Vacaciones soñadas por Antillas y Caribe Sur

El crucero Monarch propone un viaje distinto: all inclusive, para toda la familia y fácil de planear. Sólo hay que embarcarse y dejarse llevar.

Por

El término vacaciones, plural de vacación, hace referencia a la suspensión temporal de una actividad diaria para descansar. Por contradictorio que parezca, muchas veces un viaje puede generar más cansancio que descanso. Elegir alojamiento, reservar excursiones, buscar lugares para comer o entender cómo moverse por una ciudad desconocida son algunas de las cuestiones que pueden empezar a agobiarnos antes de armar la valija. ¿Quién no fantaseó con unas vacaciones en las que no haya que preocuparse por absolutamente nada?

Lo más cercano a este sueño es embarcarse en el Monarch, crucero insignia de la empresa Pullmantur que, en un viaje de ocho días y siete noches, invita a descubrir los destinos más atractivos del sur del Caribe: Cartagena, Curazao, Bonaire y Aruba. Una práctica propuesta all inclusive en la que el pasajero no tendrá que preocuparse por nada, ni siquiera por llevar la billetera encima una vez embarcado. Ya sea por la organización, la atención o la comodidad, es difícil que no se sienta como en casa.
El embarque se puede hacer en Panamá o Cartagena, aunque la primera opción es la más recomendable porque Copa Airlines ofrece vuelos directos desde Buenos, Rosario, Córdoba y Mendoza. Si se llega con tiempo, se puede aprovechar la mañana para hacer un poco de shopping –los precios en indumentaria son muy atractivos–, recorrer el casco antiguo o visitar las esclusas de Agua Clara, la nueva extensión del Canal de Panamá, que se aprecia desde un cómodo mirador panorámico.
El Monarch zarpa desde el puerto de Colón –aproximadamente a 75 km de Panamá– pasadas las 15 horas. Ya a bordo, lo ideal es almorzar en el Buffet Panorama de la cubierta 11 que, gracias a sus paredes vidriadas, ofrece una hermosa vista mientras el crucero se aleja del continente y se adentra en las azuladas aguas del mar Caribe. Durante el resto del día uno puede ir descubriendo las completas instalaciones del barco o ir eligiendo la excursión para el día siguiente, cuando la embarcación amarre en Cartagena de Indias, Colombia.
Sin dudas, la Ciudad Amurallada es una de las urbes más encantadoras del mundo. Su colorida arquitectura colonial, cargada de historia y cultura, ha sido fundamento suficiente para que sea declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Aunque las actividades que se pueden hacer son varias, el principal atractivo está en su casco histórico, resguardado por cuatro kilómetros de murallas que datan del siglo XVI.

Una ciudad anclada en el tiempo

Sus calles transmiten energía y alegría a través de los colores de las fachadas, los balcones con plantas colgantes, los murales, la música caribeña y, por sobre todo, su gente que siempre recibe a los turistas con una sonrisa de oreja a oreja. En este ambiente que parece evocar el realismo mágico de Gabriel García Márquez, las paradas indispensables son la Plaza de San Pedro, la Aduana, la Catedral, el Palacio de la Gobernación, la estatua de Bolívar y el Palacio de la Inquisición, un museo en el que se describen los métodos de tortura utilizados siglos atrás para combatir a las supuestas brujas que, en general, eran mujeres infieles, fumadoras o que practicaban el tarot.
Otro de los grandes puntos de interés es el Fuerte de San Felipe de Barajas, el complejo militar más grande construido por los españoles en América. Por último, es indispensable visitar las Bóvedas, un paseo comercial ideal para comprar artesanías y productos locales. También se puede subir al muro y obtener una hermosa postal con el mar y la ciudad de fondo. Cartagena es ideal para recorrerla a pie y perderse por sus callejones y recovecos pero, si uno viaja en familia, también hay paseos en minibuses o en coches tirados por caballos.
La primera parada en las Antillas es en Curazao, una pequeña isla que asombra gracias a su capital, Willemstad. La ciudad cuenta con una particular arquitectura europea, en la que cada casa está pintada de un color diferente. Para muchos es una pequeña Amsterdam anclada en el Caribe. Entre los antiguos fuertes militares y las pintorescas viviendas, uno de los lugares más interesantes es el Museo Kura Hulanda, en el que se narra la cruda historia de la esclavitud en el mundo.

Frente a un mar cristalino

La playa es la gran protagonista del día con sus aguas cristalinas y su arena tan fina y suave que parece harina. Más allá de pasar una tarde en familia bajo las palmeras y el sol caribeño, también hay otras propuestas para los que buscan un poco más de emoción. Recorrer su costa en jet ski es divertido, excitante y fácil de hacer ya que no se necesita tener ninguna experiencia previa; y ni hablar si el paseo termina con una hora de snorkel sobre los restos de un barco hundido. Una actividad increíblemente relajante que da la oportunidad de contemplar la naturaleza en su estado más puro.
Sigue Bonaire, uno de los mejores lugares del mundo para practicar buceo. El snorkel es una actividad casi obligatoria gracias al agua transparente, los exóticos peces y los hermosos arrecifes de coral. La playa es otra de las sugerencias favoritas para disfrutar de la tarde, aunque la isla también ofrece paisajes únicos como el lago Goto, en el que habitan unos 20.000 flamencos, ave representativa del lugar. También vale la pena visitar Salt Flats, las salinas más populares de la zona. Un lugar único, ideal para retratarse entre las blancas montañas gigantes y los piletones de agua rosada.
Obviamente, el viaje no puede terminar sin el plato fuerte: Aruba, la meca para cualquiera que sólo anhele darse un chapuzón en el mar y relajarse tendido en la blanca arena. Con Palm Beach y Eagle Beach como sus playas emblema, las aguas cristalinas son idílicas, una pileta en el medio del océano, en la que uno puede ver cómo los peces pasan por debajo de las piernas. Para disfrutar mejor del agua, una de las propuestas más interesantes es hacer snuba, una versión simplificada del buceo, ideal para inexpertos.
Aún así, la isla cuenta con un variado abanico de hermosos paisajes. Si se busca un poco de emoción, no hay nada mejor que hacer un movidito tour en 4×4, en el que se visitarán las formaciones rocosas de Casibari, el puente natural menor y las ruinas del antiguo puente natural, construidos gracias a la erosión del viento y el mar; las ruinas de la mina de oro de Bushiribana y el faro California.

La vida a bordo

Mientras el crucero esté navegando, los pasajeros tendrán la oportunidad de disfrutar de todas las instalaciones del barco. A esto hay que sumarle la posibilidad de conocer nuevas personas, ya que uno de los grandes encantos del Monarch es que la lengua oficial es el español, lo que lo hace un barco ruidoso, en el buen sentido, pues predominan la tonada, la energía y la pasión latinas.
El otro encanto está en su tripulación, conformada por representantes de toda la región, como también de países tan disímiles como Ucrania, Filipinas, Túnez o Nueva Zelanda. Todos hablan castellano y siempre se muestran atentos frente a cualquier duda o necesidad; por algo Pullmantur ha ganado el Premio Excellence a la Mejor Tripulación en nueve ocasiones consecutivas.
En cada parada los atractivos parecen interminables. El Caribe es mucho más que playa y sol, para vivirlo sólo hay que subirse a bordo y dejarse llevar.

Nota completa en Revista Weekend del mes Mayo 2018 (edicion 549)

Temas en este artículo: , ,

Deja un comentario