Cuando la Argentina fabricaba armas civiles. Foto: Weekend.

Cuando la Argentina fabricaba armas civiles. Foto: Weekend.

Cuando la Argentina fabricaba armas civiles. Foto: Weekend.

Cuando la Argentina fabricaba armas civiles. Foto: Weekend.

Cuando la Argentina fabricaba armas civiles. Foto: Weekend.

Cuando la Argentina fabricaba armas civiles. Foto: Weekend.

Cuando la Argentina fabricaba armas civiles

Carabinas .22 y escopetas monotiro siguen circulando por herencia, compra de usados o puro pragmatismo. Pero detrás de cada modelo hay una fábrica, una época y una idea de país industrial que hoy se entiende mejor mirando sus marcas. Cómo fue el mapa que todavìa aparece en el taller del armero. Por Francisco Fernández.

Hay un momento en la vida de un armero –sobre todo en el interior– en el que deja de ver armas y empieza a ver familias. Una carabina .22 que fue del abuelo, una monotiro que cuidó a un campo entero, un fusil usado comprado para tirar los fines de semana sin hipotecar el sueldo. Ese parque de armas largas civiles en la Argentina, tiene un dato que no es menor: fue fabricado acá. Y aunque muchas fábricas desaparecieron, sus productos siguen entrando al taller, pidiendo mantenimiento, un ajuste, una pieza reconstruida. Y contando, sin hablar, una historia industrial.

El enfoque de esta serie de tres notas mensuales parte de una idea concreta: la industria nacional armó (literalmente) a generaciones de cazadores y tiradores aficionados con diseños sencillos, confiables y reparables. La lista completa es larguísima, pero en esta oportunidad trabajaremos con las marcas y modelos más populares, los que suelen aparecer por herencia o por la posibilidad de comprar algo bueno en el mercado usado, por debajo de los valores dolarizados de lo importado.

HAFDASA: del automóvil al .45 y del .45 al .22

La Hispano Argentina Fábrica de Automóviles S.A. nació vinculada al mundo automotor. Hacia 1925, Carlos Ballester obtuvo licencia para representar Hispano-Suiza; luego la empresa derivó en producción de armas en Caballito. Su producto emblemático fue la pistola Ballester-Molina (.45 ACP), basada en el diseño Colt 1911 y destinada al Ejército Argentino. Se estima una producción de 80.000 a 90.000 unidades. La Ballester-Molina comenzó a producirse en 1938 y cesó en 1953.

La historia se pone más interesante cuando aparece el .22: HAFDASA produjo versiones en .22 LR orientadas al entrenamiento, incluso con soluciones técnicas particulares para simular retroceso. Y todavía más raro: la pistola HA .22 LR con doble puerto de expulsión y funcionamiento a cerrojo abierto. No es un dato pintoresco: habla de una industria que experimentaba, simplificaba procesos y pensaba en series civiles y de instrucción.

BERSA: de taller de barrio a mayor fabricante privado

Bersa es el caso más conocido y el más vigente. Fundada alrededor de 1958 por los italianos Benso Bonadimani, Ercole Montini y Savino Caselli en Ramos Mejía, pasó de fabricar piezas para otros a construir una identidad propia. Su primera pistola .22 LR (Modelo 60, luego 62) se inspiró en Beretta: Savino viajó a Brescia, se entusiasmó con un modelo .22, lo estudió y la empresa volcó esa ingeniería al mercado argentino.

Con el tiempo Bersa se diversificó: líneas de pistolas que fueron escalando desde el .22 al 9 mm, y una etapa en la que también produjo escopetas monotiro (calibres del 16 al 28). La marca logró algo difícil: prestigio local, exportación y presencia en el exigente mercado norteamericano. Su evolución es la de una empresa que pasó del tiro recreativo a competir en segmentos profesionales.

En 1989, Bersa lanzó su primera pistola en calibre 9 mm Parabellum, dirigida al mercado policial y militar, el Modelo 90. Alrededor de 1994 salió a la calle un nuevo proyecto llamado Thunder, que ofrecía dos modelos de pistolas, desde calibre .22LR hasta .380ACP, trabajando en el sistema blow-back (sin seguros de recámara), y también en calibre 9x19 mm, llamada Modelo 90, esta última con sistema locked-breech (recámara bloqueada).

En 1990, Bersa ganó un contrato para suministrar la nueva pistola que sería adoptada oficialmente por las Fuerzas Armadas Argentinas, reemplazando a la Browning Hi-Power M1935. Esta arma es la Bersa Thunder 9, una evolución del Modelo 90.

TALA y el ADN Woodsman, pistolas, carabinas y una pata olímpica

Talleres de Armas Livianas Argentinas (TALA) nació en Punta Alta, cerca de Bahía Blanca, y ocupó un lugar peculiar en el ecosistema nacional: productos .22 pensados para el usuario civil, con diseños basados en el Colt Woodsman. Las pistolas semiautomáticas, con varias longitudes de cañón, se vendieron bien y hasta tuvieron circulación fuera del país.

Y cuando aparece FUNDALUM, la historia sube de nivel: pistolas para tiro olímpico, con fama de excelencia. No es marketing: es la referencia recurrente en el ambiente por precisión y terminación. TALA no fue sólo una marca: fue una escuela de .22 argentino con aspiración deportiva.

VENTURINI:  Rubí, Rubí Extra y Golondrina

Venturini no puede ser apenas un párrafo. Fue propietaria de marcas que quedaron metidas en la memoria popular: Rubí, Rubí Extra, Bisonte y Golondrina. La empresa –fundada por Guerrino Venturini, inmigrante italiano– tuvo una etapa de enorme escala: entre 1965 y 1975 fabricó más de 4.000 armas por mes. Antes de las armas, hizo utensilios de cocina y, en 1955, cajas pedaleras para bicicletas. Después llegaron revólveres, escopetas, armas de aire y contratos de exportación. Cerró en 1982, con cerca de 200 trabajadores, en un contexto económico adverso. Esa curva (crecimiento, diversificación, exportación, cierre) es también la curva de un país.

ARMOTOR: comando y la pistola Zonda

Armotor S.A., fundada en enero de 1952, produjo carabinas Comando calibre .22 (modelos 59 y 61) y la pistola Zonda C22. La Zonda era prácticamente idéntica a los primeros modelos HA de HAFDASA, con funcionamiento a cerrojo abierto y un seguro que actuaba sobre el cargador. Incómoda, sí; interesante, también: evidencia cómo ciertas soluciones mecánicas se replicaban entre fabricantes.

Hay otras fábricas que merecen ser mencionadas, aunque la mayoría de ellas tuvo una producción a pequeña escala y una presencia corta en el mercado, como SACIAC Industria de Armas Pasper (Bagual), empresa ubicada cerca de la antigua estación de trenes del ferrocarril Roca, Avellaneda, que en las décadas de 1960 y 1970 lanzó al mercado un revólver de doble acción llamado Bagual, en calibre .22LR. El arma estaba hecha completamente de una aleación de zinc, aluminio, cobre y magnesio (ZAMAK). Actualmente no se recomienda su uso con munición moderna.

Este mapa de fábricas y proyectos no es un museo: es la explicación de por qué hoy todavía vemos estas armas en uso y en reparación. La segunda nota, el próximo mes, entrará en las marcas que más marcaron el terreno de carabinas .22 LR y escopetas, y la tercera se meterá en el banco del armero: modelos concretos y fallas recurrentes. Porque la historia, en este rubro, se lee en catálogos… y también en piezas gastadas.

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