La estrategia se basa en la instalación de barreras eléctricas subacuáticas que generan corriente continua en el agua pero no electrocutan a los peces, sino que produce una sensación desagradable en ejemplares de gran tamaño, obligándolos a cambiar de rumbo. Foto: IA Chat GPT
La estrategia se basa en la instalación de barreras eléctricas subacuáticas que generan corriente continua en el agua pero no electrocutan a los peces, sino que produce una sensación desagradable en ejemplares de gran tamaño, obligándolos a cambiar de rumbo. Foto: Getty Images
Cómo los Estados Unidos usan electricidad en los ríos para detener a la carpa asiática
Una nueva respuesta tecnológica sin precedentes para contener a una de las especies invasoras más peligrosas en ese país. Barreras eléctricas sumergidas, sistemas de disuasión y soluciones innovadoras buscan proteger los Grandes Lagos, uno de los mayores reservorios de agua dulce del planeta.
Por Jorge Virgilio
Los Estados Unidos libran desde hace décadas una silenciosa pero crucial batalla ambiental. El enemigo no es visible a simple vista, pero su avance podría alterar de manera irreversible algunos de los ecosistemas de agua dulce más importantes del mundo. Se trata de la carpa asiática, una especie invasora que amenaza ríos, lagos y economías vinculadas a la pesca.
Ante este escenario, el país activó una respuesta tecnológica sin precedentes, según informó el Servicio de Pesca y Vida Silvestre de Estados Unidos (USFWS): la electrificación controlada de tramos estratégicos de varios ríos para frenar el avance del pez sin necesidad de eliminarlo.
Electricidad como barrera invisible
La estrategia se basa en la instalación de barreras eléctricas subacuáticas, especialmente en puntos clave como el Chicago Sanitary and Ship Canal, un corredor artificial que conecta la cuenca del río Mississippi con la del lago Michigan. El sistema, gestionado por el Cuerpo de Ingenieros del Ejército de Estados Unidos (USACE), genera corriente continua en el agua. Esta no electrocutan a los peces, sino que produce una sensación desagradable en ejemplares de gran tamaño, obligándolos a cambiar de rumbo. La intención es clara: contener, no erradicar. Las autoridades buscan ganar tiempo y evitar que la carpa asiática alcance los Grandes Lagos, donde su impacto sería devastador.
Una amenaza que viene de lejos
La carpa asiática no llegó por accidente. Fue introducida en Estados Unidos durante la década de 1970, principalmente en estados del sur, como parte de programas acuícolas destinados a mejorar la calidad del agua y controlar algas. El problema comenzó cuando los peces escaparon hacia el sistema del río Mississippi, iniciando una expansión acelerada y difícil de contener. Su capacidad reproductiva, su voracidad y su tamaño las convirtieron rápidamente en una amenaza para las especies nativas.
El mayor temor de los científicos y gestores ambientales es que la carpa asiática logre ingresar a los Grandes Lagos, una de las reservas de agua dulce más grandes del planeta.
Estos lagos sostienen ecosistemas únicos, pesca recreativa e industrial así como actividades turísticas y económicas clave. La llegada masiva de la carpa podría alterar la cadena alimentaria, desplazar especies nativas y generar impactos ecológicos y sociales a largo plazo.
Una estrategia múltiple
El “muro eléctrico” no actúa solo. Forma parte de una estrategia integral que se ha desarrollado durante años e incluye pantallas físicas en compuertas, barreras sonoras, sistemas de burbujas, monitoreo constante de poblaciones y capturas dirigidas. Además, se impulsa una iniciativa curiosa: el relanzamiento comercial de la carpa asiática como pescado gourmet bajo el nombre “Copi”, con el objetivo de fomentar su consumo y reducir su población de manera sostenible.
Según destacan las autoridades estadounidenses, estas medidas no son soluciones definitivas, sino herramientas de contención frente a un problema complejo y persistente. La experiencia demuestra que, una vez que una especie invasora se establece, erradicarla por completo es casi imposible. En este contexto, la combinación de ingeniería, biología y gestión ambiental se convierte en la mejor defensa para proteger ríos y lagos que son vitales no solo para Estados Unidos, sino para el equilibrio ecológico global.
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