lunes 24 de febrero de 2020
25-01-2016 11:29 | SITIOS EXTERNOS

Tarariras: el lado B de Villa Paranacito

Infinidad de ríos y arroyos que están bien poblados por las siempre combativas tarariras. Nota con video. Ver galería de imágenes

Resistiendo como junco a orillas de río, la Venecia Argentina enriquece al delta entrerriano con su encanto paisajístico capaz de vestir de ciudad al rincón más natural

de la provincia. Portal de salida frecuente al río Uruguay para probar con grandes dorados, o para navegarlo aguas abajo hasta el Bravo o el Gutiérrez para buscar al tigre de los ríos o el bagre de mar, es menos difundida su rica pesca de arroyos interiores, esos que –comprendidos entre la ruta nacional 12 y la Villa– ofrecen un verdadero laberinto hídrico ideal para tentar hermosas tarariras.

Calmas sus aguas, tapiadas a veces de repollitos, camalotes y vegetación subacuática, sistemas lénticos como los del Sagastume Grande y Chico, el río Grande, y múltiples riachos menores y lagunas que se llenan en tiempos de desborde, brindan al pescador

de Hoplias la verdadera patria de la tararira a pocos kilómetros de Buenos Aires y Zárate.

En esta ocasión contamos con dos visitas especiales, que se tomaron un descanso –caña en mano– de sus competitivas disciplinas deportivas: el tenista correntino Leonardo El Yacaré Mayer y el campeón de Súper TC 2000 Néstor Bebu Girolami. Ambos aceptaron acompañarnos a una recorrida de la mano de dos experimentados guías de Villa Paranacito como son Claudio Lesik y Sergio Bossalini, quienes consiguieron permisos especiales para entrar a campos privados y relevar arroyos prístinos y casi

nunca pescados, acaso por considerar la pesca de tarariras un plan secundario frente a la oferta de buenos dorados del río Uruguay.

https://www.youtube.com/watch?v=hlXnetmzmWk&feature=youtu.be

Armados de equipos de bait de 6-17 libras (1 libra: 0,453 kilos) y de spinning liviano, con bolsitos walker para transportar cajitas de señuelos, visitamos varios puntos rendidores donde podíamos llegar con el auto al lado del curso elegido y salir a testear los claros

entre vegetación. Estos tapones de plantas generaban un agua decantada y clara, comúnmente llamada “agua negra” porque su transparencia deja ver el fondo oscuro, en donde operar señuelos de superficie y subsuperficie era lo aconsejado por nuestros amigos locales que habían relevado el ámbito en la previa logrando más de 100 ejemplares afuera.

Así las cosas, empezamos con top waters con hélices y paseantes, generando ataques de inmediato. A diferencia de los intentos con señuelos de látex que a veces se realizan en dos tiempos dejando que la tararira masque el engaño antes de clavar, esta pesca

con cranks de superficie es bien de acción-reacción, por lo que nuestros invitados tardaron un poco en tomarle la mano mientras los guías, por el contrario, demostraron su sapiencia en la materia. Pero lo entretenido es que, tarucha que no se pincha, vuelve

a atacar. Es solo cuestión de pasarle otra vez el señuelo y esperar que acierten las dentelladas a modelos como el Heddon Torpedo, el Rapala Skitter Walker o los Viper de Marina Sports.

Nota publicada en la edición 520 de Weekend, enero de 2016. Si querés adquirir el ejemplar, pedíselo a tu canillita o llamá al Tel.: (011) 5985-4224. Para suscribirte a la revista y recibirla sin cargo en tu domicilio, clickeá aquí.

25 de enero de 2016

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Etiquetas: Pesca Tarariras Villa Paranacito Taruchas
Wilmar Merino

Wilmar Merino

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