada cabaña: café, budines y pan recién comprado en la lancha-panadería que pasa cada mañana. Desde Mi Rancho se contratan salidas en kayak –diurnas y nocturnas– y hay un muelle con posacañas. Algunos huéspedes toman una lancha para ir a almorzar en la zona de Tres Bocas en el restaurante El Hornero. También suelen ir –o encargan delivery– al cercano y novedoso restaurante Kanoo (pacú a la parrila y ravioles de yacaré). Los servicios incluyen juegos para chicos, ping pong y metegol. La política de mascotas es pet-friendly. El alojamiento por una noche y dos días para dos personas cuesta $ 3.200. www.miranchodelta.blogspot.com

Atelier

A una hora de la estación fluvial, Atelier es un complejo de diez cabañas con frente triangular levantadas entre un lago y el río Capitán, rodeadas por doscientos naranjos, mandarinos, perales y ciruelos. “Hace 62 años que estamos aquí”, dice Sergio Fráncica y cuesta creerle. Pero sí: viene a esta isla desde los 11 meses de edad cuando lo traía su padre, quien empezó con una quinta productiva y en 1959 inauguró el alojamiento (el dueño de casa hizo la primaria en una isla cercana). Muchas personas llegan aquí solo a pasar el día y almorzar con vista al río y disfrutar la piscina. La gastronomía es capítulo aparte: una velada puede comenzar con pan caliente recién horneado y una provoleta con cebollas caramelizadas. Como plato principal sobresalen el pollo al ajillo con papas españolas y el bife de costilla. Las frutas son de la huerta al igual que la acelga, la lechuga, la remolacha y el tomate. Los panqueques de dulce de leche y el flan casero son de antología. Las cabañas tienen salamandra a leña –abren todos los días así sea para una sola persona–, heladera, cafetera y pantalla LED. En una hectárea y media de parque se elevan sauces, álamos, casuarinas, ceibos y cipreses, decorados a ras de tierra con hortensias, azaleas y camelias. Bajo la noche el silencio en las cabañas es total, salvo por los percusivos roedores tucutucu y el búho tamborcito, cuyo nombre es por el sonido que emite para llamar a su pareja (a veces aparece con sus grandes ojos en el alero de una cabaña). En los frutales los huéspedes toman de los árboles alguna de las cinco variedades de mandarina, pomelos o higos, y observan aves como el rojinegro federal, cabecitas negras, jilgueros, calandrias y horneros. El alojamiento por un día y una noche con una cena, un desayuno y un almuerzo cuesta $ 2.600 por persona. Más información. www.hosteriaatelier.com.ar

Villa Victoria 

Dentro del entramado laberíntico de calles y callejones de la zona fundacional de Tigre continental –que también es una isla a la que se llega en auto– se levanta el hotel boutique Villa Victoria, un palacete de 1920 encargado por un duque español. La casa cambió de dueño varias veces y cada uno le hizo reformas a su gusto, entre ellos un empresario maderero que decoró los interiores con maderas nobles: un hogar a leña finamente tallado, una suntuosa escalera y finas puertas y ventanas. Resultado de los cambios que cada dueño adosó a la blanca fachada, el estilo actual es de un eclecticismo donde quedan rasgos de su neoclasicismo original con pilastras (falsas columnas). El edificio central tiene 3 arañas de candiles centenarias y una galería lateral con arcos que da a un jardín de 3.000 m2 con dos piscinas rodeadas por enredaderas santa rita, palmeras africanas, una magnolia bicentenaria, jazmines, cactus, rosas, limoneros y naranjos. Al aire libre hay ánforas griegas, sillas y mesas de mármol, y una barroca proliferación con enredaderas que van cubriendo las paredes de la casona y los troncos de los arboles donde los colibríes se acercan a libar en flores color violeta. Una noche de alojamiento en habitación doble con desayuno cuesta $ 3.300 más IVA. www.hotelvillavictoria.com.ar

