Las ciudades fantasma que dejó la Unión Soviética

La caída de la URSS implicó fuertes cambios a lo largo de todo su territorio, donde muchas urbes fueron abandonadas por sus ciudadanos tras el colapso de sus actividades económicas.

La caída de la URSS tuvo muchas consecuencias a lo largo de todo su extenso territorio. Entre ellas, están las ciudades que no aguantaron el colapso y que al poco tiempo desaparecieron. Lo único que queda de ellas al día de hoy son sus edificios, que se imponen como un gigante esqueleto de concreto.

Muchas de estas urbes habían sido levantadas con mano de obra sacada de los gulag para acoger a trabajadores de las minas, personal de centrales nucleares o a los militares de bases secretas. Prosperaron mientras eran útiles, pero al caer el régimen soviético, sus precarias economías no resistieron. Hoy son villas fantasma, espectros del pasado.

Kadykchan. Esta urbe se puso en marcha en la década de 1930 por orden de Stalin. Su objetivo era explotar los recursos mineros de la zona para impulsar la industrialización de la Unión Soviética. Con el fin de sacar adelante el proyecto, se recurrió a prisioneros de los gulag. Según la BBC, a lo largo de 20 años pasaron por Kolyma (como se conoce a la comarca por el río que la atraviesa) casi un millón de prisioneros.

En 1992 la mina número 7 cerró por falta de reservas. Cuatro años después una explosión de metano arrasó el otro yacimiento, el número 10. En 1998 se dinamitó su entrada e inundó su pozo para evitar que accediesen residentes desesperados por extraer algo de este yacimiento ya moribundo.

Khalmer-Yu. Este pueblo creció impulsado por la minería de carbón de alta calidad. Sus reservas empezaron a explotarse a finales de la década de 1950 y se abandonaron 40 años después, a mediados de los 90. Hoy es un campo de pruebas militares para el ejército ruso.

Pyramiden. Toma su nombre de la montaña con forma piramidal que custodia la ciudad, en Noruega. Aunque hace décadas fue un asentamiento minero prácticamente autosuficiente, hoy es un vestigio polvoriento que evoca un pasado de esplendor. En 1998, en el asentamiento llegaron a vivir más de un millar de personas. Hoy es muy distinto: su padrón no suele pasar de la decena y media de vecinos, aunque la localidad ya se está convirtiendo en una atracción turística.

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