viernes 28 de febrero de 2020
21-10-2016 11:17 | PESCA

Bagres de mar al paso por el estuario

La especie viaja durante decenas de kilómetros hasta el punto donde desovan, grandes piques y mucha diversión. Ver galería de imágenes

Cuando propuse realizar una pesca de bagres de mar en el mes de agosto, todos mis amigos me miraron con cara extraña y preguntándose: pero si estamos en lo mejor de la pesca del pejerrey en el Río de la Plata, para qué cambiar con algo que aún le falta y mucho. Mi corazonada fue el masivo ingreso de las sardinas al estuario, especie por la cual los mimosos, o bagres de mar, sienten devoción. Este tipo de bagres viven en aguas salobres y entran al estuario del Plata para su reproducción, recorriendo grandes distancias y penetrando en varios de nuestros principales ríos.

El bagre de mar

Su entrada es masiva, y durante los meses de octubre y noviembre se da el mejor momento para realizar su pesca. El cardumen de mimosos siempre navega a media agua y muchas veces se lo ve saltar, cosa que parece imposible pero ocurre a la vista de cualquier pescador. A pesar de este comportamiento, la especie se alimenta en el fondo de cada uno de los ríos, comiendo bien en su lecho y seleccionando su comida con sumo cuidado.

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Lugares de pesca

Como para nombrar algunos de los principales sitios con posibilidades de captura, sobre el recorrido del canal Buenos Aires vamos a encontrar varios puntos de pesca en diferentes situaciones, como son los veriles, pozos y caídas en sectores de mucha profundidad. Otro de los buenos lugares posibles es el canal del Infierno, que posee casi las mismas características que el anterior.

Los ríos Paraná de las Palmas y Paraná Guazú son dos grandes pesqueros, uno con mayor difusión en este tipo de pesca que otro. Sobre el Palmas hay varios puntos estratégicos donde el bagre de mar pasa y podemos obtener muy buenas pescas sobre el final de la temporada. Algunos de esos lugares podríamos decir que son los pozos profundos en la zona del club Escobar, y aguas abajo de la costa llamada La Fábrica.

En cambio, sobre el Paraná Guazú los lugares de pesca son infinitos si tomamos solamente el tramo que va desde los puentes de Zárate Brazo Largo hasta la desembocadura en el Río de la Plata, a la altura de la boya del Kilómetro 128. Durante este recorrido obviamente existen varios puntos de pesca, entre ellos: El Helgue, La Curva de Juan, Arroyo Carabelas, desembocadura del Barca, El Merlo, boca de El Naranjo, boya 124 y frente al arroyo Camacho, sobre costa bonaerense.

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Como última posibilidad, aunque con menos probabilidades, son los denominados Pozos del Barca Grande, donde podemos dar con algunos. Si bien no es una pesca difícil, hay algunos factores que pueden alterar nuestro día en cuanto a cantidad de capturas.

El bagre de mar o mimoso toma su comida bien en el fondo del río, por lo cual, línea que no este bien fondeada, no va a pescar. Por esta cuestión la plomada cumple un papel fundamental en este tipo de pesca. La idea es mantener siempre la línea bien apoyada sobre el fondo y de vez en cuando hacerla “caminar”, siempre dejándola de la misma manera. ¿Por qué la importancia en el peso de la plomada?, porque si nos pasamos de peso la línea va a quedar anclada sin poder darle movimiento alguno, y si la plomada es liviana, jamás vamos a poder lograr pescar como corresponde.

Los equipos

El modo más efectivo de saber si estamos haciendo bien los deberes es arrojar nuestra línea un poquito alejada de la embarcación y esperar que el plomo toque el fondo, ahí largamos un par de metros de hilo y cerramos el pick up del reel. Inmediatamente después lo que debemos hacer es mover la línea con la punta de la caña para ver si la plomada sigue apoyada (en el fondo).

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Los equipos que acostumbramos a utilizar para este tipo de pesca son cañas de 2,10 a 2,40 metros con acción de punta y aptas para soportar y arrojar pesos de hasta 300 gramos. Aquí debemos aclarar que el tiro es solo un acompañamiento de la línea, sino la caña se nos rompería.

El reel debe ser mediano a grande, con una capacidad de carga de hasta 200 m, convenientemente de hilo multifilamento que a menos diámetro nos permitiría trabajar con plomos más livianos, llegando rápidamente a lo más profundo del río.

También es infalible el momento de la clavada, porque al haber tanta correntada en los lugares de pesca, con solo parar la caña vamos a poder clavar a nuestra presa. La línea es muy sencilla: una brazolada de nylon 0,50 mm atada en un anzuelo 5/0 de pata larga para poder presentar bien nuestra carnada. Este tipo de equipos sirve para pescar a favor de la correntada.

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La otra posibilidad es pescarlos contracorriente, y ahí deberíamos utilizar el reel cargado con nylon monofilamento 0,28 mm y una línea fija con una o dos brazoladas. El pique y la forma de pescar son muy diferentes una de otra, ya que si pescamos en favor de la correntada vamos a sentir los fuertes cabezazos del bagre del otro lado de la línea para buscar el momento adecuado para realizar la clavada. En cambio, si pescamos contracorriente, la línea va a quedar anclada y el pique se va a manifestar con un aflojón debido a que el pescado va a levantar la plomada y le va a ganar la fuerza de la corriente.

Las carnadas

Los engaños más utilizados son el calamar, anchoas, magrú, calamaretes y, en contadas ocasiones, pican con camarones. En esta salida nos juntamos con los amigos de siempre y elegimos relevar las cercanías a la boya 122 que se encuentra en la desembocadura del Correntoso. El mejor momento de pique se da durante la crecida de la marea, por lo cual tomamos una tabla y elegimos el horario para llegar justo a destino. Siempre tratamos de anclarnos sobre los veriles para que la línea pesque en la caída del lugar, para eso bajamos la velocidad de la embarcación y despacio dejamos caer el ancla hasta notar que hayamos quedado bien anclados. En ese momento comenzó la faena.

Encarnamos nuestros anzuelos con cuerpo de calamar y un par de tentáculos, y arrojamos las líneas para cada uno de los costados hasta sentir que el plomo fondeó. Una vez logrado esto comenzamos con el ritual de esta divertida pesca. En las primeras levantadas de líneas notamos que venía mucha suciedad del fondo pegada en el multi, pero que los anzuelos llegaban sin basura, cosa que

nos llamó la atención.

Los primeros piques fueron de especies menores, como ser moncholos y algunos bagres amarillos, hasta que una de las cañas propuso un pique diferente: un fuerte cabezazo, otro más y clavada certera del primer bagre de mar en nuestra lancha.

La alegría era compartida y tomamos conciencia que ya estaban en nuestras aguas y encima picaban. Realmente las capturas no fueron muchas en esta primera salida, pero quien nos quitaba la felicidad de haberlas obtenido.

Nota publicada en Edición 529 de Revista Weekend, ¡buscala en tu kiosco más cercano!

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Etiquetas: Bagre Pesca Mar Bagre De Mar Bagres Pesca Bagres Estuario Del Plata
Julio Pollero

Julio Pollero

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