Villa Julia

En el Paseo Victorica de Tigre continental se construyó en 1913 la mansión Villa Julia con un estilo neoclásico italiano. Pasar una noche galante frente al río Luján tiene algo de viaje lúdico en el tiempo. Al poner un pie dentro de este edificio de dos pisos, se entra en el ambiente suntuoso de la belle époque, cuando la alta sociedad porteña construía sus casas quinta en la zona. Dentro de sus tres pisos con exteriores revestidos en piedra París, uno habita en una película de los años ‘30. En las galerías exteriores se erigen columnas toscanas y en las paredes perduran las palancas giratorias de baquelita con marcos de bronce para encender las luces. Las enormes y señoriales habitaciones tienen baños que parecen parte de un museo de decoración antigua: mayólicas policromadas estilo romano en las paredes, duchas de porcelana en forma de flor, bañeras con patas de león e inodoros Britton originales. El hotel tiene siete habitaciones y un gran espacio público con vitreaux multicolores, suelo de mosaico pompeyano y un restaurante con piso de roble de Eslavonia que se extiende por la galería abierta. Los días templados se come en mesas sobre el pasto del jardín con palmeras, un camino de rosas blancas y una profusión de calas y agapantos azules. Una noche de alojamiento en habitación doble con desayuno cuesta $ 2.200. www.villajuliaresort.com.ar

Aires del Delta

Sobre el río Sarmiento –a 10 minutos de la estación fluvial– está Aires del Delta, un complejo de 16 cabañas de dos pisos revestidas con troncos junto a una piscina. Están equipadas con TV, cocina, microondas, heladera, vajilla y palo de amasar, y tienen una parrilla a unos metros. El asado se puede saborear en la cabaña o en un quincho. Algunos optan por ir a almorzar al vecino recreo El Alcázar, o cruzar el río hasta el restaurante de Delta en Kayak. Uno de los perfiles de este lugar es el deportivo: hay una cancha de fútbol mediana con césped, otra de vóley, una cesta de basket y mesa de ping pong. El otro es su política pet-friendly: ofrecen una camita para el perro. Al fondo hay un parque arbolado con sauces, palmeras, pinos, robles, limoneros, pomelos y mandarinos. Noche de alojamiento en cabaña para dos cuesta $ 5.800. www.airesdeldelta.com.ar

Delta Eco Hotel 

A orillas del río Carapachay, está este complejo con 16 habitaciones standard, 4 superiores y 19 bungalows de madera –la mayoría con hidromasaje– elevados al estilo isleño y unidos por pasarelas de madera. Su perfil es de lujo en la naturaleza con un completo spa y una piscina climatizada dentro de un gran cubo de cristal, y otras dos al aire libre (una posee nado contra corriente). Las cabañas tienen alto nivel de intimidad y al mirar por sus amplios ventanales –incluso desde la cama– hay 180° de verde y agua. Al levantarse en la mañana es común encontrar una gran pava de monte parada en la baranda del deck privado. En el spa hay un circuito de hidroterapia: cinco minutos de sauna a vapor, una ducha fría, 10 minutos de sauna seco, una nueva ducha fría y un descanso en la sala de relax. Y se termina con una caminata de reflexología sin calzado por los 30 metros de un sendero con piedras y agua hasta los tobillos, que estimula las terminaciones nerviosas de la planta de los pies. El ocio activo pero placentero continúa con baños en un jacuzzi al aire libre (o en el climatizado si hace frío). Además se hacen aplicaciones corporales de chocolate y masajes con piedras calientes, reductores y descontracturantes con aromas esenciales. Alrededor hay un sendero de caminata en la naturaleza que recorre el contorno de la isla en una hora. También se sale a remar en canoa por un cirtuito propio. En la noche la fauna rampante e invisible se hace oir: el uh uh uh de los búhos fisgones, el croar fiestivo de las ranas y el cri cri cri de los grillos insomnes. La habitación doble con pensión completa –una noche dos días– cuesta desde $ 15.558. www.deltaeco.com.ar

