Sábado 25 de septiembre de 2021
INFORMATIVO | 06-12-2018 23:10

Mayores descubrimientos sobre los ictiosaurios

Eran de sangre caliente, tenían grasa y coloración para camuflarse, según los científicos.


Un antiguo reptil marino similar a un delfín se parece a su pariente
lejano en más que en la apariencia, según un equipo internacional de
investigadores que incluye a científicos de la Universidad Estatal de
Carolina del Norte, Estados Unidos, y la Universidad Lund, de Suecia.
El análisis molecular y microestructural de un ictiososaurio
Stenopterygius del Jurásico (de hace 180 millones de años) revela
que estos animales probablemente eran de sangre caliente, tenían
grasa aislante y usaban su coloración como camuflaje de los
depredadores.

”Los ictiosaurios son interesantes porque tienen muchos rasgos en
común con los delfines pero no están relacionados en absoluto con
esos mamíferos que habitan en el mar”, explica la coautora de
investigación Mary Schweitzer, profesora de Ciencias Biológicas en la
Universidad Estatal de Carolina del Norte, que también trabaja en el
Museo de Ciencias Naturales de Carolina del Norte y es profesora
visitante en la Universidad de Lund.

”Tampoco estamos muy seguros de su biología. Tienen muchas
características en común con los reptiles marinos vivos como las
tortugas pero sabemos por el registro fósil que dieron a
luz, lo que se asocia con la sangre caliente. Este estudio revela
algunos de esos misterios biológicos”, añade.

El autor principal del artículo sobre este trabajo, Johan Lindgren,
profesor asociado de la Universidad de Lund en Suecia, reunió a un
equipo internacional para analizar un fósil de Stenopterygius de
aproximadamente 180 millones de años de la cantera Holzmaden en
Alemania. “Tanto el contorno del cuerpo como los restos de órganos
internos son claramente visibles -dice Lindgren-.
Sorprendentemente, el fósil está tan bien conservado que es posible
observar capas celulares individuales dentro de su piel”.

Los investigadores identificaron microestructuras de tipo celular que
contenían orgánulos de pigmento dentro de la piel del fósil, así como
rastros de un órgano interno que se cree que es el hígado. También
observaron material químicamente compatible con la grasa de los
vertebrados, que sólo se encuentra en animales capaces de mantener la
temperatura corporal independientemente de las condiciones
ambientales.

Lindgren envió muestras del fósil a colegas internacionales, incluido
Schweitzer. El equipo aplicó una variedad de técnicas analíticas de
alta resolución, que incluyen espectrometría de masas de iones
secundarios de tiempo de vuelo (ToF SIMS), espectrometría de masas de
iones secundarios a nanoescala (NanoSIMS), cromatografía de gases de
pirólisis/espectrometría de masas, así como análisis
inmunohistológico y diversas técnicas microscópicas.

Schweitzer y el asistente de investigación de la Universidad de
Carolina del Norte, Wenxia Zheng, extrajeron tejidos blandos de las
muestras y realizaron múltiples análisis inmunohistoquímicos de alta
resolución. “Desarrollamos un panel de anticuerpos que aplicamos a
todas las muestras, y vimos una unión diferencial, es decir, los
anticuerpos de una proteína en particular, como la queratina o la
hemoglobina, sólo se unieron a áreas específicas”, dice Schweitzer.

”Esto demuestra la especificidad de estos anticuerpos y es una fuerte
evidencia de que diferentes proteínas persisten en distintos tejidos.
No esperaría encontrar queratina en el hígado, por ejemplo, pero
esperaría hemoglobina. Y eso es lo que vimos en las respuestas de
estas muestras a diferentes anticuerpos y otras herramientas
químicas”, detalla.

Grasa subcutánea

El laboratorio de Lindgren también encontró evidencia química de
grasa subcutánea. “Esta es la primera evidencia química directa de
sangre caliente en un ictiosaurio, porque la grasa es una
característica de los animales de sangre caliente”, dice Schweitzer.

En conjunto, los hallazgos de los investigadores indican que el
Stenopterygius tenía una piel similar a la de una ballena y una
coloración parecida a la de muchos animales marinos vivos, oscuros en
la parte superior y más claros en la parte inferior, lo que
proporcionaría camuflaje frente a los depredadores, como
pterosaurios desde arriba o pliosaurios desde abajo.

”Tanto morfológicamente como químicamente encontramos que, aunque
los Stenopterygius se consdieran como reptiles, perdieron la piel
escamosa asociada con estos animales, tal como lo ha hecho la moderna
tortuga baula -dice Schweitzer-. Perder las escamas reduce la
resistencia y aumenta la maniobrabilidad bajo el agua”.
 

dpa

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