Parque Nacional Los Cardones: la tierra de los cactus

A 50 km de Cachi, Salta, este paraje es un mundo árido de pinturas rupestres, restos fósiles y paisajes de más de 60 millones de años.

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Salimos desde Salta Capital rumbo a Cachi a las 10 de la mañana. Nos esperan 157 km de recorrido y unas tres horas de viaje, lo que nos da tiempo para ir aclimatándonos a los cambios de altura y para conectar con el paisaje de los famosos Valles Calchaquíes. A los pocos minutos de andar, pasamos por Cerrillos e inevitablemente la zamba La Cerrillana resuena en en la mente y la camioneta que nos lleva se hace eco acompañando la marcha con una radio folklórica. Es que Salta es música, baile y tradición. Por eso, hacia el mediodía, hacemos un alto en el paraje El Colte, muy cerca de Seclantás, pueblo conocido por ser la cuna del poncho salteño (a tal punto que de allí salió el pocho tejido que recibió el Papa Francisco).

 

En El Colte se encuentran los artesanos dedicados a hacer ponchos, mantas y ruanas tejidas con lana de oveja y de llama, así que caminamos la calle donde hombres y mujeres hilan y tejen, preparando la materia prima para sus futuras creaciones. “Para la mayoría de las prendas usamos tinturas naturales”, explican. Así, una ruana de un verde deslumbrante se logra mezclando chilca (planta de la zona) con yerba mate; un anaranjado que destella bajo el sol se consigue triturando zanahoria y un rojo para enamorarse es el producto de la bondad de la remolacha. Las texturas suaves y livianas hacen de estos tejidos un regalo ideal.

Aves y camélidos

Dentro de las 64.117 hectáreas del Parque Nacional Los Cardones conviven 5 ambientes y paisajes distintos: el pastizal de altura (a 3.200 metros sobre el nivel del mar); la Pre Puna, la Puna, Valles y Bolsones y el Alto Andino, donde casi no hay vegetación salvo la yareta, la llamada planta piedra porque eso es lo que parece.

En estos ambientes viven más de 150 especies de aves, siendo una de las más emblemáticas el carpintero de las rocas, llamado localmente yasto. En cuanto a las endémicas, es decir, especies que sólo existen aquí, podemos encontrar al gallito arena, a la bandurrita ocrácea y al churrín de ceja blanca. Por esto es que este parque es elegido por observadores de aves profesionales y aficionados. “El pepitero colorado no es endémico pero es la ‘figurita difícil’ e indicador de salud ambiental”, explica Roberto Canelo, guardaparque, mientras agrega que en la zona no hay vicuñas pero sí guanacos, cuya población viene creciendo desde 2006 gracias al sistemático trabajo realizado por la Administración de Parques Nacionales. “Hace 15 años teníamos que mirar las manadas con binoculares y hoy las tenemos muy cerca, lo cual indica que ya no se sienten amenazadas por el hombre porque no las persiguen”.

Los reyes del lugar

Pero más allá de la descripción de la biodiversidad en sí, todos aguardamos el momento de llegar al lugar mágico y emblemático que le da el nombre a esta área protegida que es el bosque de cardones, un valle del mil hectáreas donde hay alrededor de un millón (¡sí, un millón!) de estos cactus típicos de nuestro Norte. Aquí realizamos el circuito Secretos del Cardonal donde aprendimos, entre otras cosas, que lo que se vemos de un cardón hay que multiplicarlo por tres para saber lo que hay bajo tierra; es decir, si observamos un ejemplar de dos metros significa que hay otros seis subterráneos. “La Argentina es el segundo país en diversidad de cactáceas, con 339 especies diferentes –detalla Canelo–. A la vez, Salta es la provincia con más variedad y el parque nacional donde nos encontramos es la zona con mayor diversidad de cactáceas dentro de la provincia: tenemos 17 especies y una de ellas sólo se encuentra aquí, la Maihueniopsis, que es rastrera, pequeña y de color verde oscuro”.

De todas estas especies, la más característica, y que toda persona tiene en mente cuando piensa en cactus locales, es el cardón columnar, típico protagonista de las fotos del Norte argentino. El ejemplar más alto del parque llega a los 10 metros, aunque en promedio rondan los siete y, como toda cactácea, florecen a fines de la primavera (y un dato impactante: recién a los 50 años de vida dan su primera flor). Son plantas longevas, que pueden vivir 600 años, y los primeros 10 sólo crecen 20 centímetros.

Cae la tarde y luego de pasear entre cardones, visitamos sitios con pinturas rupestres y recorremos un valle amurallado con paredes coloradas, descubriendo un mundo de mágica naturaleza que hay que tomarse el tiempo para conocer. Ahora nos toca hacer un recorrido por la Ruta del Vino para llegar justo a la cena en Cachi, donde nos esperan con empanadas, chivo a la estaca y mazamorra.

Nota completa en Revista Weekend del mes agosto 2018 (edicion 551)

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