Cabañas del Espera 

A 30 minutos de la estación fluvial –río Espera– alojan de dos a seis personas en medio de un parque arbolado de ocho hectáreas. Los huéspedes suelen sacar la mesa al jardín para comer asados preparados en parrillas individuales, mientras los niños juegan en la piscina con tobogán y un balde gigante que les arroja encima una momentánea y gran catarata de agua. Un rasgo muy singular es la playa de arena de 20 metros de ancho. El perfil contemplativo de este complejo incluye bancos a la sombra de sauces llorones frente al río. Las instalaciones incluyen un arenero para los niños, sala de juegos, ping pong, pool, metegol, piscina con solárium, muelle de pesca y una cancha de fútbol. Las cabañas tienen tres ambientes con vista al río, sommiers de calidad, calefacción central, aire acondicionado, DirecTV, microondas, heladera, equipo de música, tostadora y vajilla completa. El alojamiento dos días y una noche para dos personas cuesta $ 6.240. www.cabaniasdelespera.com.ar

Alpenhaus 

Cuando la lancha colectiva se acerca al muelle del complejo de cabañas Alpenhaus, junto al arroyo Rama Negra, Susana Holzer de Krieg –austríaca de nacimiento– ya está esperando con su perro salchicha a los huéspedes de sus tres bungalows con hidromasajes, una cabaña y dos chalets, todos con techo a dos aguas estilo alpino centroeuropeo. En el edificio central está el íntimo comedor panorámico, donde la sensación es la de estar en Austria: hay una sobrecargada decoración alpina con un barroco reloj cucú y las tradicionales brujas alemanas colgando del techo, más un sinfín de vasos de cerveza, fotos y adornos que denotan la alegre añoranza de los dueños de casa por los paraísos montañosos del centro de Europa. El complejo tiene además un sauna seco y una sala de masajes con piedras calientes, descontracturantes y faciales. Una propuesta es el día de spa con almuerzo y caminata. Hay una piscina y los bungalows están equipados con cocina, heladera y vajilla. Desde Alpenhaus se hacen algunas de las mejores caminatas por el delta, incluyendo la visita a un gigante cañaveral. El restaurante se especializa en comidas centroeuropeas como goulash de ternera o de pollo con spatzle, fondue de queso y salchichas de Viena con papas doradas y chucrut. De postre hay strudel de manzana y torta selva negra. La habitación doble –una noche y dos días con desayuno– cuesta desde $ 7.900. www.alpenhaus.com.ar

Solar del Delta

Sobre el ancho río Paraná de las Palmas –en el cruce con el arroyo Cruz Colorada– este hotel tiene habitaciones muy espaciosas con aire acondicionado y calefacción. Su onda es playera con bar y música en un predio de 7 ha donde hay canchas de fútbol, tenis, beach volley y senderos para caminatas. En su frente costero con pasto verde y arena hay reposeras, sombrillas de palma y una gran piscina. Queda a casi 2 horas de la estación fluvial y gracias a su lejanía de la zona urbana, el cielo estrellado se capta en toda su dimensión. El alojamiento por una noche y dos días, pensión competa con una bebida, paseos en kayak, sesiones de hidromasaje en el pequeño spa y un masaje, cuesta $ 3.799 por persona. www.solardeldelta.com.ar 

La Morada

A 30 minutos de la estación fluvial de Tigre, la hostería La Morada tiene seis habitaciones –algunas con yacuzzi– y una cabaña, frente al arroyo Caraguatá. En un parque arbolado están la piscina con hidromasaje y un deck-solárium con vista al bosque. Hay quienes optan por la reposada pesca y otros por el remo en canoa o kayak. También hay reposeras y hamacas paraguayas. Las opciones deportivas se completan con vóley playero, ping pong y caminatas. Además hay una parrilla y un horno de barro. El alojamiento por dos días y dos noches (viernes a domingo a la tarde) cuesta $ 3.880 por persona (incluye dos desayunos y dos cenas). www.moradadelta.com

Precios vigentes a la fecha de la edición de esta nota, septiembre 2019.

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Julián Varsavsky

Julián Varsavsky

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