50 km de costa y una corvina negra de 9 kilos

Desde Punta Rasa a Mar de Ajó, recorrimos la costa para obtener como resultado una rica variada, además de una increíble sorpresa.

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Con ganas de nuevos desafíos y un clima inestable en diferentes ámbitos de la provincia de Buenos Aires, nos dispusimos a recorrer 96 km de costas para pesca desde la orilla y los muelles, comenzando en Punta Rasa con dirección a las playas del sur.

Llegamos a la Costa Atlántica tras la invitación de Diego Araujo quien, junto a su gran equipo de trabajo, nos acompañó a disfrutar esta nueva salida. Si bien es una etapa de transición de especies, producto del cambio de estaciones climáticas, obtuvimos una rica variada con ciertos ejemplares siempre deseados por los pescadores.

El punto de partida fue la localidad de San Bernardo, a 359 kilómetros de Capital Federal. Recorrimos la Autovía 2 hasta Dolores, allí tomamos el puente a mano derecha y, tras cruzarlo, continuamos nuestro camino por la Ruta 63. Desde este punto nos separaban 28 km hasta llegar a Esquina de Croto, donde comenzamos a transitar por la Ruta 11. En General Conesa, a través de una rotonda con carteles indicadores, doblamos en dirección a mano izquierda para llegar a nuestro destino. A fin de recuperar energías y cerrar una jornada de viaje –la idea era pescar a partir del día siguiente–, despedimos la noche con una confortable cena y un plácido descanso en un cómodo hotel de la ciudad.

Ahora, a lo nuestro

Temprano en la mañana, con niebla y una temperatura templada, partimos de San Bernardo con Diego Araujo, hasta San Clemente del Tuyú, para encontrarnos con Hugo Ponce y Leandro El Mostry Ponce, nuestro guía. Una vez que el equipo estuvo completo, nos dirigimos hacia Punta Rasa para dar comienzo a nuestra travesía de pesca costera. Tras atravesar varias playas, fuimos a parar a un lugar de buenas canaletas demarcadas por Leandro.

Para esta variada pesada utilizamos los siguientes equipos: cañas de acción media, de peso mediano, para lance de mar de 4,20 y 4,35 m; líneas tipo bait clip confeccionadas por nuestro guía, anzuelos 3/0 y 4/0, chicote 70/35; los reeles, tanto los frontales como los rotativos, estuvieron cargados con nylon del 0,25 y 0,28; y las plomadas fueron de 150 a 175 g con destrabe. Además, dispusimos nuestros anzuelos con diferentes cebos como anchoas, camarón, langostinos y calamaretis. Para evitar perderlos en el lanzamiento, fueron atados con hilo elástico.

Con una marea en creciente, lanzamos nuestros aparejos a diferentes distancias, para así probar en la primera, segunda y tercera canaleta. Las respuestas no se dieron de manera inmediata, lo que nos obligó a cambiar las carnadas cada 20 minutos aproximadamente, para evitar que se laven y pierdan su eficacia. Esto generó que nuestro entorno se llenara de gaviotas que, más los caracoles y cangrejos azules, dieran lugar a un curioso paisaje natural alrededor de los médanos.

Mientras me distraía entre mates y picada, me sorprendió un cabezazo en mi aparejo, que justo era el que estaba más lejos. Concretado el pique, que suponíamos era una corvina por el modo de hacer mover la caña, comencé a traer al pez hacia la orilla, que se deslizaba de un lado hacia el otro.  Grande fue la sorpresa cuando, en la cresta de una ola, se asomó el lomo de una corvina negra. Nos quedamos atónitos, ya que esta especie está fuera de época. Sin dudas fue una captura digna de celebrar, sin tener en cuenta su peso, que rondaba los nueve kilos.

También pejerrey escardón

Con una variada firme ya consolidada, nos dispusimos a sumar algún pejerrey a nuestras capturas. Para tratar de concretarlo preparamos un equipo compuesto por líneas de fondo de tres anzuelos N° 1/0, con plomos de 100 g con destrabes; cañas de 4,20 m, nylon del 0,30 y, de carnada, utilizamos camarón (sin cola ni cabeza) y filete de magrú cortado en tiras finas.

Iniciamos la pesca de flechas de plata y, de inmediato Hugo Ponce, desplegando sus dotes de gran pescador, sacó el primer pejerrey escardón de la tarde, que superó los 35 cm. Para no ser menos, al toque Diego Araujo arrimó a la costa otro ejemplar. Tras un par de piezas más en nuestro haber, fuimos poniendo fin a esta jornada de pesca a la luz del sol, ya pensando en continuar por la noche.

Rumbo a Mar del Ajó

Volvimos por el mismo camino para dirigirnos hacia Mar de Ajó, donde practicaríamos la pesca nocturna esperando la marea. En el muelle del Club de Pesca y Náutica local, con nuestros equipos de lance ya listos (los mismos que utilizamos en la tarde) y mientras la marea estaba en creciente, preparamos nuestros anzuelos con langostinos y anchoas, también atados con hilo elástico para asegurarlos. El primer lance lo efectuó Leandro desde el morro del muelle, que nos recomendó probar diferentes distancias para explorar las canaletas más rendidoras, ya que cuando la marea llegara a su máxima, era posible que encontráramos las especies cerca de esas zonas.

Mientras aguantábamos el frío, que se intensificaba cada vez más, apareció la primera raya en el aparejo de Leandro, una de muy buen porte. Los piques se incrementaron con varias piezas más de todos los tamaños. En este caso, la carnada que más rindió fue el langostino. Aun así, la noche nos deparó más sorpresas. Diego capturó la primera brótola, de muy buena medida, a la que le siguieron varias especies más; todas obtenidas desde los 80 a los 150 metros de distancia.

Después de haber soportado mucho viento y frío, dimos por culminada la jornada de pesca en horas de la madrugada. Recogimos todo y pegamos la vuelta para tomar un necesario descanso.

Para tener en cuenta

Los 96 km de costa están comprendidos por San Clemente, con buenas canaletas, profundas y a corta distancia, que brindan una muy buena variada; Las Toninas, Santa Teresita, Mar del Tuyú, Aguas Verdes, que se destacan por su tranquilidad y las canaletas profundas; el muelle de La Lucila del Mar y San Bernardo, que en creciente responden muy bien; y Nueva Atlantis. Además hay que destacar las playas de Villa Gesell y Pinamar, con un muelle muy recomendado para la pesca de pejerrey y variada, según las mareas. La costa en invierno es difícil pero paga bien.

Nota completa en Revista Weekend del mes agosto 2018 (edicion 551)

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