Campaña de recolección en la Formación Chañares. Foto: CONICET/Gentileza investigadores.

Reconstrucción en vida de Shakajlura. Foto: CONICET/Lautaro Rodríguez Blanco

Piezas del cráneo de Shakajlura. Foto: CONICET/ R. Baridón.

HALLAZGO HISTORICO

Científicos argentinos descubren un milenario y gigantesco pariente de los cocodrilos

Los restos fósiles corresponden a un reptil que alcanzó los 6 metros de largo y tenía un cráneo de 60 centímetros. Habitó la actual región de Talampaya, y fue uno de los principales y más feroces depredadores del período Triásico, mucho tiempo antes de la aparición de los primeros dinosaurios carnívoros.

Un equipo de investigación del CONICET - integrado por expertos de La Plata, La Rioja y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA)-, acaba de protagonizar un impactante descubrimiento en la provincia de La Rioja. Se trata del hallazgo de un nuevo género y especie de paracrocodilomorfo: Shakajlura riojanensis, es decir, lagarto bendito de La Rioja”, un pariente lejano de los cocodrilos modernos que habitó la Tierra hace aproximadamente unos 237 millones de años atrás

El espécimen habitó en lo que actualmente es la Formación Chañares que está ubicada en el Parque Nacional Talampaya. Según explicaron los especialistas, en aquella época remota, las condiciones climáticas y geográficas eran completamente distintas a las de hoy, ya que el entorno riojano albergaba ecosistemas complejos en los que la competencia por sobrevivir era feroz. La preservación de estos restos en suelo riojano abre nuevas líneas de investigación local. El área protegida continúa consolidándose como un verdadero paraíso para la ciencia mundial.

Shakajlura riojanensis: largarto bendito de La Rioja

Los análisis preliminares determinaron que este reptil alcanzó los 6 metros de largo totales. Además, los especialistas lograron recuperar piezas clave, entre las cuales había un cráneo de 60 centímetros. Estas imponentes dimensiones corporales demuestran el enorme potencial físico que poseía el animal, en tanto que su estructura ósea estaba perfectamente adaptada para cazar presas de tamaños muy diversos.

Según los paleontólogos, el espécimen fue uno de los principales depredadores del Triásico. Su ferocidad y capacidades de caza lo posicionaron rápidamente en la cima de la región. El ecosistema terrestre estaba fuertemente dominado por este linaje de reptiles sumamente agresivos. Su presencia regulaba de manera directa las poblaciones de otras especies vegetales y animales, por lo que los investigadores destacaron la gran importancia de este eslabón en la cadena alimenticia prehistórica.

Por último, los especialistas destacaron que la existencia de este cazador cuyos restos óseos serán preparados próximamente para su exhibición en museos especializados, tuvo lugar mucho tiempo antes de los primeros y grandes dinosaurios carnívoros, lo que demuestra que estos parientes de los cocodrilos dominaron antes del auge jurásico. 

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