Piques de pejerreyes casi en la superficie

Playa Honda sigue brindando su riqueza ictícola con piezas que superan el kilo y que rápidamente se tientan con nuestros engaños con mojarras como carnada.

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A pesar de los castigos constantes que recibe, el Río de la Plata sigue demostrando que es uno de los pesqueros más grandes y mágicos de la Argentina. Siempre nos sorprende con calidad y cantidad de peces que son atacados constantemente con artes non sanctas, como las redes comerciales o efluentes contaminantes. Sin embargo, en todo momento, con una especie u otra, nos da la oportunidad de grandes ejemplares comestibles, siempre que los capturemos pasados los primeros 500 m a contar desde la costanera.

Este año, desde principio de temporada, se vienen dando pescas de pejerreyes en cantidad y calidad, que con el correr de los meses se van acentuando. Siempre tenemos la posibilidad de conseguir el pejerrey para la foto, ya que es algo normal obtener matungos que superen el kilo de peso en el gran estuario del Plata. El tema es saber dónde encontrarlos, porque el río más ancho del mundo tiene muchos lugares donde tentarlos y pescarlos. En este momento, por ejemplo, lo mejor de la temporada está en Playa Honda, un sitio superlativo sobre otros que también son frecuentes.

Un suelo complicado

El sector es muy amplio y cada   pescador le puede dar distintos márgenes de distancia a la cancha propiamente dicha, pero no se aleja de lo que es la parte central del río. La profundidad media del lugar ronda los 3 m y tiene un suelo muy arenoso que se mezcla con otros sectores. Allí vamos a encontrar barcos hundidos, bancos de arena, veriles y pozones, todos con condiciones de suelo diferente, con abundancia de conchillas, arcilla y algo de pedregullo. Para ir a pescar a esta zona tenemos que tener mucho cuidado y prestar atención a los accidentes naturales y a los peligros que fueron apareciendo por diferentes factores como el dragado del Canal Mitre, bancos de arena y refulados por construcciones.

Es importante contar con una embarcación equipada con todos los elementos de seguridad exigidos por Prefectura (ver nueva reglamentación en https://goo.gl/EFzBSA), a lo que se suma la condición personal para enfrentar climas adversos, orientación en caso de emergencia y todo lo referido a una buena navegación. En caso de no estar seguro o no tener todo lo exigido, se pueden contratar los servicios de los muy buenos guías que trabajan y frecuentan la zona.

Pasaban los días y mis amigos me pedían salir a río abierto para lograr los grandes trofeos que se obtienen en estos momentos. No les costó mucho convencerme, así que muy pronto con varios de ellos, y sus lanchas propias, nos pusimos de acuerdo para ir juntos en busca de una buena pesca de pejerreyes.

Invierno, al fin y al cabo

Todavía no había amanecido y ya estábamos tomando un rico café con leche antes de ir a Lange, la guardería donde guardamos nuestras embarcaciones. Con las primeras luces del día, las lanchas ya estaban listas para emprender la navegación en una jornada muy fría, con algo de bruma y poco viento.

Tratandose de este tipo de pesca, seleccionamos varios equipos de cañas telescópicas de entre 4 m y 4,50 m de largo, reeles frontales cargados con hilo multifilamento no muy grueso y un bolso lleno de líneas con boyas Criterio y Cribal en distintos formatos y colores. Algunos debían cargar nafta y otros comprar algunas bebidas, así que pusimos como punto de encuentro la boca del río Luján para navegar todos juntos. Como si fuera la pata y sus patitos, enfilamos en línea hacia nuestro destino, que previamente fue analizado entre todos con gran coincidencia.

Aclaramos esto porque cada pescador tiene su lugar preferido pero, a veces, hay que saber dejarse torcer el brazo. En este derrotero utilicé un viejo y tradicional camino hacia el pesquero: salimos por la boca del Luján y, una vez llegados a la Catedral de San Isidro, pusimos proa al sol, obviamente siempre teniendo en cuenta los peligros del refulado del Canal Mitre, lugar muy peligroso y sin marcar en su gran mayoría.

La navegación fue muy placentera en un río casi planchado que nos dejaba ver distintos accidentes, como el barco hundido Baldisera, la marca del veril en la Depresión del Palo 4, las boyas que señalan el barco hundido Ministro Ditomaso y, lamentablemente, varios cientos de metros de redes puestas por algunos comerciantes.

Una vez llegados a la zona, comenzamos a bajar las revoluciones para arribar con el menor ruido posible y preparar la cancha. Lo primero que hicimos fue tirar nuestra ancla de capa para determinar la velocidad de la deriva. Luego, algunos arrojamos ceba, y otros colocaron un dosificador para formar una calle engañosa mientras comenzábamos a preparar los equipos.

Cardumen de embarcaciones

Teníamos el sol de espaldas, por lo cual utilizar boyas claras no sería un impedimento. Igualmente fueron varios colores los elegidos: verde limón, naranja y algunas combinadas con negro. Sobre gustos, no hay nada escrito. El largo de brazoladas a utilizar sería de entre 15 y 30 cm, todos los anzuelos encarnados con una o dos mojarras prolijamente enhebradas.

Comenzamos la pesca arrojando la línea muy cerca de la embarcación para que se aleje lentamente, pero el primer pique cortó el avance. Un hermoso peje de unos 40 cm de largo salió lentamente, perpendicular a la línea, dejándose ver en la superficie. Detrás de ese pique se dio un doblete de pejerreyes de 50 cm que parecía que rompería la línea en mil pedazos. Así se fueron dando, pique tras pique, con portes realmente muy destacados.

Tras comunicarnos vía VHF con los compañeros de las otras embarcaciones, notamos que ellos no estaban teniendo la misma respuesta, por lo cual los llamamos para pescar todos juntos. Formamos un pequeño cardumen de lanchas sobre una profundidad de 3 o 4 m, y todos pudimos dar con una pesca destacada. Un instante después se levantó una pequeña brisa que agitó las aguas del río y mejoró la pesca aún más, regalándonos los mejores momentos con pejerreyes que superaron ampliamente el kilogramo de peso.

A todos los pescadores y especialmente a los amantes de la persecución del pejerrey, no dejen pasar la oportunidad que nos vuelve a brindar nuestro querido Río de la Plata: calidad y cantidad en momentos inigualables.

Nota completa en Revista Weekend del mes agosto 2018 (edicion 551)

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